Largo y duro aprendizaje

Neuro J. Villalobos Rincón / Ex-Rector de LUZ / [email protected]
"Señor… no me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso, más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo". M. Ghandi

Estas frases de una oración más larga de Mahatma Ghandi adquieren un gran sentido y una profunda enseñanza para los venezolanos de este tiempo, sobre todo para los cinco millones de almas que de una manera voluntaria algunos, o por razones de circunstancias forzosas otras, hemos tenido que huir del suelo patrio para afrontar nuevas experiencias, la mayoría con un destino incierto que jamás nos propusimos a pesar de repetir tantas veces en nuestros rezos: “hágase señor tu voluntad en la tierra como en el cielo”.  Consideramos que no era esa tu voluntad, aun cuando la vida nos va llevando por caminos insospechados que ponen a prueba nuestra fe.

Para muchos ha sido una larga penitencia impuesta a los venezolanos para expiar nuestras culpas y alejamiento de Dios; para otros ha significado una dolorosa experiencia y un largo aprendizaje vital en el cual damos la razón a Jorge Luis Borges, porque hemos tenido que sentir la soledad para aprender a estar con nosotros mismos, y saber que somos buena compañía.

En ese peregrinar muchos han conseguido triunfar no sin antes comprender el verdadero significado de las palabras, solidaridad, caridad, dignidad, decisión, riesgo, desprendimiento, vergüenza, amistad, amor, sacrificio, dolor, desprecio y otras más en las cuales no reparábamos antes. Hemos descubierto lo que es ser una brizna de paja en el viento, que donde caigamos tenemos que crecer o perecemos.

Nos hemos dado cuenta que la sensibilidad por la muerte absurda de miles de seres humanos o su libertad perdida, no es un sentimiento de quienes se consideran de “izquierda”, cuya línea divisoria se hace hoy imperceptible con los que se califican de “derecha”. El mismo dolor, la misma angustia nos lacera a todos por igual ante esa dramática situación cualquiera que sea el motivo o justificación.

Los seres humanos, y muchos venezolanos hemos aprendido a serlo, necesitamos reflexionar, así sea forzados por las circunstancias, sobre nuestra actitud ética. Mucho más en condiciones como las que atravesamos, que reclama que esa nueva actitud ética sea más consciente que en el pasado porque no hay duda que en una realidad oscura, azarosa y escandalosa como la nuestra, se hacen imperativos los nuevos enfoques interpretativos acompañados por renovados afianzamientos de principios y valores. 

Solamente podemos sentirnos libres después que nos deslastremos del peso del pasado, que nos desprendemos de algunas costumbres y mitos que nos han causado dolor; después de haber superado las encorvaduras de los errores y perversidades del presente, para que podamos aprovechar los resultados que una renovación siempre trae. Los venezolanos estamos en la puerta de esa renovación y debemos convencernos que necesitamos reconciliarnos y creer en nosotros mismos, y unirnos, para ir a reconciliarnos con Dios cuando echemos definitivamente a los herejes y mercaderes del templo.

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