Los líderes no vacilan

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / [email protected]
"Debemos educar al ciudadano para que aprenda a utilizar el poder en forma compartida”. Carlos Fuentes.

Una de las debilidades, y quizás la mayor, de nuestra sociedad democrática, es la carencia de un liderazgo con visión futurista, además de otras cualidades que deben tener. Los líderes no vacilan y mucho menos pueden ser practicantes del quietismo irónico, ese que según Harold Bloom “Cuando mejor estamos es cuando no hacemos nada con respecto a las realidades mundanas. Rechazamos el orden de la sociedad de manera tan absoluta que en la práctica, es como si lo aceptáramos todo”.

El líder tiene que actuar interpretando lo que la sociedad requiere, debe conectarse con la forma de pensar de la gran mayoría, lo cual no significa que tiene que decir o hacer lo que muchos desean oír o quieren que haga. Tiene que detectar y aprovechar las debilidades del adversario, que en el caso venezolano son muchas, como lo es el mal desempeño en términos de la definición y ejecución de políticas públicas en temas económicos, de seguridad, de servicios públicos, de cultura, en materia social, la desbordada corrupción y las alianzas con el narcotráfico y el terrorismo internacional.

Los líderes no esperan, pero tampoco lo pueden hacer todo ellos solos. Piden que los acompañen no que los sigan; aprovechan la fortaleza de las fuerzas que adversan al régimen para sumar aliados a la causa que emprenden. El líder debe transmitir fe en el futuro, en un futuro mejor que facilite acumular las fuerzas del asidero espiritual necesario para impedir la pérdida de confianza y superar los intentos de la quiebra moral y material de un país.

Es oportuno recordar que el venezolano no ha vivido, ni vivirá la neurosis colectiva frecuente en aquellos pueblos que han sido sometidos por la insanía mental de un Hitler, Mussolini, Stalin, Kim Il Sun, o Castro, que hicieron experimentar un vacío existencial en las sociedades que les tocó dirigir; donde la prédica oficial repetitiva ha sido que la felicidad futura es imposible sin la existencia del líder. El líder debe evitar el culto a la personalidad y afincarse más en los propósitos que deben animar a sus acompañantes.

Para asegurar un futuro de bienestar y prosperidad es imprescindible impedir el avance de esta realidad presente y la vuelta al pasado de ideas caducas. Es necesario izar la bandera de que un futuro mejor y seguro es posible si empezamos a tomar decisiones unitarias que permitan cambiar el orden de cosas, confiando en el esfuerzo creador y la valentía de los venezolanos. Es oportuno demostrar que existen líderes capaces de derrumbar el andamiaje de un régimen envejecido que obstaculiza vivir la vida con dignidad y orientar la construcción de nuestro propio destino con talento y coraje, venciendo el miedo y la desesperanza.

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