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El pacto menos creíble de la historia

MgS. José L. Zambrano Padauy / Exdirector de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani” / zambranopadauy@hotmail.com
Hay que tener la memoria indestructible y las ideas en orden para no dejarse arrastrar por las infamias habituales de la dictadura. Nos inventan escaramuzas, vendiendo lo ficticio con una realidad desgastada. Pero no somos cretinos para comernos el mismo cuento, siempre servido a voz en cuello y con una rimbombancia atormentante. Pero esta vez no les funcionó, pues el guión fastidia y ya pasó de moda este tipo de película política

Hay que tener la memoria indestructible y las ideas en orden para no dejarse arrastrar por las infamias habituales de la dictadura. Nos inventan escaramuzas, vendiendo lo ficticio con una realidad desgastada. Pero no somos cretinos para comernos el mismo cuento, siempre servido a voz en cuello y con una rimbombancia atormentante. Pero esta vez no les funcionó, pues el guión fastidia y ya pasó de moda este tipo de película política.

He procurado no hablar mal de ningún miembro de la oposición. Lo he hecho con mi menguada sabiduría de periodista cotidiano y a sabiendas que es preferible enfocar las ideas en los principales culpables, que denigrar de unos sin valor y sin conciencia real.

Este ideal lo seguiré manteniendo como una doctrina. Por eso mencionar a Falcón, Fermín, Fernández, Zambrano y Mujica no es un pecado a mi visión. Ninguno de ellos puede evocarse como luchador, valeroso, justo, tenaz y mucho menos de opositor. Nadie con un ideal de lucha se sentó en esa rueda de prensa, a firmar un acuerdo beneficioso para quienes están en el poder y con unos términos tan difusos como irreales.

Los días posteriores fueron esclarecedores para entender que nos les sirvió la jugada. No solo las quejas interminables, despotricando a mansalva y enervados hasta la médula, en los mensajes de las redes sociales por parte de tantos venezolanos pensantes, evidenciaron la carencia de pólvora de este montaje. El punto clave fue que el mundo le vio las costuras a esta patraña y fue precisó para demostrar que no se creyó la mentira.

La Unión Europea y demás países de América manifestaron que apoyaban a la presidencia de la Asamblea Nacional como el único sector que podría entablar un diálogo creíble con los vándalos de Miraflores. Lo demás es cuento de camino espinoso. El mismo Departamento de Estado de EEUU fue enfático en su postura. Recalcó que cualquier negociación para resolver la crisis venezolana debe ser entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó.

Los mismos embajadores acreditados, con el pensamiento justo de saber lo que hacen e invitados a este acto en la Casa Amarilla, se retiraron con una inmediatez temeraria al saber que era otra camuflada del régimen.

Por eso, esta vez no hubo desconcierto, sino cólera por el descaro de unos políticos que perdieron la credibilidad hace mucho. Ver firmar un pacto a conveniencia –como lo han catalogado algunos– con unos representantes de minoritarios y supuestos partidos opositores, permite entrever que la dictadura utilizar las últimas balas que le quedan en la cartuchera y sabe de su final próximo.

He aseverado que no existirán negociaciones de ningún tipo. Tal vez algún tratado de último minuto para evitar un derramamiento innecesario de sangre e impedir una sensación de catástrofe en toda la población.

Estos usurpadores, picapleitos sin remedio, montaron su escena lo más creíble posible. El regreso del Psuv a la Asamblea Nacional. La conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral sin ofrecer muchos detalles. Y, a los días siguientes, excarcelan al primer vicepresidente del parlamento, Édgar Zambrano, después de estar 135 días preso, como para hacernos creer que todo lo hacían de buena gana.

La víspera a la realización de este raro pacto que nos escarbó un tanto en el ánimo, Guaidó habían dejado en claro que daba por finalizada las negociaciones emprendidas en Barbados. Fue el mejor entremés para no caer en esta nueva ocurrencia de la tiranía venezolana.

Tras el engañoso acuerdo, el presidente de la AN se mostró impasible y tranquilo. Esgrimió su propio análisis, conocedor del momento histórico del país: “son elementos artificiales creados para tratar de distraer a la opinión pública”.

Las maniobras de Maduro y sus asesores pierden sentido. Tienen el ingenio empozado frente a las resoluciones próximas. La astucia se trocó en dificultad. La lucha intestina por defender el poder se les hará más dificultosa. Sus truculencias metidas como calzador no tienen el mismo calibre y ya no se las creen ni sus propios partidarios.

Por ello, la ciencia política en su conjunto se reinventa con nuevas estrategias. Lo retorcido ideado para confundir y que funcionó perfectamente hace algunos años, hoy es objeto de descontento masivo y se disipa sin mayores alardes. Lo fundamental es no perder las perspectivas de esta cruzada encomiable por liberar a Venezuela de su tristeza forzada.

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