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Algo de nosotros

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
"Voy a seguir creyendo, aun cuando la gente pierda la esperanza. Voy a seguir dando amor aunque otros siembren odios”. Mahatma Ghandi

Esas expresiones de Ghandi invitan a renovar nuestra fe en los seres humanos aunque el resentimiento, la envidia, la ambición y otros antivalores más, parecen ser la constante en el comportamiento histórico del venezolano. Esos sentimientos despreciables han sido graficados en una imagen donde se mete a un grupo de cangrejos venezolanos en un recipiente ancho y alto. Cuando se dan cuenta que alguno llega al borde y está a punto de salir en libertad, pareciera que los demás se pusieran de acuerdo para bajarlo nuevamente donde se encuentran todos, en lugar de imitar y apoyar su esfuerzo.

La estrategia del régimen que detenta el poder en Venezuela, desde los inicios de las andanzas de Chávez, es corromper a los adversarios para luego ponerlos en evidencia y anularlos, o a los aliados, para hacerlos cómplices y obligarlos a ser leales. Típico comportamiento de las mafias que impiden a quienes ceden a las tentaciones salir ilesos por su falta de entereza y de valentía. De estos malos ejemplos hay muchos en nuestro devenir político, que se han puesto de manifiesto recientemente con el vergonzoso comportamiento de algunos diputados de la oposición y de algunas personas, que otrora fueron dirigentes apreciados en sus respectivos partidos, que se han prestado al juego político del régimen oprobioso al constituir una “mesita de diálogo” a imagen, semejanza y gusto de él.

Para colmo de males, la mala conciencia ha llegado al Tribunal Supremo de Justicia, que es supremo porque por encima de él solo está Dios, encargado de vigilar, preservar e impartir justicia, esa que no es vana retórica vestida de Toga, sino la que tiene en sus manos lo más sagrado del ser humano, su vida y su libertad, monta su teatro de lo absurdo peleándose entre sus miembros por actitudes presuntamente poco acordes con la majestad de sus cargos.

Mientras tanto el régimen no puede ocultar su regocijo y el pueblo su incomodidad. La siembra del odio, el lenguaje instigador y manipulador, el tono burlón, el aprovechamiento de la ignorancia, nos lleva lamentablemente a formar parte de clases distintas e irreconciliables. El mayor peligro actual es que la impaciencia y la ignorancia se pueden combinar para destruir en una sola generación, el progreso que llevó incontables generaciones a la humanidad conseguir, nos dice Henry Hazlitt. Parece que por ese camino andamos.

No obstante, no debemos generalizar, las generalizaciones son imprecisas e injustas. No todos los políticos son corruptos, aunque no pongo las manos en el fuego por alguno, ni todo está perdido. Al contrario, hemos avanzado mucho en nuestra lucha y nuestras perspectivas de triunfo son más ciertas que nunca. Decidimos que Guaidó y la Asamblea Nacional con una ruta bien definida como destino es nuestro objetivo. No debemos abandonarlos ni dejar atrás nuestras convicciones. “Invitemos a caminar al que decidió quedarse; levantemos los brazos a los que se han rendido, porque en medio de la desolación, habrá un niño que nos mirará, esperanzado, esperando algo de nosotros”. Nos dice Ghandi y así debe ser.

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