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El nido vacío

Arminda García / Profesora titular de LUZ / arminda.garcia@gmail.com
Mucho se habla, del momento  en que los hijos se van del seno paterno por distintas razones, así como, de los sentimientos encontrados  que esto puede representar para sus padres.  A esta sensación de nostalgia, se le llama “nido vacío”, momento en el cual se genera una efecto de pérdida, debido a su ausencia. Por una parte, la ley de la vida nos lleva a apoyar activamente que ellos construyan su propio camino y sean independientes, pero a su vez, resulta difícil dejarlos ir, pues se extraña mucho ya no ser parte de su vida cotidiana. Del mismo modo, existe una preocupación de los papás, por su seguridad ante la duda presente, en cuanto a si podrán cuidarse y hacer sus vidas solos.  Muchas veces, nos sorprende ver cómo maduran y toman el control de sus propias responsabilidades. El rol de los padres, se puede cumplir de forma más inmediata y cercana, cuando los hijos aún viven con ellos y se hace más difícil, cuando existen distancias  físicas. Algunas de las formas, para mejorar esa relación con los hijos en su ausencia y concentrarse mejor en  cómo ayudarlos a ser exitosos, es mantener el contacto, tratando de generar una relación cercana a pesar de la distancia. Ayudará mucho, realizar visitas, llamadas telefónicas, video llamadas, correos electrónicos, entre otros recursos.  También,   es necesario entender que ellos tienen sus propios horarios, rutinas y experiencias.  Además, es relevante permitir que puedan desarrollar su autonomía e independencia, dejar que los hijos tomen sus propias decisiones fomentando la comunicación adecuada, evitando las críticas o reproches. Por otro lado, es oportuno mantener un pensamiento positivo tratando de recurrir al optimismo cuando   sea necesario, así como,  sentirse satisfecho por la labor cumplida y por esa  formación fundamental recibida en el hogar. Es muy importante, reconocer que ese momento de separación, es una parte más de las etapas de la vida. En este sentido, los padres  desde el mismo nacimiento de sus hijos, han vivido deferentes fases evolutivas, pero, siempre se preguntan a sí mismos si están  formándolos o educándolos de forma acertada. Sin embargo, independientemente de la etapa en la que se encuentren, siempre constituyen su fundamental fuente de satisfacción y tribulación. No se puede olvidar, que durante esta adaptación se presentan nuevos patrones en cuanto a la interacción familiar, pero no se puede permitir observar este cambio como una pérdida. Es mejor, considerar el proceso como algo normal, que lleva cierto tiempo para lograr que todo se  reajuste otra vez.
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