Diario La Verdad

Contraste en la inscripción

Por Juan Pablo Guanipa V. / Concejal de Maracaibo / Miembro de Primero Justicia / juanpabloguanipa@gmail.com / @juanpguanipa

Tengo la convicción de que un gran porcentaje de los asistentes al acto de Chávez fueron obligados por las amenazas a las que han acostumbrado a los empleados públicos nacionales

Miércoles, 13 Junio 2012 00:00

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La inscripción de las candidaturas presidenciales de Capriles y Chávez merece un breve análisis comparativo que reflejará diferencias que importan. Tengo la convicción de que en el acto que protagonizó el pueblo con Capriles Radonski a la cabeza no hubo una sola persona que fuera obligada a asistir. Tengo la convicción de que un gran porcentaje de los asistentes al acto de Chávez fueron obligados por las amenazas a las que han acostumbrado a los empleados públicos nacionales: tienen que vestirse de rojo, tienen que estar inscritos en el PSUV, tienen que asistir a todas las actividades a las que “les inviten”, tienen que pagar un día de salario para la campaña, tienen que votar por el comandante “y los vamos a estar vigilando”.

La concentración de Capriles, previa a la gran marcha de 10 kilómetros que recorrió diversas avenidas de Caracas hasta llegar al CNE, estuvo llena de la pluralidad que este país necesita. Esa fue una marcha multicolor. La gente se puso la tonalidad que le dio la gana y marchó con entusiasmo, con banderas de esperanza y con la energía de personas de todas las edades que, independientemente de su condición física, llegaron al CNE a ser protagonistas de la inscripción.

En cada punto de la concentración previa a la marcha de Capriles estuvieron juntos los líderes de diversos partidos políticos y de sectores independientes compartiendo con la gente y realizando discursos de unidad y compromiso con Venezuela.

El ventajismo presidencial se hizo evidente, ya no con la expropiación de las tarjetas del PPT o Podemos, sino con la prohibición de filmar la marcha desde el aire, la negativa de espacios como la plaza Ibarra o el balcón del CNE, así como la dificultad de medios de línea opositora de acceder a la información.

El discurso servirá para otro análisis. Solo adelantamos que el primero fue breve, lleno de motivación y amor por Venezuela. El segundo fue más de lo mismo, palabras huecas que chocan con la realidad de una gestión que se acabó y no pudo con los problemas de este país.

 

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