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El peso de las palabras

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
“La libertad interior puede elevar al hombre muy por encima de su destino adverso”, Viktor Frankl

Dice el eclesiastés que “todo tiene su tiempo bajo el cielo, su tiempo el callar y su tiempo el hablar”, versículo que no conocen, no recuerdan o no les interesa a muchos cristianos en su tránsito vital. La prudencia es una de las virtudes que se debe practicar, más aun cuando se ocupa un lugar privilegiado en la escala social, donde juega un papel importante las cosas que se dicen, la oportunidad en que se dicen, y la forma cómo se dicen.

“Santificar una mentira y engañar con buena conciencia es la labor necesaria del arte” dice Nietzsche, por lo que no es buena práctica en la vida real, mucho menos lo es en la praxis política, y menos aún en el ejercicio del poder; recordemos a los grandes culpables de nuestra desgracia, engañando siempre, como si se tratara de una puesta en escena permanente.

Esta reflexión es importante porque tenemos muchos actores políticos con ínfulas de líderes, de dirigentes o jefes, en los que su lenguaje imprudente y procaz locuacidad no tiene límites. Alaban y ofenden; mienten y encubren; posan y gesticulan; amenazan e injurian. No tienen tiempo para callar, solo para hablar así sean barbaridades, lo cual confirma la sentencia de Einstein: la estupidez humana es tan infinita como el universo.

Existen otros personajes que en su total desacuerdo con todo y con todos o por tratar de imponer su “verdad” nos quieren impulsar a practicar el “quietismo irónico”, del cual nos hablara Harold Bloom, que es aquella actitud en que “cuando mejor estamos es cuando no hacemos nada con respecto a las realidades mundanas. Rechazamos el orden de la sociedad de manera tan absoluta que, en la práctica, es como si lo aceptáramos todo”. Volvamos la mirada hacia el equilibrio, la oportunidad y la forma como son expresadas nuestras palabras. Es una cuestión de sensatez e inteligencia.

También Paulo Coelho nos ilustra al respecto cuando señala “las palabras son para pesarlas, no para contarlas” o cuando nos dice “que el exceso de prudencia a veces se confunde con la cobardía”. Conviene entonces, poner en práctica las sabias enseñanzas del eclesiastés y asumir una elocuencia inteligente y sincera y una actitud prudente y oportuna para contribuir a lograr los objetivos que ya han sido enunciados: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Necesitamos como bien dijera el sacerdote José Pagola “una palabra más liberada de la seducción del poder y más llena de la fuerza del espíritu”, solo así se abrirá más el entendimiento entre los que participamos en esta lucha sin tregua; se generará más confianza hacia el liderazgo que la dirige, y se hará más creíble y factible nuestra liberación del yugo que nos oprime.

 

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