Diario La Verdad

El espíritu de Bolívar

Por Joise Morillo / Licenciado en Filosofía / Kao_joise@hotmail.com

Estos hipócritas suelen plagiar la virtud de los héroes y endilgan sus crímenes a los demás, como en la obra mexicana El castillo de la perfección, donde el padre perverso culpa y castiga por sus propios errores a sus hijos

Martes, 18 Junio 2013 00:00

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En 1989 sucede en el mundo político del siglo XX el cambio más emblemático que nos ha tocado vivir: el mundo soviético desaparece, con lo que termina el más largo período de sometimiento político que ha padecido algún pueblo del siglo pasado. Igualmente, se cumplieron 170 años del magnífico Congreso de Angostura, el cual debe considerarse como el espíritu que nuestro Libertador nos entrega para esta fecha como advertencia desde su época (1819) para el mundo y el porvenir del mismo, como un ejemplo de lo que debemos hacer en cuestiones de política y, a la vez, que no debemos hacer. ¡Esa es la exhortación que el espíritu de Bolívar nos profesa desde su aposento en el cielo!

Al contrario de lo que manifiestan tanto los Castro como la tolda política del Gobierno nacional, Bolívar no podía ser marxista ni queriendo, primero, porque cuando nuestro héroe murió (1830) Marx solo tenía 13 años; segundo, porque el filósofo alemán detractaba a Bolívar llamándolo pequeño burgués. Comparándolo con un traidor haitiano, déspota cruel y megalómano, Soulouque de casta mandingo, se hizo nombrar, igual que Napoleón, emperador.

Bolívar quería para su pueblo libertad, tanto intelectual como política y económica, por lo tanto, reafirmo: el Libertador exhortó al pueblo y a los futuros legisladores venezolanos a asumir una Constitución propia, pura y democrática que debía responder a las necesidades y posibilidades de nuestra sociedad, sin copiar modelos de otras tierras, tanto otrora como para nuestros tiempos. Empero, no es de extrañar que este espíritu libertario y genuino del prócer sea profanado y tergiversado, pues tal actitud es de influencia castrista. Los Castro han hecho otro tanto con su apóstol de la libertad, José Martí, quien despreciaba el comunismo, detestaba la anarquía y la tiranía.

Estos hipócritas suelen plagiar la virtud de los héroes y endilgan sus crímenes a los demás, como en la obra mexicana El castillo de la perfección, donde el padre perverso culpa y castiga por sus propios errores a sus hijos.

 

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