Sellos, cartas y correo son parte de la memoria histórica de Maracaibo

Marylee K. Blackman T. / Maracaibo, Zulia / [email protected]
El uso del servicio postal, la compra de estampillas y sellos postales dejó de ser parte de la vida cotidiana y hoy solo se recuerda con nostalgia esa época

(Foto: José Nava)

Aunque actualmente parece un esfuerzo sin importancia, dado que se tiene correos electrónicos, redes sociales y hasta mensajería instantánea a nivel global, los sellos postales permanecen como parte de la historia de Maracaibo.

“Hay una buena parte de esta generación que desconoce el uso y no sabe de la existencia de los sellos postales. Mucho menos de cómo funcionaba el sistema de correo tradicional”, apunta una persona consultada.

El uso del servicio postal, la compra de estampillas y sellos postales dejó de ser parte de la vida cotidiana y hoy solo se recuerda con nostalgia esa época que forma parte de la memoria histórica de la ciudad.

Los orígenes del correo postal se remontan a 1739 cuando Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador integraban el Virreinato de la Nueva Granada como colonia del imperio español.

La proliferación de las empresas privadas para envíos no solo significó la explotación de un mercado con oportunidades lucrativas, también se convirtió en un esquema de libre competencia. 

Esto causó un decrecimiento en el uso del correo tradicional para el envío de paquetes y encomiendas.

En Maracaibo se recuerda la oficina principal de Ipostel, que estaba ubicada en la calle 98 con avenida 2, El Milagro. El edificio Los Gemelos, conocido como la sede principal del servicio postal en la ciudad, fue construido en 1927 por la firma H.L Boulton en terrenos del antiguo Club del Lago.

En el permanecen las huellas de su larga trayectoria como ex sede de la Capitanía de Puertos, el Destacamento 35 de la Guardia Nacional y más recientemente del museo del Barro de América Roberto Guevara.

Ipostel no tiene quien le escriba

El estado físico actual de la sede de correos es una muestra de la situación en la que se encuentra esta dependencia oficial.

De lejos la estructura luce imponente, sobria y solemne pero de cerca las grietas del edificio y sus característicos puentes delatan los años de desgaste y falta de mantenimiento. 

En su estructura se evidencia la falta de atención hacia una importante necesidad que afecta la vida privada de los ciudadanos, el funcionamiento de empresas y hasta las instituciones públicas.

En las calles de la ciudad fue muy cotidiano ver al repartidor de correo, quien bajo el sol inclemente recorría a pie grandes distancias para cumplir con su labor.

Un día para recordar

El Día Mundial del Sello Postal se conmemora en honor a Heinrich Stephan personaje que organizó el sistema postal de Alemania y además fue el fundador de la Unión Postal Universal (UPU).

Sin embargo, la UPU en su momento logró estandarizar las reglas internacionales para el intercambio de cartas y paquetes en un tiempo récord, logrando que para finales del siglo XIX todos los países del mundo, excepto China, cumplieran con dichas normativas.

Lo que convirtió al correo en el mayor servicio de intercambio de información que tuvo la humanidad durante varias décadas, hasta la llegada de Internet.

En la actualidad casi nadie envía cartas o paquetes por medio del correo tradicional. Todos prefieren usar el mundo digital o comprar por Amazon o Alibaba, pero eso no quiere decir que los sellos postales estén en desuso.

Por el contrario, un sello postal puede llegar a valer miles de millones de dólares, todo dependiendo de su antigüedad, quién elaboró su arte y cuantas reproducciones de dicho sello existan en el mundo.

Un ejemplo de ello es el primer sello postal del mundo, el Penny Black de la Reina Victoria, que fue elaborado por un profesor llamado Rowland Hill.

Fue este personaje de nacionalidad británica quien se limitó a hacer un perfil de la reina con la palabra Postage en la parte superior y las palabras OnePenny (1 penique) en el margen inferior. 

Este diseño tan sencillo hoy en día está valorado en más de dos mil millones de dólares, una enorme fortuna si vemos cuales son las dimensiones y peso de esta pequeñísima obra, pero para un coleccionista tener este sello dentro de sus carpetas de ejemplares es una verdadera proeza que pueden legar a sus descendientes.

 

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