Diario La Verdad

Los secretos del discurso de Chávez y Capriles

Por Gabriela Moreno / Maracaibo / gmoreno@laverdad.com

Los analistas coinciden en que los aspirantes a Miraflores se concentran en la lucha de personalidad y liderazgo político más que de identificación partidista

Lunes, 18 Junio 2012 00:00

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Detrás de lo que se dice y cómo se dice hay intenciones ocultas. Los discursos electorales de Henrique Capriles Radonski, candidato presidencial de la unidad, y Hugo Chávez, abanderado del oficialismo, tienen las suyas. Ambos hablan no solo de poder, sino por el poder.

Roberto De Vries, psiquiatra y comunicador social, distinguió sus estilos. “Capriles es un líder de gestión, práctico para plantear soluciones a los problemas y su trayectoria lo demuestra; Baruta y Miranda son ejemplo. Chávez es un líder ideológico, de persuasión, de carisma, que intenta imponer su sistema socialista como opción para alcanzar bienestar”.

No transformar el debate en un “toma y dame” es el objetivo del aspirante opositor, indicó Luis Delgado Arria, doctor en literatura, porque apela a “realidades supuestas o conocidas por el destinatario para garantizar sintonía, coherencia y cohesión interna del discurso”.

Cuando expresa: “No nos mueve el odio, nos mueve el amor”, sin exteriorizarlo, “sugiere que pacificará a la familia venezolana, mientras que Chávez divide”.

Repetir “mi aspiración es ser presidente de todos” convierte al Presidente en “un sujeto que impone una política de exclusión e insinúa que Chávez no es presidente del país nacional, sino benefactor de una parcialidad, una minoría”.

El humor es un recurso que Capriles comenzó a cultivar con “relativo éxito”. Bromea sobre las iguanas y rabipelados que causan apagones.

En fomentar la polémica son distintos. Capriles es “sistemático”. Llama a su adversario “el candidato del pasado”, “el que promete pero no cumple”, “el que traiciona”, “el que se opone a abrir las puertas de Venezuela al futuro”, mientras que la del mandatario es frontal, al tildarlo de “majunche”, “candidato del imperio”, “candidato de la burguesía”.

Invitar a la “conciliación con el uso de la franela vinotinto es idílico y convocarla desde el oficialismo con el color rojo como único traduce exclusión”.

Con peligros

Las diferencias favorecen a los candidatos, pero incluye riesgos, advirtió De Vries: “Al Presidente lo rechazan quienes evalúan el resultado de su gobierno, si hay más o menos problemas que en el pasado, y lo aceptan aquellos que creen que la situación del país es consecuencia del imperialismo y el capitalismo”.

En el caso del abanderado de la oposición, “no tener un discurso ideológico que compita con el de Chávez lo perjudica para captar votantes chavistas, pero mantener su propuesta de convivencia social, con énfasis en sus logros como alcalde y gobernador, le dan más credibilidad frente a un adversario que no presenta resultados positivos”.

Sobre este diagnóstico, Ricardo Sucre, analista político, opinó que “cuando las palabras no están respaldadas por hechos y acciones, se convierten en burocráticas, rutinarias y el peligro para ambos candidatos es que se perciban los planteamientos como poco genuinos”.

De Vries centra la pugna por Miraflores en una “lucha de personalidad y liderazgo político más que de identificación partidista”.

Las amenazas

Los mensajes de la campaña del comandante, enfocados en la confrontación de las clases sociales, “no captan nuevos votantes ni a los 'Ni-Ni'; ni siquiera sirve para tranquilizar a sus simpatizantes que le son fieles, porque no evolucionó ni dice nada de los problemas económicos o sociales”, apuntó Marcos Hernández, sociólogo, para quien “la efervescencia que causó enfrentar al país perdió impacto en los electores”.

Y hay razones. “Los colectivos chavistas sienten que el Presidente no dice nada nuevo. Su discurso luce añejado y trasnochado. Hablar de granadas, violencia y confrontación no es en este momento lo más estratégico porque existe descontento en sus bases poco atendidas y en quienes padecen las consecuencias de sus decisiones”.

Énder Arenas, sociólogo, coincidió: “En 14 años se generó una disposición nacional a escuchar los cuentos de siempre. Son comunes aquellos que empiezan con los recuerdos de Maisanta, las sabanas de Apure o las arañas que le hacía la abuela para que vendiera en Barinas. Eso es lo que el oficialismo asume como una dosis de gran altura intelectual”.

Entre retos

El contexto no garantiza al candidato de la unidad que su propuesta de progreso y unidad conquiste a la población, sostuvo Farit Fraija, politólogo. Argumentó su posición: “Los mensajes de Capriles son difusos, identifica cada vez que habla los problemas, pero ofrece soluciones muy generales, sin presiones”.

Atribuir la inseguridad al primer mandatario es una táctica equivocada porque “los sondeos de opinión señalan que la población no delega la responsabilidad al presidente Chávez, sino al Gobierno. Ese es un punto que debe considerar el candidato de la Mesa de la Unidad”.

Pero Fraija reconoce que “quien ataca y hace visibles los problemas tiene más ventaja en una competencia electoral. El reto es conectarse con las percepciones del ciudadano porque su discurso penetra hasta ahora en los sectores donde la oposición siempre es mayoría y no donde está el chavismo”.

Centró el desafío del jefe de Estado en “exaltar en sus apariciones los beneficios de su gestión en los estratos más pobres, D y E, con la emotividad del corazón patrio y bolivariano”. De Vries, psiquiatra experto en imagen y poder, añadió a la pócima revolucionaria “profundizar la existencia de los enemigos con una campaña más internacional que local” para evitar el castigo en las urnas.

Reducir la victoria en los comicios del 7 de octubre a la pericia con la palabra es un “error”, destacó Marcos Hernández, sociólogo, porque “ningún gran orador es garantía de eficiencia”.

Una fórmula 

“Un discurso brillante pasa por ajustar las palabras con los tiempos, sintonizar la expresión con las condiciones del momento y con el pensamiento colectivo”, señaló Orlado Viera, abogado y politólogo, como una receta para lograr “dejar huella”. Es indispensable acompañar las afirmaciones con “hechos ciertos y de sinceridad, porque la palabra ajena a la realidad y vacía de honestidad no vale nada, debe tener magnitud y profundidad. Es necesario que vaya al corazón y que desde allí produzca una movilización emocional capaz de sembrar en los entusiastas el compromiso relevante de no abandonar ni abandonarnos a cualquier costo, a cualquier riesgo”.

 

 

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