Sobriedad y sin celebraciones para la inauguración de Tokio 2020

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Al igual que en ocasiones anteriores, el secreto más absoluto rodea a este acto ya se han desvelado algunos detalles precisamente por culpa del coronavirus
Foto: Agencias.

En una ceremonia que perderá su alegre pomposidad por respeto a las víctimas del coronavirus, los atletas desfilarán el viernes en un estadio sin público y con pocas personalidades.

Con los estadios vacíos y los atletas y periodistas sin poder moverse libremente para que la pandemia no se propague aún más, en dos días se inauguran en Tokio los Juegos Olímpicos más raros de la historia, reseñó el portal ABC.

Pero hay cosas que no cambian, como la emoción que se espera de las competiciones y la expectación en torno a la ceremonia de inauguración, que empezará el viernes a las ocho de la tarde (una de la tarde, hora peninsular española).

Al igual que en ocasiones anteriores, el secreto más absoluto rodea a este acto. Pero ya se han desvelado algunos detalles precisamente por culpa del coronavirus, que ha obligado a replantear una ceremonia que, en condiciones normales, habría sido un espectacular alarde de masas. 

Sin público en los 68.000 asientos del Estadio Olímpico de Tokio, levantado sobre el que acogió los Juegos de 1964, la apertura de los Juegos será “sobria” y “sin celebraciones”.

Así lo ha revelado un veterano productor ejecutivo de estas galas y hoy consejero del Comité Organizador de Tokio, Marco Balich, en una entrevista con la agencia Reuters. “Será una ceremonia mucho más sobria, aunque con la belleza estética japonesa. Muy nipona pero en consonancia con el sentimiento de hoy, con la realidad”, anunció Balich, quien se encargó de organizar los actos de Río en 2016 y Turín en 2006.

No habrá coreografía

Como ya se esperaba, no habrá coreografías de masas para impedir contagios ni llamativas nubes de humo. En vez de regodearse en estos despliegues humanos y técnicos, “la ceremonia de apertura va a ser de algún modo única al centrarse solo en los atletas”, desganó Balich. Guiados por cientos de voluntarios, su desfile no congregará a más de 10.000 personas como otros años, ya que los atletas solo pueden entrar en la Villa Olímpica cinco días antes de competir y muchos de ellos no han volado todavía a Japón. 

Encabezados por la nadadora Mireia Belmonte y el piragüista Saúl Craviotto, que tienen cuatro medallas olímpicas cada uno, la delegación española saldrá en el puesto 88. En principio, están invitados todos los deportistas que ya han llegado a Tokio.

Sin público

En cambio, la presencia en las gradas se verá todavía más menguada. Tras la prohibición de espectadores en las gradas, los 10.000 invitados VIP que tenían previsto asistir se van a ver reducidos a apenas un millar. Y todos debidamente separados, al igual que los periodistas seleccionados para cubrir la ceremonia.

A la eliminación de invitados se ha sumado la baja voluntaria de importantes personalidades, como el presidente de Toyota, Akio Toyoda, y el consejero delegado de Panasonic, Yuki Kusumi. Aunque ambos son patrocinadores de los Juegos, han decidido distanciarse de ellos por el fuerte rechazo que hay en Japón a su celebración, ya que la mayoría teme que disparen el coronavirus y prefiere que se hubieran cancelado. 

Junto a ambos, faltarán otros magnates empresariales y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, cuyo viaje previsto a Tokio ha sido suspendido a última hora por las inoportunas declaraciones de un diplomático nipón.

El clima es tan sombrío que, según informa la agencia de noticias Kyodo, el propio Emperador Naruhito tratará de evitar la palabra 'celebración' cuando declare inaugurados los Juegos, y su esposa, la Emperatriz Masako, no acudirá a la ceremonia. 

Todo con tal de no expresar las muestras de júbilo habituales en estos actos para no herir los sentimientos de quienes sufren los efectos de la pandemia. De hecho, el Comité Olímpico Internacional (COI) quiere que estos Juegos sean un alivio contra la catástrofe del coronavirus.

Como en otras ediciones, uno de los secretos mejor guardados es el encendido del pebetero con la llama olímpica. Esta vez, es un misterio todavía mayor porque el Estadio de Tokio no tiene pebetero y, según la organización, será instalado expresamente para las ceremonias de inauguración y clausura. Pero no se sabe dónde. 

Tras la apertura de los Juegos, el pebetero será trasladado a la bahía de Tokio. Para que no contamine, su fuego será prendido con hidrógeno producido en Namie, una de las zonas más afectadas por el tsunami de 2011 y el accidente en la central nuclear de Fukushima 1. Desde hace años, Toyota viene financiando el desarrollo de un coche volador con el que sus ingenieros querían que se encendiera el pebetero olímpico. 

Pero, vista la retirada de anuncios de la marca automovilística para desligarse de los Juegos, es probable que dicho vehículo haya hecho honor a su nombre y 'volado' de la ceremonia. Con o sin él, hay cosas que ni siquiera el coronavirus puede cambiar, como la emoción de los Juegos y la expectación que generará el encendido de la llama olímpica.

 

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