Proyectarán Érase una vez en Venezuela: Congo Mirador en el Baralt

Nota de prensa / Maracaibo, Zulia / [email protected]
El documental será presentado este viernes a las 3.00 de la tarde, con entrada gratuita, por su directora Anabel Rodríguez en ocasión del 59 aniversario del Cine Club Universitario. Los asistentes podrán donar un medicamento para los pobladores de Congo Mirador
Foto: Twitter

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Este viernes 30 de abril, el Teatro Baralt realizará una proyección especial del documental Érase una vez en Venezuela: Congo Mirador, con la presencia de la directora Anabel Rodríguez, para celebrar el 59 aniversario del Cine Club Universitario de Maracaibo.

La película, ópera prima de su realizadora y que muestra parte de la historia del pueblo Congo Mirador, uno de los pueblos de agua del Zulia, ubicado en el municipio Catatumbo, se proyectará a las 3.00 de la tarde como parte de la campaña para colaborar con sus habitantes asentados en la población de Barranquitas, en el municipio Rosario de Perijá.

La entrada para ver la cinta que representó al país en la reciente edición 93 del Oscar es gratuita, aunque no fue preseleccionada, y quienes quieran contribuir pueden hacerlo con la donación de un medicamento.

“El cine nuestro es termómetro de la realidad social y su temperatura está muy bien reflejada en esta obra de Anabel Rodríguez, una joya cinematográfica bien contada con un hilo imperceptible entre lo local y lo universal, con una invitación para seguir mirando hacia adelante y reconocernos unos a otros con la esperanza de un mejor porvenir”, destaca Viviana Márquez, productora de eventos del Teatro Baralt y jefa del Departamento Audiovisual - Cine Club Universitario de Maracaibo.

Desde su vinculación con la Universidad del Zulia, a través del Festival Manuel Trujillo Durán, Anabel Rodríguez ha estrechado sus lazos con la institución, pero su relación con el Zulia surge en el año 2008 durante la producción del documental para televisión “Los venezolanos”, que formaba parte de una serie llamada “Los latinoamericanos”, audiovisual que explora la influencia de la extracción de petróleo en la cultura venezolana. 

Retrato de una realidad

A través de esta experiencia Anabel Rodríguez llegó al Congo Mirador. “Ahí empezamos a conocer a la gente y desde ese momento quedó una magia, una atracción hacia esa forma de vida tan singular que ellos tienen”, comenta la cineasta.

“Lo que más nos invitó a continuar eran las cosas que estaban pasando en el Congo, eran muy parecidas a lo que nos estaba pasando a nosotros con nuestras familias, nuestras comunidades y la sociedad”, prosigue.

Añade: “Estaban ocurriendo esos mismos fenómenos en un ambiente absolutamente singular y cinematográfico, porque es un mundo en sí mismo y además precioso, con una luz única muy especial, entonces así fue”.

Su intención inicial con Érase una vez en Venezuela era retratar la realidad de un pueblo de agua que comenzaba a sedimentarse y su necesidad de visibilizar el problema, recuerda Anabel Rodríguez.

“Había un punto de conexión emocional con todo lo que ellos estaban pasando, era lo mismo que vivimos todos nosotros: la polarización, el abandono del Estado, vivir las consecuencias de prácticas abusivas del poder. Lo que si varió fue la forma porque en un principio estábamos narrando esta historia, pero desde el punto de vista de los niños, prácticamente de cómo se veía la comunidad desde ese ángulo, esto cambió, pero en esencia la intención fue la misma desde un principio”, expone.

Al tiempo que comenzaba el éxodo masivo en Venezuela, de la misma manera estaba ocurriendo en el Congo Mirador, donde la sedimentación y otros conflictos del pueblo comenzaron a convertirse en un motivo de migración. “Sentíamos resonancia en todo lo que íbamos viviendo, en cómo eran las relaciones, fue ese nuestro motor e hilo conductor”, expresa.

En la cuna del cine nacional

Rodríguez manifiesta su satisfacción por proyectar Érase una vez en Venezuela” en el Teatro Baralt. Expresa que, desde el momento en el que comenzó el rodaje del documental, el equipo soñó con su proyección en este espacio por sentirlo la casa de su película. 

“Es el sueño mío, de las personas que participamos en la película, del equipo. Allí vamos a estar presentándola. Es un sueño muy grande que se va a hacer realidad”, comenta la realizadora.

El Teatro Baralt es el espacio en el que se escribió la primera página del cine nacional, fue esta institución la que albergó en sus primeros años al Cine Club Universitario de Maracaibo cuando dejó de ser un movimiento y pasó a formar parte de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia en los años 60, es en este templo del arte y la cultura donde se gestó la primera edición del Festival Manuel Trujillo Durán. 

Lejos de la polarización

Para Anabel Rodríguez y Viviana Márquez el cine es una herramienta fundamental para la enseñanza y la formación integral de ciudadanos, que brinda la oportunidad de establecer relación y conexión con el otro, que abre las puertas al debate de ideas distintas como un estímulo para el pensamiento, la crítica, la reflexión y la madurez social. 

Desde sus perspectivas, es el cine un medio para abandonar el espacio de la polarización que se convierte en un elemento de autodestrucción social que alimenta los totalitarismos.

El Teatro Baralt y el Departamento Audiovisual de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, sostienen desde sus inicios alianzas que consolidan la programación de ambas instituciones, con el objetivo de promover, difundir y estimular la producción cinematográfica como una herramienta para la reflexión y la formación de ciudadanos, sensibles y académicamente sólidos. 

En se sentido, Márquez concibe el cine como una expresión del arte capaz de contribuir significativamente en los procesos de transformación sociocultural, “a través de la democratización de la cultura y el arte, desde los espacios universitarios, físicos y virtuales, para el esparcimiento, la recreación, la reflexión y el pensamiento civilizatorio para una vida en sociedad”, declara.

En un contexto como el de Venezuela, mantener abierta una institución cultural es estar en consonancia con el país; es la prueba del compromiso de los gerentes culturales con la nación y de la consciencia que se tiene sobre el arte como un puente para la evolución social en los tiempos de mayor vicisitud. 

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