Llegó la guerra

Diego Lombardi / Economista / diego.lombardi.boscan@gmail.com / @lombardidiego
Los años por venir en Venezuela serán conflictivos. Esta afirmación parece obvia si se aplica bajo la óptica del contexto actual: un régimen autoritario en el Poder, un Gobierno paralelo con apoyo internacional, mega bandas delictivas con alto poder de fuego, población empobrecida, élite cómplice, y la extracción como principal potencial económico

Los años por venir en Venezuela serán conflictivos. Esta afirmación parece obvia si se aplica bajo la óptica del contexto actual: un régimen autoritario en el Poder, un Gobierno paralelo con apoyo internacional, mega bandas delictivas con alto poder de fuego, población empobrecida, élite cómplice, y la extracción como principal potencial económico. Pero, lo importante de prever años conflictivos para Venezuela es que los mismos estarán presentes incluso una vez el régimen salga del Poder, un cambio en Miraflores no luce suficiente para que todo vuelva a la normalidad, al menos una normalidad latinoamericana con sus altibajos y contradicciones. 

La gran novedad del Pacto de Punto Fijo fue que se logró un acuerdo general sobre el destino de Venezuela. La característica rentista del país permitió una simbiosis entre el sector político y el sector empresarial, políticos y empresarios tomaban whiskeys juntos, los intereses entre ambos mundos se mezclaban, y al final todos eran “socios asociados en sociedad”. Para bien o para mal esa realidad permitió que las élites estuvieran de acuerdo en un conjunto de normas básicas, que el país no tuviera mayores sobresaltos, y que las diferentes visiones de país fueron más un debate de prensa entre intelectuales, pero que en el fondo no afectaban la dinámica de ese acuerdo político – económico.

De lo anterior se desprendió una “ilusión de progreso”, un país que crecía económicamente y con estabilidad política. Sin embargo, bajo tierra se iba gestando la fractura del sistema, la desigualdad era el martillo que iba quebrando las bases de lo que se consideraba una Democracia estable. Finalmente, el quiebre llego, y desde ahí han sido dos décadas de una lucha sangrienta entre antiguos y nuevos intereses, algunos ya tan ligados entre si que son difíciles de separar, incluso de identificar. Los “socios” siguen presentes, nuevas caras se incorporaron y otras fueron desechadas, al final no todos caben en la misma mesa. 

Lo difícil del momento actual es que los intereses económicos, representados por antiguos y nuevos actores, no han logrado converger en un proyecto político común. Sus relaciones son secretas, algo cada vez más difícil en el mundo de las tecnologías de comunicación e información. Sin duda han intentado buscar ese punto de encuentro que permita dar viabilidad al país de tal manera de poder seguir obteniendo riqueza y poder, pero no contaban con dos factores: la atomización de los actores políticos, y la aparición del extremismo. La Venezuela de la segundad mitad del siglo XX podría decirse que se caracterizó por la convivencia entre dos Partidos Políticos moderados, hoy se está en el lado opuesto.

Cada vez hay más organizaciones vinculadas a la lucha por el poder político, los más visibles son los Partidos, pero en torno a ellos hay medios de comunicación, personas con cierta influencia, asociaciones, y muchos otros actores. Ninguno de ellos está bajo un paraguas específico, la verticalidad partidista que daba forma a las relaciones en Venezuela ya no existe, ahora son un conjunto de satélites girando caóticamente en torno al poder. El segundo aspecto es quizás más peligroso, el extremismo; Venezuela era un país que creía ser feliz, hipnotizado por la ilusión de progreso y el “como vaya viniendo vamos viendo”, donde se había instalado un “dejar hacer, dejar pasar” tropical.

La realidad hoy es distinta. Entre la atomización de la lucha por el poder y el extremismo es sencillo prever un alto grado de conflictividad. Quizás el régimen llegue a su fin, tal vez haya elecciones, es probable que la inversión extranjera se atreva a arriesgarse, y así el país empiece a salir de la pesadilla. Pero la fractura social es profunda, la lucha por el poder caótica, y los intereses obscuros son grandes y poderosos. La conflictividad en Venezuela no se acaba con el fin del régimen, la misma sólo será posible bajo dos escenarios: la imposición de una Dictadura (algo poco deseable, y poco probable en un mundo cada vez más atento de los DDHH), o un acuerdo político profundo, hoy poco probable por el extremismo reinante.

 

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