En la Castillo Plaza las embarazadas tienen que “parirlo” todo

Reyna Carreño Miranda / Maracaibo, Zulia / [email protected]
Las pacientes deben conseguir una larga lista de insumos, pero también bolsas de basura, desinfectante y cloro, y hasta las hojas blancas para registrar su ingreso

(Fotos: José Nava / Reyna Carreño)

Traer un hijo al mundo en la Maternidad Doctor Armando Castillo Plaza de Maracaibo es un acto de valentía o tal vez representa la última esperanza para las embarazadas del Zulia. Lo cierto es que las pacientes tienen que “parirlo” todo.

La larga lista de requerimientos incluye desde insumos médicos hasta las bolsas para los desechos, cloro y desinfectante. Luego del parto o la cesárea, los familiares deben “carretear” con sábanas, ventiladores, botellones de agua y todo lo que la madre y el bebé utilizarán durante su estadía en el centro de salud.

Para colmo, las áreas de la “Castillo Plaza” lucen deterioradas. En la entrada de la improvisada área de emergencia un bote de aguas negras recibe a las parturientas y dentro del hospital solo abunda el calor, pues los acondicionadores de aire se dañaron hace meses.

La plaza frontal de la edificación permanece como un pequeño mercado donde se expende comida, ropa, insumos y hasta se ofrecen baños en alquiler. Todo, absolutamente todo cotizado a precio de dólar.

La lista de penurias

En la emergencia de la maternidad atienden consultas. Además de partos, cesáreas y legrados (en caso de abortos). Pegada al mostrador del puesto de enfermeras está la lista de insumos para casa caso.

Para un parto “normal”, las embarazadas deben llevar bata de paciente, tres pares de guantes estériles, champú umbilical, un cistoflo en caso de preeclampsia y tres inyectadoras. Además de adhesivo, alcohol, bolsas negras de basura, 10 hojas blancas, un litro de jabón, desinfectante y cloro, soluciones al 9% y gasas.

Si la embarazada amerita una cesárea la cosa se complica, porque debe conseguir un kit de laparotomía, que tiene un costo de entre 25 y 30 dólares. Además de todos los insumos adicionales para la intervención quirúrgica.

Redondeando cifras, en un parto se podría invertir entre 80 y 100 dólares y una cesárea rodaría los 150 dólares. Eso pidiéndole a Dios que no haya complicaciones.

Qué pasó con la inversión

Vale recordar que el 27 de marzo del 2011, el mismísimo Hugo Chávez reinauguró la Maternidad Armando Castillo Plaza, luego de efectuarle reparaciones a su estructura y equipamiento.

Las obras iniciaron el 27 de mayo de 2007 y culminaron el 20 de marzo de 2011. Los entes ejecutores fueron la Fundación de Edificaciones y Equipamiento Hospitalario (Fundeeh) y Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

  • Inversión total: Bs 161.228.567,10.
  • Infraestructura: Bs 89.875.533.
  • Equipamiento: Bs 71.353.034,10.
  • Incubadoras.
  • Equipos de ventilación mecánica.
  • Cuidados intensivos y rayos X.
  • Camas de hospitalización.
  • Lencería.
  • Monitores.
  • Ecógrafos.
  • Cunas para recién nacidos, entre otros.

 

Se puso especial énfasis en el área de emergencia, donde se construyó una sala de espera con salas sanitarias, televisor y aire acondicionado para los familiares de las pacientes.

Seis años después, a mediados de 2017, la emergencia de la maternidad, ubicada en la parte trasera del edificio, cerró sus puertas para unas supuestas reparaciones. Jamás se recuperó esa zona y ahora está totalmente abandonada.

La Castillo Plaza tiene casi cuatro años trabajando con las uñas. Con muy poco personal médico y de enfermería, sin insumos ni equipos necesarios para traer al mundo dignamente a las nuevas generaciones de zulianos.

Testimonios del mal servicio

Ana González de 26 años tiene un embarazo de siete meses y medio, cuenta que cerca de la media noche del domingo comenzó a sentirse mal. La joven reside con su familia en el sector El Marite. 

“Fui al Materno Infantil porque sentí malestares, pero me dijeron que allí no podían atenderme porque no había cupo, que fuera a otro lado”.

Acompañada de su pareja y una tía, Ana llegó a la Maternidad Castillo Plaza a las 3.30 de la madrugada. “Desde esa hora estamos aquí y nada que nos atienden. El vigilante nos dijo que debíamos esperar afuera”. Eran las 10:30 de la mañana.

Una situación similar vive Norma de 32 años, residente del Barrio Alberto Carnevalli al oeste de la ciudad. Ella va entrando al cuarto mes de embarazo y acudió a consulta.

Cuenta que hace dos años, cuando tuvo a su primer hijo, pasó por la misma situación descrita por Ana. “Vengo aquí porque es dónde medio pueden atender a uno, pero esto es muy pésimo. Tengo desde las 5.00 de la mañana solo para venir a una consulta prenatal”.

 

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