Por Oswaldo Álvarez Paz / Exgobernador del Zulia / oalvarezpaz@gmail.com
La opción de triunfo es clara. El régimen apelará a cuanta maniobra pueda imaginar en nombre del continuismo
Jueves, 14 Junio 2012 00:00
431 CLICS
La gigantesca manifestación que acompañó a Henrique Capriles en la inscripción formal de su candidatura a la Presidencia de la República, no deja lugar a dudas. La unidad superior de la Venezuela democrática está concretada. Punto final a las discusiones intrascendentes o a aquellos planteamientos que, incluso hechos de buena fe, debilitan la lucha y distraen de lo esencial. Esto no es fácil.
La oposición es hija legítima del pluralismo que caracteriza cualquier expresión verdaderamente democrática. En su seno hay de todo. Multiplicidad de colores y diversidad de tendencias políticas e ideológicas. Incluso viejos agravios y facturas pendientes de las luchas del pasado y hasta del presente, aún mantienen relativas tensiones entre los grupos. Pero debemos reconocer el esfuerzo de desprendimiento, de seriedad y de amor por Venezuela que demuestran los más responsables dirigentes en esta hora crucial.
La unidad es dinámica y diferenciada, como debe ser, pero reafirmando siempre el común objetivo, la derrota de Chávez, como primer paso hacia la reconstitución institucional del país por la vía del imperio de la Constitución y del sentido común. Con esto quiero decir que todo lo que contribuya al triunfo de la candidatura de Capriles es bueno y debemos darle calor y respaldo. Al contrario, lo que no contribuya debemos dejarlo de lado, descartarlo con firmeza.
Entramos a la etapa más delicada de la campaña electoral. La opción de triunfo es clara. El régimen apelará a cuanta maniobra pueda imaginar en nombre del continuismo. Terror, abuso del poder político y económico, represión abierta y encubierta, violencia física e institucional son algunos de los instrumentos que ya usan para mantener viva la menguada opción oficialista.
La rabia y la indignación superan al miedo. El régimen está mal. Digamos con el Deuteronomio (32:35) "Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca; ya se apresura lo que les está pasando". Llegó el tiempo.
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