El Hospital Central de Maracaibo está bien dotado de carencias

Reyna Carreño Miranda / Maracaibo, Zulia / [email protected]
Como si fuera poco que los pacientes deben llevar todo lo que necesitan para su atención, muchos “marañeros” hacen fiesta con el dolor de los enfermos

(Fotos: Reyna Carreño)

En el hospital Central de Maracaibo hay muchas cosas. Falta de insumos, indolencia, malos olores, falta de agua y aseo en las diferentes áreas del centro de salud, poco personal médico y de enfermería, entre otras carencias.

Pero lo que más abunda en el hospital Dr. Urquinaona es el mal trato hacia pacientes y familiares, así como la presencia de “marañeros” que hacen hasta lo imposible por “vivir” del dolor de los enfermos y sus familiares.

Antes de proseguir quiero aclarar que este testimonio es propio. No me lo contaron, lo viví durante dos semanas como acompañante de una parturienta y de su bebé. Tiempo suficiente para evidenciar, no solo la situación personal, sino la de otros pacientes y sus familiares.

En principio, tal vez habría que dejar de lado la cuestión de que los pacientes deben llevar todos los insumos que necesitan para recibir atención, porque esta es una condición común que se presenta en todos los centros de salud de Maracaibo. Es casi “normal” o así lo asumió la gente.

Lo terrible es que en el caso de emergencias y partos complicados que implican sufrimiento fetal y riesgo para la madre y el niño las condiciones son iguales. 

Tal fue el caso de María Primera, de 24 años, a quien su bebé le evacuó dentro de la matriz y tuvo que esperar desde las 9.00 de la mañana que recibió el diagnostico hasta las 6.00 de la tarde, hora en que se produjo el nacimiento del pequeño a través de cesárea.

Esas nueve horas las pasó sentada en la emergencia, llorando de miedo y de dolor porque además tuvo contracciones y dilató hasta los ocho centímetros, mientras su familia logró conseguir los 120 dólares que costó la lista de insumos.

“No la puedo ingresar si le falta algo, porque después ¿cómo resolvemos?”, fue la explicación de la médica a cargo del caso. 

Y aunque los insumos llegaron completos a las 3.30 de la tarde, todavía tuvo que esperar más, porque otras parturientas que estaban en iguales condiciones desde la mañana, ya se había “empeorado” y necesitaron entrar primero a pabellón.

Malos olores y moscas

Las que paren “normal” se quedan unas 24 en el hospital. Si su evolución es óptima se van a casa con sus bebés, para desalojar las camas que se necesitan para el resto de las pacientes.

Pero María Primera se complicó, al igual que su bebé, y ambos se quedaron hospitalizados, con una estadía que para ella fue de una semana y para el niño de 12 días.

Pasar “a piso” es terrible, bajo las condiciones en que se encuentra el Central. En una habitación 16 pacientes, sus bebés, algunos acompañantes y un baño sin agua la mayor parte del día.

Por la habitación pululan las moscas y el mal olor se esparce por el pasillo. Así deben asearse y “hacer sus necesidades” las “paridas”, “cesariadas” y las que ingresaron por aborto o feto muerto.

En esa habitación permaneció 18 días María Segunda, una joven de 26 años, que tuvo su tercer bebé por cesárea. “La dieron de alta y se infectó porque le dejaron algo adentro. La abrieron otra vez y tuvieron que sacarle todo porque se pudrió”, cuenta su hermana.

A dos camas de ellas está María Tercera, de 24 años, a quien también se le infectó la cesárea y “tuvieron que abrirla y dejarle la herida así, sin coser, hasta que se le sane”, relata su acompañante, quien sale a llorar al pasillo cada vez que la curan, porque no soporta sus gritos de dolor.

La maraña en dosis

En medio de tanto caos y miseria surgen los “marañeros”. Esos que abordan a los pacientes con el cuento de que “yo te puedo ayudar, pero ya sabéis”. Y ese ya sabéis puede ser desde un kilo de arroz hasta dinero en efectivo.

Uno de los casos más evidentes es el del señor de bigotes que dice ser portero de emergencia y llamarse José. Cada vez que ve salir a alguien con un récipe para exámenes de laboratorio, aborda a la persona y le ofrece sus servicios.

“Yo también trabajo en un laboratorio aquí cerca. Le consigo los tubitos, la jeringa, llevo la muestra y le traigo los resultados”. Dicho esto, saca de su bolsillo una hoja de cuaderno donde está la “lista de precios” y dice “es tanto”.

Resulta que el laboratorio queda a dos cuadras del hospital y el recargo que le pone José es de entre tres y cinco dólares por examen. 

Cabe destacar que muchos acceden a contratar sus servicios, por desconocimiento o por comodidad, pero lo que le dicen que no, porque no tiene dinero suficiente o porque no les da la gana, reciben todo el peso de su ira.

Esto quiere decir que el fulano José acosa a los familiares por los pasillos y amenaza con sacarlos del hospital, porque “esas son las normas”.

El hombre del tubito

“Esas normas” que limitan la permanencia de personas dentro de las áreas del hospital, aplican solo para los “pendejos”. Ya que otros tienen acceso y hasta robos se han registrado dentro de la institución.

Tal es el caso de un hombre que apareció una mañana con un tubito para muestra de sangre en la mano. Estuvo toda la mañana deambulando entre el área de hospitalización y el laboratorio del hospital, intentando fraternizar con la gente.

Dijo que tenía una hija en el “retén” para recién nacidos y nadie lo puso en duda. Habló con muchos acompañantes, socializó y al final de la mañana se robó varios celulares y desapareció.

Si hay gente buena

Sin embargo, a pesar de las carencias y de las condiciones de trabajo tan caóticas, en el central todavía queda gente buena. Profesionales médicos, enfermeras y enfermeros, camilleros y aseadores que trabajan con mística y deseos de hacer el bien solo por vocación.

Gracias a ellos se sostiene el hospital Central de Maracaibo. Son pocos, pero su labor es tan importante que logra minimizar la terrible indolencia de quienes pueden solucionar y no lo hacen.

Quien se sienta aludido, para bien o para mal, que asuma su responsabilidad. Porque en el Central, como en otros centros de salud del estado, pocos tiene recursos, pocos tiene dinero, mucho menos donde escuchar un programa de radio o hacer una llamada para pedir ayuda. Ni a las 7.00 ni a cualquier otra hora del día.

 

¿Deseas recibir esta y otras noticias en tu celular? Únete a nuestro grupo de Telegram o WhatsApp a través de los siguientes enlaces: Telegram https://t.me/diariolaverdad y WhatsApp https://chat.whatsapp.com/LlCP9WvzykADQsCosavMVK. Además, sigue nuestro perfil en Instagram @diariolaverdad y en Facebook y Twitter @laverdadweb.

Más noticias

Comentarios
© 2017, Diario La Verdad. Maracaibo. Venezuela C.A. RIF J-30540623-5. Términos Legales. Contáctenos via: [email protected] , [email protected] o [email protected]
Desarrollado por Miguel Guadarrama