La educación online en Venezuela se desconecta de toda realidad

Trabajo Especial Alianza / Maracaibo, Zulia / [email protected]
Los gremios resaltan que “la educación a distancia no es para enseñar sino para aprender” y ese objetivo son se está logrando

(Foto: José Nava)

Las clases online en Venezuela no trascurren de manera efectiva y la mayoría de los padres siente que sus hijos no aprenden. Cada vez más los docentes abandonan sus puestos por devengar un salario que no les alcanza ni para pasajes.

La crisis que atraviesa el sector educativo tiene distintas aristas. Periodistas de seis medios de comunicación del país: Tal Cual (Caracas), La Nación (Táchira), La Verdad (Zulia), Correo del Caroní (Bolívar), El Impulso (Lara) y Yaracuy al Día, ofrecen una visión de la situación desde el sentir de sus protagonistas. 

Es una especie de clamor en conjunto que desnuda todos los problemas que hacen mella en un sistema de educación que, décadas atrás, era ejemplo de calidad en toda Latinoamérica.

Sueldos afectan la calidad de la educación

Quince días después de que el Gobierno inició, contra viento y marea, el año escolar 2020-2021, el reporte que manejó la Federación Unitaria del Magisterio de Venezuela (Fetramagisterio) es que la inasistencia de docentes a los planteles en varios estados se mantiene por encima de 95% en Caracas, mientras que la media en el país es de al menos 90%.

Gricelda Sánchez, secretaria de Contratación Colectiva y Reclamos del Sindicato Venezolano de Maestros del Distrito Capital, señala que ese porcentaje de docentes tampoco se sumó al inicio de clases desde una plataforma online, siendo una de las razones principales los bajos salarios. 

Las tablas salariales que se manejan en cuanto a docentes nacionales y sus distintos niveles son diversas. Sin embargo, la realidad es que el salario mensual que devenga un docente promedio se ubica en 3$ (Bs. 1.300.000) tomando como base el precio del dólar en 450 mil.

“Desde el gremio docente hemos construido un pliego de exigencias en el cual destacamos que se cumpla con 280% de aumento, deuda contraída por el régimen de Maduro desde 2018, la reapertura de los servicios funerarios, HCM y la dotación de los Ipasme”, afirma Sánchez.

Además agrega que exigen “reabrir la discusión del contrato colectivo vencido, en el que como gremio exigimos un piso salarial de 600 dólares”, agrega Sánchez.

El descontento gana terreno

Muchos docentes expresan tristeza y enojo, justo ahora en este inicio de clases. Tal es el caso de la profesora Ruiz, una tachirense quien tiene 17 años ejerciendo en una escuela de San Cristóbal.

“Yo gano dos millones 400 mil, con el bono de alimentación incluido, es decir, una quincena es de un millón y la otra es de un millón 400 mil bolívares”, explica con evidente descontento. 

Añadió que no tiene un celular inteligente para tener comunicación con los alumnos, no cuenta con un servicio de internet adecuado en su hogar para impartir clases online y mucho menos su salario da para pagar los datos a través de las operadoras telefónicas.

Ruiz fue enfática al decir que no volverá a la escuela donde labora hasta tanto no estén dadas las mínimas condiciones de bioseguridad, pues indicó que en su escuela falla el y por supuesto, la energía eléctrica. Además, su carro está estacionado sin gasolina desde hace más de tres meses. 

Más docentes abandonan sus puestos 

Gran parte de los docentes del estado Bolívar dejaron de ejercer su profesión para irse a los campamentos mineros del sur del estado. Otros se dedican al comercio informal.

De acuerdo con la secretaria general del Colegio de Profesores del municipio Caroní Aída González la deserción de maestros en Bolívar es casi de un 70%. “Lo lamentable de la situación es que cada día crecen las renuncias de maestros”.

Desde antes de la cuarentena, el plan de la Zona Educativa y directivos de las escuelas fue buscar a cualquier persona, educador o no, para asumir las vacantes de docentes. 

“Los maestros se rehúsan a ir a trabajar y saben que si los botan no pierden nada porque el sueldo no les alcanza ni para comprar ni tres artículos”, denunció.

Además añadió que en esa entidad un docente tipo VI devenga mensualmente Bs. 1.400.000, mientras que un maestro inicial tipo I, apenas Bs. 800.000 al mes.

Por su parte, el presidente del Sindicato Unitario del Magisterio Caroní-Piar (SUMA Caroní-Piar) Rafael González señala que las condiciones de la educación virtual en Venezuela solo desnudan el colapso del sistema educativo en el país. 

“Como están dadas las condiciones auguro un fracaso rotundo, y lo digo con pesar. Queremos dar clases, pero es evidente que no podemos. A los padres se los digo con sinceridad”, aseveró.

En Lara el escenario es similar

“Los problemas existen desde hace mucho tiempo, pero ahora es peor. Antes de la pandemia dábamos las clases y todo lo que se pedía para el desarrollo del año escolar dependía económicamente de nosotros”, expresó una de las coordinadoras de docentes de una institución pública en Lara. 

Añadió que conoce la realidad de muchos docentes que “el único ingreso que reciben es el que ganan aquí y por eso están migrando a otros oficios: planchar cabellos, limpiar en casas ajenas y trabajar en el comercio”.

En esa crisis económica están todos, desde los profesores nuevos hasta los más experimentados. “Es difícil exigirles cuando están haciendo tanto por seguir viniendo. Porque hasta yo misma, como coordinadora de docentes, he pensado en no volver más”.

También refirió que “ni me imagino cómo va a ser cuando nos manden a regresar a las aulas de manera obligatoria. Creo que habrá muy pocos profesores en las escuelas”.

Cuando uno lo piensa, es mejor quedarse en la casa haciendo cualquier cosa que ir a las clases por tan poca paga y con tantos problemas”, expresó.

“No hay condiciones para clases virtuales”

El secretario general de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), Orlando Alzuru, es enfático al aclarar que los maestros no se niegan a trabajar, sino que “el Gobierno no crea las condiciones necesarias”. 

El dirigente sindical cita la investigación El venezolano en medio de la pandemia por coronavirus, hecha por la FVM, para señalar que 98% de las 602 personas encuestadas manifestó que la modalidad a distancia en la que se finalizó el año escolar 2019-2020 fue de regular a mala.

Es decir que solo 2% de los estudiantes asimiló el contenido en este tipo de educación. Para el docente esta es una modalidad excluyente.

Por otra parte, apunta que 94% de la muestra manifestó no tener capacitación digital para asumir el programa. El líder sindical duda que el modelo a distancia funcione en el país, pues a la carestía de aparatos tecnológicos se suma el problema de la energía eléctrica. 

En este sentido, cuestiona cómo será el proceso en los estados donde “la luz se va por días o en los sectores rurales donde no saben qué es tener internet”.

Explica que una de las principales cosas que debe entenderse es que “la educación a distancia no es para enseñar sino para aprender”, pues es el estudiante quien se esfuerza para adquirir los conocimientos mientras que el docente se convierte en un facilitador.

“Creemos que es una estafa a la educación porque esos niños están siendo promovidos sin adquirir las competencias. No queremos pensar qué vamos a tener en el país en 10 o 15 años y qué generación conducirá el destino de la nación”, alerta.

Una tarea difícil para los zulianos

Pedro transita el camino de regreso del trabajo a su casa con una idea en mente: lograr que su hijo de siete años cumpla con los deberes escolares asignados para ese día.

Son las 6:00 de la tarde, con premura aprieta el paso, pero son ocho los kilómetros que desanda a diario para retornar a su hogar. La idea es llegar antes de que “quiten la luz”.

Su condición de padre soltero le pone otro grado de dificultad a la tarea. En la casa, Pedrito se queda con su abuela, una doña de 74 años quien a duras penas logra encenderle el televisor y tomarle una fotografía “como si estuviera escuchando la clase”.

El resto lo hace Pedro cuando puede. Si logra llegar a su casa en horario de luz solar o cuando hay servicio eléctrico, es posible que Pedrito le “dé la lección” y pueda corregirle las caligrafías, pero la mayoría de las veces no es así.

El “potecito” que tiene por teléfono no lo ayuda, pero lo que gana como asistente de hornero en una panadería al sur de Maracaibo no le alcanza para mucho. Por eso no hay manera de que participe en el “grupo de guasá”.

“El niño pasó para segundo, pero casi no aprendió nada en primero. No es fácil, porque la luz se va en la mañana y no puede ver el programa (clase televisada). En la noche tampoco hay luz y entonces ¿cómo hacemos las tareas?”.

La frase, más que una pregunta es un lamento, una resignación ante la certeza de que Pedrito es muy poco lo que aprende, porque realmente cuando falta casi todo, una casa no es la escuela.

Si falta todo no hay educación que valga

Yamileth tiene 14 años y no pudo terminar la educación básica. Su escuela ya pasaba penurias antes de la cuarentena, ahora con eso del “virus” la ranchería donde vive está  olvidada para el mundo.

El hogar de Yamileth y sus seis hermanos está en una zona del municipio Mara donde no hay agua ni electricidad, mucho menos televisión o señal de teléfono.

La escuela rural a donde asistían cerró desde marzo y los maestros, quienes viven en el mismo municipio indígena, se pusieron a sembrar yuca, plátano y cebolla para tener algo que comer. 

 “Ya el año escolar 2019-2020 se perdió”, exclama Yoleida, una de las maestras de la escuela básica a la que asiste Yamileth. “Habrá que esperar a ver qué pasa de aquí a diciembre. Lo más seguro es que este año se pierda también”, manifestó.

Son tres realidades que suceden en simultáneo en un estado asediado por las fallas en el servicio eléctrico, la deficiencia de señal telefónica y de Internet, y la necesidad de tomar decisiones sobre qué es prioridad en estos momentos.

Sesenta docentes una misma realidad

Se consultaron 60 docentes de cinco estados de país sobre aspectos que inciden en el normal desenvolvimiento de sus actividades, ahora online a efectos de la pandemia.

  • 61% de los docentes consultados no cuenta con un teléfono inteligente para una comunicación fluida con sus alumnos 
  • 96,6% señaló no disponer de un servicio de internet adecuado para impartir clases online
  • 98,3% no tiene recursos para pagar el alto costo de los datos móviles de las operadoras telefónicas privadas
  • 1.250.000  bolívares en promedio es lo que gana un docente en una institución pública en Venezuela. Esto no alcanza ni para un kilo de carne 

 

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