Elecciones sin retorno

José Lombardi / Consultor / [email protected]
El caso venezolano luce difícil analizarlo, pero en definitiva lo complejo se resuelve en lo simple, sin pretender caer en simplismos

La verdad no la tiene nadie, mucho menos predecir el futuro, quien se atreva a decretar los hechos por venir solo es un necio aburrido con falta de humildad, lo único que podemos hacer es opinar subjetivamente sobre los acontecimientos del pasado y presente, para que a través de un ejercicio racional podamos intentar dar opiniones sobre los posibles escenarios que están por venir y hacer recomendaciones oportunas y necesarias.

El caso venezolano luce difícil analizarlo, pero en definitiva lo complejo se resuelve en lo simple, sin pretender caer en simplismos, la tragedia venezolana se resume en los venezolanos, esencialmente sus dirigentes, sin distingo ideológico, partidista, clasista, profesional, entre otras distinciones, la dirigencia política, empresarial, eclesiástica, militar, empresarial, estudiantil, deportiva y todas las que a ustedes se les ocurran, resumida como “élite venezolana” han fracasado en construir una sociedad de bienestar y progreso.

No me refiero únicamente a la época del chavismo, sino a todas las generaciones anteriores, empezando por Bolívar, Miranda y compañía, en algo todos tuvimos que fallar para tener los resultados que hoy tenemos, definitivamente la efectividad se mide en resultados,  la tecnología nos brinda miles de herramientas para medir el éxito y el fracaso de una sociedad, pero son realmente los miembros de la sociedad quienes al final saben en experiencia propia si las cosas van bien o no, usted le pregunta hoy a cualquier venezolano cómo es su grado de satisfacción y/o insatisfacción con respecto al país, y seguramente le responderá que es altamente insatisfecho.

Cuesta entender que en el siglo 21, después de siglos de luchas en favor de la libertad y la dignidad humana sigamos aceptando sistemas que atenten contra ella, la democracia no es un sistema perfecto, pero es hasta hoy el sistema que con sus virtudes y desaciertos garantiza estas libertades individuales. La democracia es el sistema en donde los integrantes de una sociedad pueden expresar sus ideas libremente y  tomar acción en el desarrollo de esta, lo que conocemos como ciudadanía activa.

La democracia nos permite elegir a nuestros gobernantes y sustituirlos cuando no lo están haciendo bien, nos permite además levantar la voz  y a través de la protesta cívica y pacífica expresarnos, teniendo esto claramente definido porque insistimos en mecanismos de cambios distintos a los que nos proporciona la democracia. ¿Somos realmente demócratas o somos una sociedad que le gusta ser dominada por tiranos y/o dictadores?

Una vez más el Gobierno, régimen o dictadura, como lo deseen llamar, le coloca a la sociedad venezolana en bandeja de plata la posibilidad de que a través de un escenario electoral sean desplazados, todos sabemos que harán trampa y abusarán del poder para mantenerse en él como reiteradamente lo han hecho y que el árbitro electoral no es imparcial e impondrá los resultados que deseen, pero el acto electoral democrático al que me refiero tiene que ser asumido, no como una invitación a votar, sino como un acto de resistencia, protesta y movilización pacífica para luchar en contra de todo lo que estamos en desacuerdo, la victoria seguramente será evidente y aplastante, la trampa y el fraude quedarán descubierto e iniciará un proceso de transición, las analogías a veces tienden a ser molestas, pero el caso reciente de Bolivia nos sirve de ejemplo como un escenario posible para el venezolano.  

 Pienso que el “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” ha dado más amarguras que dulzuras, creo que es hora de ser coherentes con el sistema político en el que creemos y por el que luchamos, la democracia debe ser asumida desde dentro hacia afuera, la ruta electoral es una de ellas, recuerdo que en una gira en Maracaibo con mi amiga Mercedes Malavé, a quien respeto y admiro profundamente, hablamos y nos hicimos la interrogante: ¿Por qué no sustituir la calle sin retorno por elecciones sin retorno?

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