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El venezolano debe aprender a amar a miles de kilómetros

Marvelis Campo Crespo / Maracaibo / diariolaverdadweb@gmail.com
Nadie habla de las rupturas amorosas, los compromisos desechados y de tantas parejas que viven con su media naranja a distancia

(Foto: cortesía)

La situación país, como suele llamarse por los venezolanos, se incrementó a mediados del 2015, cuando el 80 % de los emigrantes es joven. Es el pan de cada día de las familias venezolanas al tener que ver marchar a un miembro del hogar.  

La diáspora se vive a causa de una crisis económica y general que afecta a todos los ciudadanos, sin definir estatus social; situación que genera la separación familiar: hijos lejos de sus padres, parejas separadas y en otros casos pérdidas físicas. 

El comisionado de la Organización de Estados Americanos (OEA) para los migrantes y refugiados de Venezuela, David Smolansky, aseguró el 20 de diciembre del 2019 que hasta la fecha más de cuatro millones de venezolanos salieron del país.

Ahora bien, el emigrante no se va para convertirse en rico o a vivir momentos placenteros, si bien es cierto que la situación económica se logra establecer a mejor calidad de vida, también es cierto que otros pasan trabajos o peor aún pierden la vida en busca de un mejor futuro. 

Sin embargo, nadie habla de las rupturas amorosas, planes olvidados, proyectos no concretados, compromisos desechados y de tantas parejas que viven con su media naranja a distancia. 

Encuestas no reflejan cuánto dolor puede generar el tener que separarse o dar por terminada una relación amorosa a causa de un período crítico que atraviesa Venezuela.    

La Verdad para el Día de los Enamorados quiso realizar un trabajo con distintas parejas que, a causa de la situación, buscaron irse a tierras lejanas. Algunas se fueron juntas y otras separadas de su compañero de vida.    

El amor todo lo soporta 

Yosimar Zambrano Moreno, de 25 años de edad, licenciada en Enfermería, terminó sus estudios en el 2016, primero que su pareja Wilson Noguera Vera, con quien tenía cinco años de relación para ese momento.

Noguera estudiaba el V semestre de Ingeniería Industrial en la Universidad Santiago Mariño. 

La joven, como toda persona profesional en busca de ofertas de trabajo y oportunidades, escuchó la voz de una tía, quien vive en Colombia. Esta le decía que viajara al hermano país, que ella le tendría un trabajo. Yosimar decidió viajar en octubre del 2016 a Colombia, con el apoyo de su pareja, mientras se organizaban para volverse a unir.

En diciembre del mismo año regresó Yosimar a Venezuela, pero solo a disfrutar de los días de fiesta y retornó a Colombia para conservar su trabajo. 

Al paso de los meses, Wilson Noguera recibió la misma oportunidad de su novia, por parte de un primo, quien lo invitó a emigrar, pero a tierras más lejanas de donde se encontraba su amor, pues se fue a Chile. 

Ambos se apoyaron en un principio con la esperanza de volver a estar juntos, para cuando él se estabilizara en Chile. Sin embargo, no todo fue perfecto y a Yosimar le tocó enfrentar el proceso de renovar el pasaporte venezolano, pero no lo logró.    

Este fue su mayor impedimento para emigrar, todo la alejaba de su amor. Al pasar el tiempo y en una lucha constante con el proceso del trámite del pasaporte las cosas cambiaron.

"Nos resignamos a que todo debía terminar. Decidí buscar otra pareja aquí, pero cuando uno ama de verdad, nunca olvida. Las cosas con aquella persona no se dieron bien y no logramos concretar una relación formal, al pasar el tiempo y ver que nada marchaba, decidí terminar con la muchacha", precisó Wilson.

Noguera, luego de ocho meses de haber concluido la relación con Yosimar, decidió volver a tener comunicación con ella, quien al igual que él tampoco lo había dejado de querer. 

Se dice que "lo que es del cura va a la iglesia", este sería el refrán más apropiado para definir lo que siempre fue amor. 

Hoy en día, luego de tres años separados y con la única comunicación que poseen todos los amores a distancia: el señor teléfono. Con sus videollamadas, mensajes de voz, textos y emojis, el amor logró ganar, ellos decidieron volverse a unir y continuar sus proyectos de matrimonio. 

Yosimar consiguió el pasaporte por medio de su nacionalidad colombiana, con el que logró entrar a Chile, país en el que tiene dos meses viviendo en compañía de su amor, dándole paso a todo lo que Dios les tiene preparado a ambos. 

 

El amor todo lo sufre 

Yanetzi Lara, de 31 años de edad, profesional en Administración Banca y Seguros y Alexander Arteaga, de 35 años de edad, periodista, quienes tenían dos años de relación que marchó siempre bien, con buena comprensión, comunicación y mucho respeto.

Tenían como proyecto formalizar su noviazgo y dar el paso más importante para quienes están enamorados, consagrar su unión en el altar y recibir para toda la vida la bendición de Dios, para ser una sola persona. La fecha de la boda sería el 22 de diciembre del 2018.   

Todo iba bien hasta que Yanetzi Lara terminó su carrera y comenzó a buscar ofertas de trabajo para comerse el mundo con su profesión, posibilidades que en Venezuela no logró conseguir, por tal motivo decidió emigrar. 

"Ella no definía a que país irse, no concretaba algo seguro, me habló de varios países, hasta que decidió irse a Perú, porque un primo le propuso la idea", señaló Arteaga. 

Alexander expresó que ella "se iría primero, luego me iría yo. Tenía que terminar mi carrera, tenía muchos proyectos que compartía con ella y en lo personal aún me faltaban cosas por culminar, no podía irme así tan fácil".

Esta relación como todas las que pasan por la fase de convivir a distancia, prosiguió bien. Lograban hablar todo el día y contarse las cosas que le sucedían a ambos, cuanto se extrañaban y todo lo que juntos podían lograr. 

Sin embargo, cada uno compartía metas que eran distintas para querer sentirse realizado, las oportunidades para desarrollarse cada uno en lo profesional eran con miles de kilómetros de diferencia. 

"La distancia crea más distancia, siempre pasa factura. Al tiempo pasamos a tener poca comunicación y poco interés. Cada uno fue priorizando sus intereses, pero todo se dio por vencido cuando ella me dijo que no iba a volver a Venezuela, que en sus sueños estaba viajar a Canadá y radicarse allá", comentó el joven. 

Arteaga siempre tuvo en mente que viajaría para reunirse con quien iba a ser su esposa, pero nunca dio por olvidado a Venezuela. En sus planes estaba ir a probar suerte, conocer, crecer un poco más como persona y en el ámbito laboral, pero siempre con deseos de volver a su país natal.  

"Es cierto que distintas parejas, aún y con ideas opuestas, buscan luchar para estar juntos, pero en nuestro caso era una decisión fuerte, era dejar todo lo mío, mis estudios, trabajo, proyectos y familia", enfatizó Arteaga.       

"Las peleas se hicieron constantes, el respeto se perdió, no compartíamos los mismos sueños, no tenía sentido seguir. Decidimos dar por terminada la relación, fue ella quien dio el paso de finalizar con todo".  

"Sé que no te vas a venir, tu priorizaste tus decisiones allá", fueron las palabras de Lara, para justificar el final de la relación. 

Alexander Arteaga confiesa haber sufrido por la ruptura de su relación, la cual define como un amor sincero mientras duró, vivieron momentos bonitos y entre sus planes el más importante era contraer matrimonio.  

Asegura que mantiene una relación amistosa con su expareja en buenos términos. Sin embargo, no deja de sentir duda ¿de cómo sería si la llegara a ver en persona?, piensa que por teléfono todo puede fluir normal. "Tenerla en frente después de haberme imaginado una vida junto a ella, puede que me haga quebrantar", dijo Alexander.  

Aun y con todos los sentimientos que se puedan volver a renacer al verse de nuevo, duda que vuelvan a unirse. "Nos hicimos daño, hubo dolor, fue un proyecto que no logramos concretar y al romperse fracturó el alma, es casi igual al dolor de perder un ser querido. Comenzar de nuevo, es casi imposible, no puedes vivir como si no hubieses pasado por ese sufrir". 

El amor todo lo espera 

Ámbar Matute y Diego Quijano, ambos de 21 años de edad, se conocieron en el colegio y estudiaron juntos desde sexto grado. Luego de ser buenos amigos terminaron enamorados. 

Matute confiesa entre risas que desde ese momento siempre fueron algo, "con él me di mi primer beso cuando tenía 13 añitos".     

"Empezamos a salir en el segundo lapso de quinto año de bachillerato. Nos hicimos novios el 17 de abril de 2015 y desde ese momento estamos juntos, próximos a cumplir cinco años de relación", dijo Ámbar. 

Pero nada es tan perfecto siempre hay altas y bajas, a ellos al igual que a otras parejas les tocó separarse. Ámbar y Diego hacen florecer la llama del amor a través del amigo teléfono, la distancia los separa. 

La joven Matute para mediados de diciembre del 2018 viajó a Estados Unidos sin intenciones de quedarse, se fue sola, ella asegura que solo iba de visita y terminó quedándose. 

"En el país los problemas con la electricidad estaban peor y se me abrieron puertas acá, las cuales no podía rechazar. Ahora planeo estudiar y graduarme aquí en Psicología".

Los jóvenes tienen un año sin verse, pero la confianza es la amiga fiel de ellos, les permite tener el corazón unido más allá de los kilómetros que los separan, continúan apoyándose en todo. Ámbar expresa que no es fácil, al pasar los meses se hace más difícil. 

La pareja representa lo que es un amor a distancia, más allá de los obstáculos, de los sueños separados y de cualquier problema ella sigue luchando por su amor y cree estar pronto con Diego. 

"Hablamos siempre, uno que otro día por videollamada, nos hacemos planes a futuro. Por ahora vamos a estar visitándonos, el viene y yo voy, hasta que ambos logremos finiquitar nuestros proyectos y unirnos", expresó Ámbar Matute.   

El amor nunca deja de ser 

Manuel Sánchez, funcionario del CICPC y Carmen Crespo, licenciada en Comunicación Social, comenzaron su relación desde el 2008 cuando ambos estudiaban bachillerato. El joven finalizaba para ese momento su quinto año mientras ella apenas comenzaba el primer año de bachillerato. Ambos eran jóvenes para formalizar una relación ante sus padres. 

Continuaron con su relación como novios a escondidas, al pasar los años lograron la aceptación de los padres de la joven.  Pasaron aproximadamente tres años de novios escondidos. 

Entre el pasar de los años su relación creció, ya construían planes y compartían sueños juntos. En el 2016 Crespo se graduó y decidió irse por una temporada a República Dominicana, siempre con la aceptación de sus padres y quien era su novio desde hacía ocho años, Manuel. 

"Compré el boleto dos meses antes de la fecha, recuerdo que fue el 28 de mayo de 2017, él nunca creyó que me iba a ir, pero al ver el boleto confirmó que mi decisión ya estaba tomada. Nunca pensé quedarme por mucho tiempo, siempre supe que sería algo temporal", admitió Crespo en entrevista con La Verdad. 

Asegura que siempre se vio casada y formalizando un hogar con Manuel. Ella quería conocer otras tierras y avanzar, por lo que el viaje no iba a cancelarse. Lo que ella no imaginaba era que Manuel planeaba asegurar su futuro aunque ella se fuera a otro país. 

"El 18 de junio de 2017, recuerdo que era el Día de los Padres, Manuel reunió a mi familia y la de él para pedirme compromiso, sin dudarlo dije que sí, fue un día muy emocionante. Mi viaje era el 5 de julio, ya me faltaban días para irme". 

La pareja de ocho años de relación se separó con todo y compromiso en puerta. Crespo se fue asegurando que para diciembre volvería, solo pasaría menos de seis meses lejos de quien es su amor.      

"Hablábamos siempre que ambos estuviéramos libres, nos pasábamos fotos, nos contábamos todo y hablábamos de nuestra boda, de cómo la íbamos a querer. No fue fácil estar cinco meses separados, confieso que hubo problemas y días que pasábamos bravos, pero nunca nada que no superara", aclaró la joven. 

Ella regresó como lo prometió en diciembre y continuaron con su vida y sus proyectos. La joven oriunda de Maracaibo, al llegar a Caracas, quien la esperaba era Manuel, siempre la esperó y apoyó en todas sus decisiones. 

Esta pareja, incluso en la distancia, con sueños que en sus momentos podían no ser iguales, ante toda situación país, ante cualquier barrera, ante rumores y mal comentarios triunfó el amor y el 18 de agosto de 2018 lograron decir sí ante el altar, ya con 10 años de noviazgo.  

La emigración es uno de los procesos más difíciles que atraviesa Venezuela desde mediados del 2015, que genera tanto dolor entre las familias, sueños rotos, hogares desunidos y matrimonios o noviazgos culminados.

Podemos ver que con miles de problemas hay amores que sí triunfan, que todo consiste entre cuánta importancia, respeto y tolerancia puedan tener.  

¿Y por qué San Valentín?

En Venezuela se celebra el Día de los Enamorados cada 14 de febrero, como símbolo de expresar el amor y cariño que las amistades y parejas sienten. 

También es denominado como un día comercial, por las ventas masivas de peluches, chocolates, rosas, perfumes, joyas, salidas románticas, reservaciones, entre tantas cosas que reflejan el significado del amor y la amistad. 

Pues resulta que tras este día, hay un trasfondo y es la historia de San Valentín, este día se celebra basado en la vida de un santo.  

Valentín es un mártir de Roma del siglo III, vivía bajo el reino de Claudio II, para aquel momento el matrimonio estaba totalmente prohibido porque para el emperador "los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras". Sin embargo, Valentín casaba a parejas de enamorados por doquier. 

Al enterarse de esto las autoridades lo mandaron a apresar. Valentín llegó al lugar hablando de la grandeza del señor, y el amor que profesaba y nunca dejó de recalcarlo.  

Asterius, quien era el encargado de encarcelarlo, tenía una hija llamada Julia, la cual era ciega de nacimiento, y decide retar a Valentín diciéndole: "Pues si es cierto que Cristo es la luz verdadera, te ofrezco la ocasión de que lo pruebes; devuelve en su nombre la luz a los ojos de mi hija, que desde hace dos años están sumidos en las tinieblas, y entonces yo seré también cristiano". 

Ocurrió el milagro y él, junto a toda su familia se convirtió y se bautizó en la religión católica.

El emperador, ciertamente se vio afectado por este milagro, pero por miedo a que el pueblo pensara que él era también cristiano, decretó la muerte a Valentín en la vía Flaminia, falleciendo este como mártir y muriendo siempre profesando el amor de Cristo.

Por tal motivo es decretado el Día de San Valentín, quien representa el símbolo del amor por dos razones: primero, se sacrificó como mártir por Dios, nunca lo negó, esta es la prueba de amor más grande que existe en la religión católica. 

Y segundo, era muy querido por todos, sobre todo por la cantidad de matrimonios que unió y bendijo.

 "Que viva el amor y los que aman de verdad".  

 

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