“El encierro y el maltrato psicológico son peor que la Covid-19”

Lenys Moreno / Maracaibo, Zulia / [email protected]
Zuliana aislada en un hotel durante 54 días cuenta los horrores del encierro que le causó depresión y un trauma por el que aún no duerme

(Fotos: José Nava)

Era jueves. Rina y su esposo salieron de su casa en Maracaibo sin imaginarse que no volverían, sino hasta 54 días después. Lo que empezó ese día se tradujo en una travesía que los hizo vivir en carne propia “lo peor que se puede pasar”.

Fueron aislados en un hotel de la ciudad. No podían negarse ante las autoridades de salud y la policía. Por decreto nacional, es obligatorio. Es que dieron positivo a la Covid-19.

“Fuimos al ambulatorio a tramitar para las pruebas rápidas en nuestra comunidad. Debíamos hacerlo porque somos parte del Consejo Comunal. Cuando nos hicieron la prueba, salimos positivos”, relata. 

“El médico cubano nos dijo de una vez que nos apartáramos del resto”, cuenta ella, quien ya había sufrido varios días con fiebre y dolor cabeza. Últimamente, había perdido el olfato, pero ya se sentía bien”.

De una vez, los llevaron en un “bus azul” al Hotel Aeropuerto. No iban solos, con ellos estaban otras 11 personas que también dieron positivo. “A los que se acercaban a preguntar por sus familiares, también se los llevaban obligados, decían que también podían tener el virus”, comenta.

“En el bus, yo iba llorando. Tenía miedo por dejar solos a mis hijos y también porque no sabía qué me esperaba en el refugio”.

En el hotel los recibieron unas personas con “traje de astronauta”. La escena parecía de película. Les dieron una charla y les garantizaron que solo eran 14 días aislados. Allí comenzaron los 32 días que ella misma describe como “lo peor”.

“Esto es peor que la enfermedad”

“Estar en un refugio es lo peor que se puede pasar. Primero, por la mala alimentación. Segundo, el encierro. Tercero, hay maltrato porque los médicos son los que deciden si sales o no, si le caes bien es más fácil que salgas. Si no, te mandan a hacer las pruebas una y otra vez”, asegura.

En el lugar había gente que tenía más de 40 días. “Salían negativos, pero les mandaban a hacer más pruebas y los enviaban a otros refugios”, cuenta en entrevista a La Verdad.

“La comida era muy poquita. Dos arepitas pequeñas con un poquito de huevo y agua. El almuerzo también era poco. Una vez nos dieron una pasta con carne dañada, nadie comió”. 

Rina estaba preocupada por su esposo, porque es diabético y requiere una alimentación especial. “No daban comida para él, ni para ninguna de las personas que tenían otras enfermedades y que no podían comer igual que los demás”, reveló.

Algunos se escaparon

Día a día era lo mismo. La oración era el arma de ambos para enfrentar cada salida del sol. Conversaban con las demás personas aisladas en el hotel, muchos de ellos por semanas esperando resultados de pruebas. Los mismos pacientes lavaban su ropa y aseaban sus cuartos.

“Hubo un día que los ‘connacionales’ se alzaron porque había quienes tenían hasta más de 40 días y no les daban resultados. Una de ellas agarró sus cosas para irse. Le dije a mi esposo, este es tu momento salir”, relató Rina.

El hombre ya había salido negativo, pero no tenía autorización para ir a su casa. Sin embargo, se enfrentó a la doctora de guardia, tomó sus cosas y se fue. Ahora solo quedaba ella.

Falta de tratamiento y de derechos humanos

A los 32 días enviaron a Rina al Hospital Chiquinquirá de Maracaibo. Los médicos quedaron alarmados por qué en más de un mes no le habían administrado tratamiento alguno.

El médico ordenó enseguida que le aplicaran cloroquina y vitaminas. Rina ya no tenía síntomas, pero seguía siendo positiva a la Covid-19.

“Me sentí violentada en mis derechos humanos, porque no nos escuchaban, no nos oían”.

En el hospital no mejoró la alimentación. “Allí tuve mejor atención. Pero la comida era poca y una semana estuvimos dos días sin comer. Gracias a Dios, mi familia me llevó alimentos y yo compartía con los que no tenían nada”.

El desayuno lo daban a las 11.00 de la mañana y a la 1.00 de la tarde el almuerzo. “Un domingo nos dieron de cena la mandoca de la mañana. No pudimos comerla porque estaba muy dura”.

El maltrato psicológico es una tortura

Hoy, ya en su casa, con una baja notoria de peso y demacrada, porque aún le cuesta dormir, Rina testifica que “el maltrato psicológico es peor que tener Covid-19”. 

Estuvo 22 días en el Hospital Chiquinquirá. “El encierro afecta demasiado. Ya estaba deprimida. En ningún momento pude dormir. En el hospital pasaba la madrugada orando a Dios para que rompiera todas esas cadenas, para poder ser libre e irme a mi casa”, afirmó.

Con horror contó que “había un muchacho que tenia 92 días aislado. Una vez lo consiguieron dándose golpes en la cabeza contra la pared. La doctora dijo que había que darlo de alta porque ya él no podía más”.

El joven en todas las pruebas salía positivo. “La doctora decía que había que dejarlo salir, porque con la depresión por el encierro, las defensas no le daban para curarse del virus”.

Resalta el maltrato de algunos miembros del personal. “Había una coordinadora que se llama Judith. Es joven, pero muy dura con nosotros. Decía que quien no diera negativo, no se iba a su casa. Por más que le hablábamos, no nos atendía”.

A los 49 días se fue en llanto con la doctora que la atendía. Le rogó para que la dejara irse a su casa y el día al fin llegó. El 17 de agosto, salieron todos juntos.

“Ellos tenían tres meses y medio aislados. Al salir del hospital, lo primero que sentí fue la sensación de libertad. Todavía no puedo dormir. Tengo pesadillas, sueño con el hospital, con el hotel, con las pruebas. Esto fue algo muy duro”.

 

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