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Fraude electoral (I)

Jorge Sánchez Meleán / Economista / sanchezmelean@hotmail.com
El autócrata se niega a convocar elecciones libres y generales sin razón alguna. Ordena la redacción de un decreto para convocar simplemente a un plebiscito, al margen de la Constitución. Se usarían dos tarjetas, una para reelegir a MPJ y otra para oponerse

En 1957 la dictadura de Pérez Jiménez debía celebrar “votación  universal, directa y secreta” (art. 104, Constitución 1953), para elegir al Presidente de la República para el período 1958-1963. La oposición desde dentro y fuera del país comenzó a pedir elecciones libres. 

El autócrata guardaba silencio porque la situación política le era adversa. A dos hombres temía como rivales: a Rafael Caldera y a Oscar Tamayo Suárez. El primero se perfilaba como el candidato de una alianza de partidos. El segundo era el único jefe militar con peso y prestigio en el régimen. Se crea la Junta Patriótica para hacer respetar la Constitución e impedir la reelección del dictador. 

El régimen acentúa la persecución contra la oposición. En agosto es detenido Rafael Caldera y se le incomunica. Después se reduce a prisión a Tamayo Suárez quien comandaba a la FAC. El autócrata se niega a convocar elecciones libres y generales sin razón alguna. Ordena la redacción de un decreto para convocar simplemente a un plebiscito, al margen de la Constitución. 

Se usarían dos tarjetas, una para reelegir a MPJ y otra para oponerse. Un Congreso dócil aprueba el mecanismo el 4 de diciembre y fija la fecha del plebiscito para el 15 de ese mismo mes. El país comienza a protestar en todos los sectores. En las paredes de nuestras calles aparece pintado el “104” para recordar la Constitución y las expresiones “No votes”, pues “El plebiscito es una farsa”. 

El 15 de diciembre se realiza el evento electoral con mesas manejadas por funcionarios públicos y la inspección de la policía. El Consejo Electoral informó que el dictador obtuvo 2,3 millones de votos (85% del total). Pero en un país que estaba decidido a ser libre y democrático, y que no votó en esa farsa, un mes después, el 23 de enero de 1958, en ejemplar jornada colectiva, la dictadura se derrumbaba estrepitosamente. 

En consecuencia, los “fraudes electorales” del tipo que sean, de nada valen, cuando un pueblo organizado está decidido a recuperar su libertad y democracia. Por ello en este momento tendríamos que preguntarnos: ¿Estamos los venezolanos de hoy tan conscientes del “fraude electoral” en marcha como los de 1957, cuando lo enfrentaron con valentía hasta llegar al 23 de enero de 1958? ¿Estamos los venezolanos de hoy tan decididos a ser libres, con pleno ejercicio de nuestros derechos humanos, como los que con unidad y patriotismo pusieron las bases de la democracia que hemos perdido? Continuaremos.   

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