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Adolescente denuncia que su padrastro la violó durante seis años

Redacción Sucesos / diariolaverdadweb@gmail.com
Desde los ocho años la joven vivió el horror del abuso sexual y psicológico, hasta que pudo migrar a Estados Unidos

(Foto: Referencial)

Anggie Alviarez, una adolescente marabina, vivió un calvario desde los ocho años. A esa edad, su padrastro comenzó a abusar de ella sexualmente con consentimiento de su mamá.

La niña pasó seis años de abuso sexual. Luego consiguió migrar a Estados Unidos con su hermano y, tras recibir terapias en una institución educativa, la joven decidió denunciar su caso ante las autoridades. 

El valor para acusar lo consiguió luego de enterarse que, quien fue su "monstruo" por seis años, también se iría a vivir a Estados Unidos. Ahora, su padrastro tiene una orden de captura que viene directamente de las autoridades estadounidenses.

Del hombre se conoció que trabajaba en el Callejón de los Pobres y vivía en las Torres del Saladillo. Sin embargo, los vecinos del lugar aseguran que ya no está allí, pues huyó luego de conocer la denuncia. 

Una larga historia de abuso y dolor

Todo niño crece con la ilusión de reír, jugar y ser amado por sus padres. Pero a veces, en la cotidianidad, se presentan casos de violación manipulación, humillación y abandono. Esto fue lo que vivió la joven Anggie Alviarez.

Ella creció creyendo que vivía con su papá, pero a los ochos años de edad le confesaron que ese hombre era su padrastro. Sin embargo, como su padre biológico no se hizo cargo de ella, la menor continuó viviendo con su mamá y quien era su pareja.

La historia triste de la infanta comenzó durante un viaje con su padrastro. “En ese viaje él abusó de mí sexualmente. Regresamos a casa y no dije nada, porque él me aseguró que nadie me creería y que mi mamá no me querría nunca más”, relató Alviarez.

Luego de dos años de abuso sexual, físico y psicológico la joven decidió contarle todo a su madre. Sin embargo, la progenitora no le “puso un punto final” a la situación.

“Ella me dijo que todo estaría bien, que no me preocupará. Mi alma, mi mente y mi cuerpo sintieron calma al pensar que ella le pondría punto final a todo eso. Que ingenua fui, porque nada cambió”, señaló Alviarez. 

Presa del dolor, la muchacha le contó todo a su hermano. “Él se molestó y le reclamó a mamá porque no había hecho nada”. Pero cuál sería su sorpresa cuando la madre le clamó que negara todo. “Me llevó a su cuarto y llorando me pidió que dijera que todo fue un invento mío”.

Cuatro años más de infierno vivió la joven, cargando con el abuso de su padrastro, la indiferencia de su madre y el odio de su hermano. Alviarez intentó acabar con su vida tres veces de diferentes maneras pero fracasó.

“Él tenía control sobre mi vida. Sabía a qué hora salía de la escuela y muchas veces llegaba a la casa para violarme porque yo estaba sola. Él pagaba para que la gente hablara mal de mí y luego me defendía para que todos creyeran que él era una buena persona”, reveló. 

Con coraje para hablar y denunciar 

A los 14 años de edad Alviarez se llenó de valor y puso un alto a seis años de abuso sexual y maltrato psicológico. “Lo enfrenté, lo miré a los ojos y le dije ‘no me toques’. Él me miró, me soltó el hombro y me dijo: ‘Tú no sabes quién soy yo’. Desde ese día no volvió a violarme pero siguió torturándome psicológicamente”, contó. 

La joven cambió. Se tornó rebelde y grosera con sus padres, tanto que logró que la enviaran a Estados Unidos con su hermano. Comencé de cero en un país que no conocía, con el odio de mi hermano, y con heridas que no vinieron en mis maletas sino en mi corazón”. 

En Estados Unidos Alviarez comenzó a vivir con una familia desconocida. “Tuve que adaptarme a una cultura muy diferente. Tiempo después me diagnosticaron Trastorno de Estrés Postraumático y con Trastorno Depresivo Mayor. Me colocaron medicamentos y terapias tres y hasta cuatro veces a la semana”, admitió.

Una vez superado el trauma, Alviarez denunció a su padrastro ante las autoridades estadounidenses, se inició la investigación y como su padrastro resultó culpable de abuso sexual, no le permitieron la entrada a Estados Unidos. 

“Estuve callada por años, por miedo a que nadie me creyera, por miedo a ser rechazada, porque me hicieron creer que quizás ese era mi destino (sufrir). Pero hoy miro al miedo de frente, directo a los ojos y con una enorme sonrisa, porque justo eso fue lo que nunca pudo quitarme, mi sonrisa”.

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