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La crisis alimentaria se “cocina” en los cuarteles (I)

Francisco Rincón / Maracaibo / noticias@laverdad.com
Los “defensores de la patria” manejaron los hilos de la producción, distribución, almacenamiento y control de la comida. El general Rafael Oropeza, presidente de la Corporación Venezolana Agraria (CVA) en el 2003, fue el primer ministro de Alimentación que nombró el fallecido presidente Chávez

El general Oropeza fue el primer militar de seis que presidieron la cartera de alimentación. (Foto: Archivo)

La “Venezuela Saudita” conoce de hambre. Pero la post, también. Los “problemas” en materia de alimentación no son recientes y la desnutrición no distingue “víctimas” en la “cuarta República” y “mucho menos en la quinta”. Mientras que los venezolanos hacían largas colas para comprar los productos, ingerían una o dos comidas al día, no conseguían los alimentos, dejaban de adquirirlos, “sufrían” depresiones al ver la nevera “con agua y luz” o se “desplomaban” al observar cómo sus hijos mueren desnutridos “sin poder hacer nada”, de los cuarteles de la “patria” salían los hombres que “garantizan la alimentación de calidad y barata a todos”.

La historia contemporánea del país demuestra que los de traje "oliva" asumieron puestos preponderantes en el “sector estratégico” a partir del 2004 con la creación del Ministerio de Alimentación por parte del expresidente Chávez. Esta decisión fue tomada tras los supuestos “ataques de la derecha” a partir del 2002 que “cerró comercios de alimentos, supermercados e industrias agroalimentarias” para “tratar de rendirnos por hambre”, según el mandatario.

Con alarde de su invención, Hugo Chávez recordaba en 2012 que “en ese tiempo su gobierno no tenía ni una bodega y la burguesía monopolizaba todo el proceso alimentario. Botaron la comida, se negaron a llevar ganado al proceso de beneficio y pararon las plantas de harina de maíz precocidad”, sentenciaba. 

Arribo castrense 

Luego del “éxito” de la Misión Mercal, que arrancó en abril de 2003 y “llegaba a nueve millones de venezolanos al mes”, el ministerio recién establecido, necesitaba que alguien se ocupase de él. En “defensa de la seguridad alimentaria”, fue designado el general Rafael Oropeza, entonces presidente de la Corporación Venezolana Agraria (CVA), como su primer titular, que de acuerdo a las palabras del “máximo líder de la revolución”, “todo lo que hizo hasta el momento era solo el preludio de lo que vamos hacer, que será garantizar la alimentación para todo el pueblo”.

Con cientos de promesas, dinero, planes de trabajo y maniobras, iniciaba una nueva etapa en la nación petrolera que veía cómo los destinos de la producción, distribución, almacenamiento, control, exportación e importación estarían dirigidos por las “tropas”.

A partir de aquel momento, se “fortaleció” la Misión Alimentación, que vio nacer a la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (PDVAL), red de Abastos Bicentenario, tras una expropiación, Gran Misión Alimentación, Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), Fundaproal, Centro de Almacenes Congelados, La Casa, Industrias Diana, Sunagro, Empresa de Almacenes Nacionales, Venalcasa, Lácteos Los Andes, entre muchas otras. 

Todo queda entre amigos 

En un período comprendido entre 2004 y hasta la fecha, Venezuela tuvo siete ministros de alimentación, de los cuales seis son militares y tres repitieron en el cargo en diferentes años. Repartir “millones” de toneladas de alimentos y múltiples reconocimientos de organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), por los logros alcanzados en materia nutricional, “no palearon” el hambre “ni disminuyeron las muertes por desnutrición” en el territorio nacional, pese a manejar presupuestos multimillonarios en 13 años. 

Mientras la “crisis” arreciaba paulatinamente y el “populismo” defendía su gestión, los escándalos de corrupción salpicaban a los ministros y a su personal, al mismo tiempo que recaían sobre ellos de denuncias, debido a que empresas absorbidas por el Estado se encontraban “quebradas”, el desabastecimiento era “notorio”, se encontraron miles de toneladas de alimentos podridos en container, se realizaron importaciones con sobreprecio adquiridas con dólares preferenciales y a las personas se les marcaba el brazo con marcador para comprar en el supermercado. Paralelamente, otros comían de la basura.  

Sin el pan 

Marianella Herrera, directora del Observatorio Venezolano de la Salud, explica que en el país “siempre” existió problemas en cuanto a la alimentación y a pesar de “algunos avance importantes”, el déficit nutricional “es el pan de cada día”. La profesora de la UCV resalta que durante el período 2007 y 2009, Venezuela vivió a una situación “compleja”, puesto que se enfrentaba a los problemas de obesidad sin haber erradicado la desnutrición. “La personas ingerían alimentos baratos y ricos en calorías, pero el hambre hacía de las suyas. Todo estaba enmascarado por la gordura que era visible, aunque en el fondo la salud se venía a pique porque los nutrientes no estaban presentes”.

El flagelo, según la especialista, fue notorio hasta 2012, mutó a partir de ese momento. Luego empezó a ser “notoria” la escasez de productos que se profundizó, mientras la inflación crecía “sin control”, se sumó el desempleo y factores sociales que “promovieron” el hambre oculta. “Hay un proceso evidente de desnutrición e inseguridad alimentaria que se manifiesta porque la familia no puede adquirir los alimentos sea porque no están disponibles o no tienen dinero”.

La ausencia de otros elementos como las bombonas, privan a los venezolanos de alimentarse “adecuadamente” y desde 2011 se reporta una disminución en el consumo de caraotas para ahorrar gas. La cadena de mando fue cambiando de manos, mientras los resultados “eran similares”. Vendría lo vaticinado por Chávez, para algunos, lo “peor”. 

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