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Puerto de sombras

Diego Lombardi / Economista / diego.lombardi.boscan@gmail.com / @lombardidiego
Como en el viaje de Dante, en Venezuela el arte debe recuperar su rol de guía, ser un escudo contra el envilecimiento de la sociedad

Puerto de sombras (2012) es el título de la antología poética de Lilia Boscán de Lombardi (1942-2019), poetisa zuliana, aunque nacida en Valera (estado Trujillo). Título enigmático y paradójico el escogido para esta obra, los puertos son lugar de partidas y llegadas, de la misma manera como no puede haber luz sin sombras. Así, en apenas tres palabras se logra encerrar un significado profundo y complejo, propio de las vidas individuales como de las sociedades, en las que las contradicciones están presentes cotidianamente, y de las cuales solo se puede sobrevivir por medio de un equilibrio frágil y dinámico, en el que el tiempo va pasando sin detenerse.

Venezuela no escapa a esa contradicción, poco a poco se ha ido convirtiendo en un puerto de sombras, marcado por millones de despedidas, de vestigios de una sociedad dinámica que se ha ido apagando, un poco envejecida, aunque con una juventud que insiste en mantenerla viva. El país es hoy el resultado de ese frágil equilibrio que hoy parece haberse roto a favor de las sombras, donde la violencia en todas sus expresiones está protegida por la impunidad y la pérdida de esperanza. Pero ese puerto de sombras es también un espacio de encuentros, y en él se centra la esperanza que más pronto que tarde la sociedad buscará restablecer el equilibrio perdido hacia su lado luminoso.

Dante, en la Divina Comedia (1320), descendió al infierno acompañado de Virgilio, un gran poeta. Un símbolo de cómo a través del arte se puede abrir el camino entre los peores vicios del ser humano. Ya dispuestos a entrar al infierno, sobre el dintel de la puerta, Dante lee: “¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”.  Ante esa terrible frase y los temores de quien descendía por primera vez al infierno, Virgilio le dice: “Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía”. Desde ese momento inician el descenso y se enfrentan a las almas que sufren tormentos según sus pecados.

Hoy en Venezuela para muchos esa pérdida de esperanza anunciada desde el dintel de la puerta es parte de su cotidianidad. Familias separadas, precariedad económica, víctimas de la violencia, y muchas otras realidades que han ido socavando cualquier vestigio de esperanza en gran parte de la población están muy presentes hoy en el país. La respuesta de muchos ha sido el cinismo, otros intentan sobrevivir como pueden con los límites morales bastante difusos, y otros tanto simplemente se han entregado y esperan algo, sin saber muy bien qué. De esta manera la sociedad se va envileciendo, y esos círculos que tanto atemorizan a Dante se perciben más vivos en la realidad.

Como en el viaje de Dante, en Venezuela el arte debe recuperar su rol de guía, ser un escudo contra el envilecimiento de la sociedad. El arte en todas sus expresiones debe ser hoy un refugio, pero también un testimonio vivo de una sociedad que sufre. Hoy se deberían estar escribiendo decenas de novelas y cuentos, pintando centenares de cuadros, componiendo miles de piezas musicales, que sirvan de registro de una época en la que todo un país ha perdido el rumbo. También a través del arte se encuentra la reconciliación, tarea compleja en los años que vendrán. A través del arte el país puede volver a cohesionarse, y solo así encontrará de nuevo un rumbo y un destino común. 

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