Distracción y caos

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
"Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido”, Jorge L. Borges

Lo que ocurre en el país es inaudito, imperdonable. Mientras los escombros institucionales evidencian la ruina de lo que fuera una nación pujante sobre la cual zapatea insensible la dictadura iniciada por un ególatra con ínfulas de héroe y continuada por bandas del hamponato político reforzadas por el bandidaje internacional, nuestros dirigentes políticos y políticos autoproclamados de la sociedad civil escenifican un alboroto vecinal, de barrio, para llamar la atención del mundo y de sus seguidores internos. 

Basta con leer y oír las declaraciones por los medios de comunicación social y por las redes sociales para sentir el escozor y la incomodidad de las ofensas, actitudes engreídas y procaces, destructivas, de unos contra otros, desviando el foco de lo que verdaderamente perturba que es la vulgar, corrupta e ineficiente gestión de un régimen bárbaro, atrasado y declaradamente inmoral.

Jorge Luis Borges en una de sus atinadas sentencias manifiesta que el destino, ciego a las culpas, puede ser despiadado con las mínimas distracciones. Así andamos, culpándonos de todo y comportándonos como si fuéramos funcionarios del régimen, y tal vez sin querer, lo favorecemos, o más detestable aún, nos entendemos con él. Mientras las opiniones se tornan más duras entre nosotros mismos, el adversario real continúa con el saqueo, las trampas, el engaño, el acorralamiento y la eliminación total del Estado de derecho.

El ejercicio de la política no debe seguir respondiendo al cálculo del beneficio personal o grupal, ni constituirse en patrimonio exclusivo de unos cuantos vivos e inescrupulosos. La política nos concierne a todos en cuanto ciudadanos que aspiramos a vivir en una sociedad libre. Los irresponsables decía Borges, son los enemigos viscerales de la libertad. Con ellos y con los distraídos el destino será implacable.

La única revolución palpable en nuestro país es la revolución de las expectativas crecientes, y a ellas, hay que prestarles atención. Nuestra gente piensa con cabeza propia, observa con malicia y actúa con viveza también cuando es burlada. Usemos nuestras capacidades e inteligencia para salir de los usurpadores y sus colaboradores, condición previa para refundar el orden democrático sobre la base del desarrollo de las instituciones fundamentales del Estado, el rescate de los valores que nos distinguen como nación y el establecimiento de un modelo de relaciones sociales basado en la igualdad de oportunidades, la no discriminación y la inclusión verdaderamente participativa.

No más distracciones. Acortemos el espacio entre lo que la mayoría de la población aspira y demanda y lo que los dirigentes políticos confiables y creíbles ofrecen. El destino de la patria está primero. La realidad nos atropella y el pueblo se desespera. Estamos al borde del caos, donde todos perderemos todo.

 

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