Diario La Verdad

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¿La voz de quién?

Miguel Ángel Hernández / Licenciado en Letras / mahernandez83@gmail.com / @mahernandez83
Lo que entendimos como muerte del autor, libertad del texto o multiplicación del sujeto, en realidad era nuestra donación de nosotros mismos como agentes discursivos y, en consecuencia, políticos

¿Desde cuándo no basta el cuerpo? ¿Cuándo vimos que necesitábamos la ayuda de prótesis y otros dispositivos para tener un mejor “desempeño”? Incluso buscamos ayuda para la memoria: memorias externas, memorias virtuales que organicen todo para desembarazarnos de todo.

Para 2016 está programado el Cybathlon, los Juegos Olímpicos Biónicos, a realizarse en Zúrich. En estos, no solo los atletas serán premiados, sino también los fabricantes de la tecnología que los asistirá. Se trata de un paso más en el camino que parece llevar a una hibridación de lo humano con la robótica. La filósofa española Teresa Aguilar García va más allá; para ella (siguiendo a otros autores), estos términos aparentemente enfrentados darán paso a la “ciborgización”; es decir, a la constitución de subjetividades cíborg (organismos cibernéticos), donde no tendrá sentido establecer diferencias entre lo humano y la tecnología.

Sin embargo, no hace falta ir tan lejos o mirar a futuro para reconocernos en dicho proceso. El smartphone, por ejemplo, se ha constituido en una extensión del brazo. Incluso, ya hay un término que designa el miedo irracional a salir de casa sin él: nomofobia. ¿Y qué decir de la sensación de este repicando cuando no lo hace y quizás ni está cerca? ¿Podemos hablar acá de un caso de miembro fantasma, esa percepción de que una parte del cuerpo amputada aún está?

En todo caso, lo que queremos señalar, a pesar del optimismo e incluso de la euforia con que a veces pensamos ese porvenir, es ese otro proceso de desubjetivación que conlleva esta hibridación. Aunque tal vez no sea correcto el término desubjetivación; siempre hay un sujeto, un agente que habla y actúa. Así, lo que sucede más bien sería una traslación de nuestras identidades a otros sujetos, que vendrían a ocupar el espacio en el que hasta ahora, o hasta hace poco, decíamos yo. Esos otros sujetos, no podemos olvidarlo, son sujetos políticos, económicos, etc., de modo que lo que entendimos como muerte del autor, libertad del texto o multiplicación del sujeto, en realidad era nuestra donación de nosotros mismos como enunciadores, agentes discursivos y, en consecuencia, políticos.

Como apunta la española Àngela Pujol refiriéndose a la relación literatura-Internet: “La red no es, desde luego, un espacio neutral, puesto que, hasta hoy, son las grandes corporaciones quienes detentan en mayor medida el poder asociado a la información y la tecnología”. Y más adelante: “En cualquier caso, parece que acoger plenamente el discurso de la ‘muerte del autor’ en la red puede equivaler a poner en el lugar del muerto, en última instancia, a la tecnología. A la manera de aquellas máquinas programadas para producir poemas [¿Google Poetics?], podemos llegar a considerar la producción literaria en Internet como un resultado aleatorio sin dueño, lo cual no equivale necesariamente a una mayor libertad en la circulación de los contenidos y las obras literarias, sino que puede favorecer su apropiación por los grandes entes privados como Google”.

Así pues, no basta con matar al autor, al sujeto que habla (si es que es posible), es necesario sobre todo saber qué hacer con el cadáver. Siempre habrá alguien dispuesto a ocupar su lugar.

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