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La Venezuela que viene

Jorge Sánchez Meleán / Economista / sanchezmelean@hotmail.com
Como claramente lo establece el Plan País, la Venezuela que viene muy pronto, debe ser rescatada para liberarla de las fuerzas que la oprimen: el marxismo castrismo ahistórico, inhumano e inviable; el narcotráfico criminal y destructor del hombre; y un nacionalismo de pacotilla que falsifica nuestra historia y valores tradicionales

Como claramente lo establece el Plan País, la Venezuela que viene muy pronto, debe ser rescatada para liberarla de las fuerzas que la oprimen: el marxismo castrismo  ahistórico, inhumano e inviable; el narcotráfico criminal y destructor del hombre; y un nacionalismo de pacotilla que falsifica nuestra historia y valores tradicionales.

Liberado el país de tales males, debe recuperar al Estado para ponerlo al servicio de todos los ciudadanos y no de una élite político ideológica; empoderar a los venezolanos a fin de liberar sus fuerzas creativas y productivas; y finalmente, reinsertar al país en el concierto de naciones libres del mundo.

Recuperar al Estado implica superar el modelo político totalitario propio del Estado fallido de hoy, para volver a ser un verdadero Estado de derecho, propio de una República Democrática. Un Estado de tal naturaleza, estaría en capacidad de proveer bienes y servicios públicos, en el presente en total deterioro, y crearía los mecanismos de rendición de cuentas que le permitan al ciudadano monitorear su desempeño.

Con ello se daría un duro golpe a la corrupción desenfrenada y se elevaría la eficiencia que el Estado requiere en su desempeño. Pero ese nuevo Estado de la Venezuela que viene, debe estar al servicio de la gente, de los ciudadanos y no al servicio únicamente de un partido político, de las Fuerzas Armadas, o de aquellos que se presten a sus arbitrariedades y negocios ilícitos.

Un nuevo Estado al servicio de todos, debe garantizar las condiciones necesarias para que la sociedad pueda desenvolverse libre y dignamente, en vez de perseguir al disidente, castigar al trabajador y chantajear al más vulnerable. Ese Estado a punto de nacer, debe ser garante incondicional de los derechos humanos y de la dignidad de la persona humana, hoy violados de la manera más descarada por el reinante totalitarismo marxista y militarista, que se ha adueñado del poder.

El Estado al servicio de la gente, debe adicionalmente orientar sus esfuerzos hacia políticas comprobadamente eficientes, sin que complejos ideológicos le impidan poner en práctica lo que ha sido exitoso en diversas experiencias en el mundo. Y en tal sentido, debe establecer reglas claras que respeten los derechos de las personas que promuevan el emprendimiento y la competencia, y sirvan como complementos a iniciativas propias de la sociedad.

Ha llegado pues el momento de dejar atrás al viejo Estado interventor al servicio solo de una minoría de la población, que se cree dueña del poder total y para siempre. Estamos a las puertas de emprender una profunda reforma del Estado, que lo convierta en un garante del bien común y la justicia social, a través de un poder equilibrado, alternativo, controlado y descentralizado, bases indispensables del Estado de derecho y de una República Democrática. Continuaremos. 

 

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