Familia zuliana separada por la pandemia en tres países

Julio Gutiérrez / Maracaibo, Zulia / [email protected]
La madre viajó en enero a Uruguay a visitar a su hijo mayor y al nacimiento de la primera nieta. El padre a Costa Rica por trabajo en febrero. Sus dos hijos menores permanecen en San José de Perijá, en Zulia. La Covid-19 les mantiene alejados

(Foto: Cortesía)

Desde hace seis meses, la familia Petit-Díaz permanece separada entre Uruguay, Costa Rica y San José de Perijá, en el estado Zulia, de donde es oriunda, a causa de la pandemia de Covid-19.

Sus cinco integrantes llevan 24 semanas acortando los miles de kilómetros que los distancian a través videollamadas y mensajes diarios desde sus teléfonos celulares.

Todos en medio del confinamiento, aunque en el país suramericano y en el centroamericano no aplicaron cuarentena obligatoria como en en Venezuela.

María Dorania Díaz, de 50 años, viajó el 16 de enero, vía aérea Bogotá-Lima, a Montevideo. De allí se trasladó vía terrestre a la ciudad de Progreso, en el sur de Uruguay, a 30 minutos de la capital.

A escasas horas de su llegada, nació Amelia, su primera nieta, el principal motivo de su viaje, además de reencontrarse con Ricardo, su hijo mayor, de 29 años.

No lo veía desde hacía cuatro años, cuando el joven ingeniero decidió emigrar al país suramericano en busca de un mejor futuro.

El boleto de regreso de la feliz abuela tenía fecha 27 de marzo. Por primera vez, la ama de casa se separaba por largo tiempo de su esposo y sus tres hijos.

Unos 37 días después, el 22 de febrero, Joaquín Petit, de 52 años, asesor y administrador ganadero, viajó vía aérea desde Bogotá, a San José, la capital del país centroamericano.

De allí se trasladó en vehículo hasta San Rafael de Guatuso, en el norte de Costa Rica, a donde viaja dos veces al año, permaneciendo durante un mes en la finca ganadera que atiende.

Se regresaría el 18 de marzo. Ya estaba acostumbrado a distanciarse de su familia. Suma 12 años viajando a Costa Rica.

Sin poder regresar

Pero, 14 días antes de la vuelta de María Dorania a su terruño, justo el 13 de marzo, Uruguay detectó los primeros cuatro casos de coronavirus. 

El presidente Luis Lacalle declaró la emergencia sanitaria y exhortó a la población a quedarse en sus casas. Después anunció la suspensión de vuelos.

Unos 12 días antes de la partida de Joaquín para Venezuela, exactamente el 6 de marzo, se confirmó el primer caso en Costa Rica, y el primero en Centroamérica.

Y el 16 de marzo, con 41 casos confirmados, el gobierno de Carlos Alvarado Quesada declaró el estado de Emergencia Nacional, instó a los ciudadanos a quedarse en casa y les pidió cancelar sus posibles viajes a fuera del país.

Tanto María Dorania como Joaquín se pusieron las manos en la cabeza. “¿Y ahora? ¿Cómo y cuándo regresamos? ¿Cuándo nos reencontraremos con la familia?”.

Sus hijos Héctor y José Joaquín, de 27 y 20 años, en San José de Perijá, también se sorprendieron con la imposibilidad de sus padres de volver en las fechas esperadas.

 

Ricardo también, aunque pensó que podía tener más tiempo para compartir con su madre y ella con su hija. 

"Ya tiene siete meses con nosotros y está loca por irse, lo único bueno de la pandemia seguir disfrutando de mami", publicó hace un mes en su cuenta en Instagram.

Tristes por la separación

“Con mis hijos y mi esposo me comunicó a diario por videollamadas y mensajes, pero cuando terminamos de hablar se me salen las lágrimas. Me pongo a llorar. Es muy fuerte estar lejos de mi familia, y de mi mamá”, cuenta María Dorania.

Confiesa que a veces se pone triste también “porque voy a dejar ahora a mi hermosa nieta, a quien he disfrutado tanto, y a mi hijo, a quien también he disfrutado durante estos ocho meses”.

“He conocido a la familia de Daniela, la esposa de mi hijo, de aquí de Progreso, que me ha tratado como si me conocieran de toda la vida”, añade.

Para Joaquín, “ha sido una gran experiencia, porque estaba mentalizado para un mes” y ya suma casi siete, según narra.

“Quedarme tanto tiempo ha sido muy triste, sé que es muy difícil para los dos hijos que están allá, sin su madre y debido a la situación que vivimos en Venezuela”, expresa.

Para Héctor, "ha sido algo difícil, primeramente porque nunca habíamos estado tanto tiempo separados de papi y mami, y ellos son el motor de la casa y de nuestra vida. Nos ha tocado llevar toda las cosas de la casa y algunas cosa de la hacienda, ya que todas esas cosas la llevaban ellos".

Pero ve el lado bueno de "tomar responsabilidades que aún no tomábamos, y a pesar que siempre hemos tenido comunicación, nunca será igual, porque uno necesita del afecto y, por otro lado, también le doy gracias a Dios, a la Virgen y a José Gregorio Hernández, por ponernos a personas que han estado con nosotros en estos ocho meses, porque nunca hemos estado solos".

"Nunca pensé estar tanto tiempo separado de ellos, por eso durante la pandemia he pesando mucho en que hay que disfrutar de los padres en todo momento porque no sabes que te espera el mañana. Tener que levantarse y no sentir la presencia de ellos, tener que pasar esas fechas conmemorativas, como el Día del Padre, el Día de la Madre,y el cumpleaños sin ellos, que son fechas que uno quiere estar en familia, sobre todo en mi caso que soy demasiado familiar", reflexiona.

María Dorania y Joaquín permanecen en Uruguay y en Costa Rica a la espera de la reanudación de los vuelos en los tres países para volver prontamente a su terruño y reencontrarse, y también con sus descendientes menores.

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