Maduro mata de hambre al pueblo

Emiro Albornoz León / Periodista / emiroalbornozl@gmail.com
Observando que cada vez la situación social de los venezolanos se agrava más cada día, hasta el punto que el salario mínimo de 40 mil bolívares mensuales no alcanza ni para un desayuno a un grupo familiar de cinco personas solamente, tengo que preguntarme si Nicolás Maduro, el usurpador de la presidencia de la República según resolución de la muy legítima Asamblea Nacional de Venezuela, vive en nuestro país o en alguna otra parte del espectro solar para no percatarse de este drama

Observando que cada vez la situación social de los venezolanos se agrava más cada día, hasta el punto que el salario mínimo de 40 mil bolívares mensuales no alcanza ni para un desayuno a un grupo familiar de cinco personas solamente, tengo que preguntarme si Nicolás Maduro, el usurpador de la presidencia de la República según resolución de la muy legítima Asamblea Nacional de Venezuela, vive en nuestro país o en alguna otra parte del espectro solar para no percatarse de este drama.

Si los personeros del régimen, todos bien gordos, que tienen todo a mano, que se cogen los pocos dólares que ingresan al país, que usufructan el dinero de todos los venezolanos, que andan en camionetotas de lujo importadas, que no sufren ni sudan una gota para comprar un juego de cauchos para sus lujosos vehículos, que tienen yates como los de García Carneiro, Diosdado, Aristóbulo y toda la camarilla comunista para quienes ser rico es malo, pero no para ellos, tampoco ven esta lamentable situación, se los voy a detallar.

Nicolás, una familia de cinco personas que desayune con 15 panes a 2 mil cada uno, por barato, le sale en 30 mil bolívares. Allí ya se le van tres cuartas partes del salario mensual. Le quedan 10 mil soberanos para comprar unos gramos de queso.

Perdón, porque pasé por alto la expoliación que sufre el pueblo trabajador en el Zulia, y así debe ser en todo el país con los costos de los pasajes en el transporte colectivo, agravado por la indiferencia de las autoridades regionales y municipales. Aquí no hay ni gobernador ni alcalde. Un trabajador tiene que pagar diariamente seis mil bolívares para trasladarse desde su hogar al trabajo y viceversa. Cinco días a la semana representan 30 mil bolívares, tres cuartas partes del salario mínimo. Esa es una de las tantas razones para que la gente ya no quiera ir a sus trabajos y prefieren hacer marañas para sobrevivir. O sea, que el salario mínimo es una miasma.

Sabrás, Nicolás, que la mayor parte de los venezolanos hace mucho tiempo que no le ven la cara a un pollo y mucho menos en los actuales momentos cuando un plumífero de apenas dos y medio kilos alcanzó la astronómica cifra de más de dos salarios mínimos.

Pero tú, Nicolás, debes darte todos los lujos del mundo al lado de “Cilita, la bonita”, así como tú le dices en cadena nacional en tus insoportables peroratas, con sus hijos sancionados por el tesoro norteamericano que son también los tuyos. Claro, sin los dos hijos-sobrinos que se encuentran cumpliendo casi 20 años de prisión por narcotráfico en una cárcel de Nueva York, porque no quisieron delatar a sus compinches a cambio de una rebaja sustancial de la pena.

El pueblo que pasa el hambre hereje y ya se ven legiones de seres humanos, mujeres y hombres, niños, ancianos, macilentos, exangües, alicaídos, tristes y pálidos porque el hambre les ha minado sus organismos, dice en la calle que Nicolás está gordísimo y hasta rosado se ve, que parece un cochino de esos blancos, bien cebados, que casi tienen la alzada de un caballo.

Maduro sabe del hambre y se hace el loco. El conocer perfectamente que en estos momentos el dólar oficial que oferta el Banco Central de Venezuela, por instrucciones suyas, ya remonta los 20 mil bolívares y ha hecho que el bolívar, calificado de soberano en la última reconversión monetaria, se pervierta más al punto que nadie lo quiere ni para usarlo como papel sanitario porque el salario mínimo no alcanza para comprar los siguientes alimentos: un cartón de huevos, un kilo de queso, un kilo de carne y un sobre de leche entera en polvo.

Pero él no es el culpable por su desastroso desempeño en su gestión legal de seis años y en lo que va de usurpación del poder. La culpa es de la guerra económica, que es un eslogan inventado por los comunistas españoles que lo asesoran para que termine de acabar con lo que queda en pie, cuento con el cual llevan más de seis años. Pero las medidas del Gobierno norteamericano que presionan al régimen para que entreguen el poder y permitan a los venezolanos darse un gobierno legítimo, y que tienen menos de un año, son también responsables de la grave situación económica.

Maduro, esta catástrofe que azota al pueblo venezolano es tuya, te pertenece enteramente, y por más que pretendas zafarte de ella, acusando a otros de tu desastre de gobierno, el pueblo no es pendejo y sabe que es de tu exclusiva responsabilidad y por eso te desprecia.

Maduro, eres un criminal porque estás matando de hambre al pueblo venezolano y tendrás que pagar por eso, tarde o temprano, pero pagarás.

Nicolás, danos un regalo a los venezolanos que en su casi totalidad no te quieren. Renuncia ya, y permite que busquemos una salida democrática a esta tragedia en que nos metiste por tu manifiesta incapacidad.

 

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