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Marabinos trabajan hasta 12 horas para poder comer

Francisco Rincón / Maracaibo / noticias@laverdad.com
Jornadas maratónicas forman parte del día a día. El contexto y la necesidad les quitan el tiempo con sus hogares. La LOTT señala 40 horas de trabajo a la semana, incluido dos días libres, sin embargo, el llevar un pedazo de pan o queso para la cena ocasiona que esto sea letra muerta

Mientras los padres procuran una mejor calidad de vida, pueden abandonar sin querer a sus hijos. (Foto: Archivo) 

El estrés acumulado de un trabajador, producto del desgaste físico y emocional de tantas horas de trabajo, hace que las relaciones personales y familiares tiendan a deteriorarse y su estado de salud desmejore. Quienes deben costear colegios, universidades, transporte, comida y hasta un rato de esparcimiento se ven obligados a “explotarse” para tener ciertas oportunidades.

Son las 5.00 de la mañana, Juana solo piensa en todo lo que debe hacer en la farmacia en la cual trabaja. Antes de su jornada laboral, apenas logra compartir una hora con su esposo y sus dos hijos, aunque asegura que lo importante “es la calidad”. De 7.00 de la mañana a las 8.00 de la noche, la única comunicación que mantiene con su familia es a tráves de mensajes de texto o una llamada.

Alejandra, su hija pequeña, crece entre la universidad y el trajín. A pesar de tener el apoyo económico y por raticos de su familia, se siente sola y los extraña. Crisis de pánico, estrés y depresión, son algunas de las patologías que tiene debido a su aislamiento y desapego. Aunque entiende que su madre debe trabajar todas esas horas para cubrir las necesidades, aún no lo asimila.

Realidad

Según la Ley Orgánica del Trabajo de Venezuela, la jornada laboral está comprendida por 40 horas semanales de trabajo con derecho a dos días libres. A pesar de estar amparados por el texto, cientos de trabajadores junto a los dueños de pequeñas empresas, deciden extender considerablemente los horarios laborales para llevar un pedazo de pan con un "pedacito" de queso a su hogar.

Con una inflación galopante, el pago de algunas horas extras, un bono o días libres trabajados, sirven como salvavidas ante los gastos. Johana Perdomo, residente de La Trinidad, comentó. “Sé que lo que me dan por pasar tantas horas trabajando jamás podrá resarcir el tiempo que no puedo dedicarle a mis niñas, pero es la única manera de poder llevar algo a la casa”.

Padres que no asisten a reuniones escolares, carencia de personal en las empresas que impiden faltar a un día de trabajo o postergar las vacaciones, son algunas de las situaciones que atraviesan quienes trabajan formalmente en Venezuela. Todos estos factores se acumulan y ocasionan un deterioro en la salud y en las relaciones interpersonales.

La vida pasa

Dedicarle tantas horas al trabajo, impiden no solo compartir con familiares y amigos, también ocasiona que aquellas personas que cumplen las maratónicas jornadas, abandonen cualquier actividad deportiva, de esparcimiento o diversión. Cuando la semana ha transcurrido con al menos 56 horas trabajadas, más ocho del día libre, el tiempo restante alcanza para recorrer supermercados o tomar algún descanso.

Andrea Sánchez, psicóloga infantil, explica que en muchos padres existe el sentimiento de culpa o piensan que no son queridos por sus hijos.

Tanto la vida de Juana como la de Johana parecen no tener un cambio radical, al menos, a corto plazo. Aquellas tardes y noches en la que la tarea era un momento ideal para la familia divertirse o ver juntos la televisión, quedó en el pasado, al igual que caminar por un parque. Llevar comida a la casa a expensas de sacrificar su tiempo se convirtió en la prioridad, aunque eso les cueste parte de su vida.  

La especialista 

Andrea Sánchez / Psicóloga infantil 

Las consecuencias 

En el contexto actual, los niños crecen en un ambiente donde ven todo el tiempo a sus padres trabajar. “Esto ocasiona que se descuide la crianza y no se les brinde tiempo en cantidad y de calidad. Los niños son más retadores, exigentes y groseros. Muchos no establecen un vínculo con sus padres y es común que desafíen a la autoridad. Todo esto ocasiona que les cueste entablar relaciones sociales, sean tímidos o sientan temor”. La experta afirma que es de vital importancia conversar con niños y jóvenes, ver cómo se sienten y que estos perciban que existe un interés y que al menos por un momento toda la atención esté centrada sobre ellos. 

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