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“Mami y papi nos dejaron botados”

Mariela Nava / Maracaibo / mnava@laverdad.com
El menor de los hermanos Ibarra tiene una hernia testicular y otro perdió la vista de un ojo. Hace más de un mes que no se bañan con jabón. La madre dejó abandonados a sus nueve hijos a su suerte por irse a Colombia. Hace seis meses su padre también los dejó 

La familia ha pasado dos días sin comer absolutamente nada. (Foto: José Gil)

Tirados en el suelo de lo que alguna vez fue la promesa de: “Una vivienda digna”, ahí pasan los días descalzos, desnudos y hambrientos. Mientras el llanto, a causa de “la quemazón en la barriga”, es incontenible. Para los siete hermanos, Ibarra no tiene explicación, solo repiten: “Mami y papi sí son malos, nos dejaron botados”. Esa es la realidad que viven los niños de esta patria, que dentro de los barrios del oeste no es tan “bonita” como la pinta el Gobierno revolucionario, por el contrario es “amarga y muy fregada”.

Hace seis meses Johan Pereira, el "Chómpiras", dejó a su esposa Ana Mabel Ibarra, la "Guajira", luego de una discusión. La pareja vivía en el barrio Brisas del Morichal, en la parroquia Francisco Eugenio Bustamante, donde las peleas y los golpes eran el pan de cada día. Luego de la separación, Ibarra tomó su propio rumbo, sin importarle su responsabilidad como madre de Elí Daniel (13), Joswuaard José (11), Víctor Daniel (10), Yuliannys Daniela (8), Jelser Daniela (7), Juan José (4), Jorve José (3), Winder José (2) y Marco Antonio (1). “Hace dos meses se fue para Colombia y no sabemos nada de ella”.

Julia Beatriz Ibarra, de 77 años, abuela materna, se quedó con siete de los nueve niños, esperando que su hija cumpliera la promesa de trabajar duro en Colombia para darle de comer y mejorar el futuro de sus hijos, pero no fue así. La anciana contó: “nosotros lo que más comemos es yuca con sal, cuando mucho compro mil bolívares de huesos, les echo agua, los aliño y hago una sopa. Así pasamos el día tomando agua de huesos”. 

Con dificultad para respirar, temblor en sus manos y rostro, Julia adentró a La Verdad en la vivienda aún sin terminar. En el espacio que hace las veces de cocina: “Yo vendí todo para darle de comer a mis nietos. Vendí el televisor, las pailas y la bicicleta. Los vendí en la choza, y otros los cambié por comida, pero no alcanzó para mucho”. La única olla que le quedó para cocinar hervía en un reverbero, eran casi las 11.00 de la mañana y los niños y su abuela solo tenían en el estómago un pedazo de yuca desde la tarde anterior. “Puse a hervir unos huesos que me regalaron, porque no tengo más nada que darles hoy”.

Insalubridad

Hace más de un mes se bañan solo con agua. “Estamos curtidos porque no tenemos ni una conchita de jabón”. La ropa y los utensilios de la cocina tampoco se lavan como es debido. Dos colchones sucios y olorosos a orine sirven para dar descanso a los niños cuando el llanto los vence. “Ahí se acuestan, ahí dormimos todos. Yo casi no duermo porque la casa no la terminaron y no tiene cerraduras ni protecciones, me da miedo que se meta alguien en la noche y le haga daño a mis niños”. 

Julia, remoja las sábanas y luego las pone al sol sin aplicar ningún detergente, lo hace porque el olor la ahoga. “Cuando penetra el olor a orine en el cuarto me desespero y me comienzo a ahogar”. Erupciones en la piel, infecciones estomacales y escabiosis son algunos de los cuadros que ya comienzan a notarse en los niños, mientras que los problemas cardiacos y de hipertensión de la anciana se intensifican cada vez más. 

Marco Antonio Pereira Ibarra, es el hermano menor, tiene un año y una hernia testicular que lo hace llorar a cada rato. “Tiene gripe. Pasó toda la noche con fiebre. A veces se le ponen las bolitas grandes de la hinchazón”. Relató una vecina. Víctor Daniel Pereira Ibarra, de 10 años, no ve del ojo derecho. Al parecer lo operaron por una infección y por falta de medicamentos perdió la operación y con ella la vista. 

La desidia abunda en el barrio Brisas del Morichal, pero en la casa de los Ibarra pesa más. “Cuando no comemos nos acostamos a dormir, porque la barriga nos arde y nos duele la cabeza, pero si nos dormimos se nos olvida, por eso nos acostamos”, contó Yuliannys Daniela, de ocho. 

Sin perdón

“Mi hermana dijo que no quería saber nada de muchachos, que ella no iba a regresar. Se mudó de donde estaba y le perdimos la pista. Ella no quiere saber nada de sus hijos”, informó Darwin Molina, hermano de la madre de los niños. Él y dos hermanos más ayudan a Julia a mantener a sus nietos, sin embargo el hombre que se gana la vida vendiendo fruta, en un semáforo en la zona sur, reveló: “No es fácil porque cada uno de nosotros tiene su responsabilidad, aunque nosotros como hermanos tratamos que ni ellos ni mamá pasen hambre, pero eso es imposible”. 

Conteniendo las lágrimas, Darwin reprochó el proceder de su hermana: “Si ella no iba a ser responsable, no tenía que parir tanto, ahora qué hacemos nosotros, porque parte el alma saber que pasan hasta dos días sin comer”. El hermano calificó a su hermana de irresponsable y advirtió: “Si no viene, yo la voy a buscar y la meto presa por mala madre. ella tiene que responder por sus hijos”. 

Joselyn Ibarra, tía materna de los pequeños, dijo que los dos niños mayores Joswuard José, de 11, y Elí Daniel, de 13, corren peligro. El primero se lo llevó su abuela paterna. Según su tía, la mujer lo obliga a trabajar. “Ella lo explota, vende bolsas en Mercamara”. Del mayor temen que tome malos pasos. “Él estudia, pero quiere dejar de ir para el liceo para ponerse a trabajar para darle de comer a sus hermanos, esto es difícil, porque los niños no deben pasar por esto”.

 

Necesitan ayuda

Aunque la comida es la prioridad la atención médica para los pequeños y la abuela es fundamental. La desnutrición y cuadros infecciosos son cada vez más drásticos según sus tíos. Julia pide ayuda para evitar que sus nietos “mueran de hambre”. Si desea colaborar, puede contactarlos a través del (0424) 622.46.86 y (0426) 761.10.47

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