Pinochet, Fujimori, y María Corina Machado

Ángel R. Lombardi Boscán / Dir. del Centro de Estudios Históricos de LUZ / @lombardiboscan / eljuegodeloscaballos2009@gmail.com
Si bien quienes defienden esa tesis en primera instancia pudieran parecer voces aisladas, basta ver el espectro nacional con un poco más de distancia para percatarse que es un esfuerzo concertado. El eje político de ese movimiento es María Corina Machado, lo que no quiere decir que ella sea responsable de algunas afirmaciones extremistas que se escuchan por ahí

Un fenómeno no poco peligroso se está dando en Venezuela. Frente a la grave crisis humanitaria que se vive, con una situación económica y social cada vez más precaria, y sin una solución política real a la vista, la desesperación sigue ganando terreno. Esa desesperación, como es natural, se traduce en el deseo de encontrar una salida rápida y definitiva, lograr un cambio que pronto se traduzca en algo de bienestar y, con suerte, en la posibilidad de volver a imaginar un futuro personal distinto y para el país en general. Como en la Alemania de entre guerras, el caos generalizado es un terreno fértil para discursos de orden, de reivindicaciones para los humillados, y de regreso a la pureza social.

En Venezuela es cada vez más común escuchar personas que argumentan a favor de soluciones definitivas, de limpieza social, de permitir que una especie de puros de corazón asuman las riendas del país. La esencia de estas ideas está conectada con la visión de eliminar todo lo que sea distinto, comenzar la historia (otra vez) desde cero. A diferencia del Chávez de finales del siglo pasado, la salvación ahora viene de la mano del liberalismo, pero no uno político y que respete algunos preceptos fundamentales del liberalismo clásico, sino una “salvaje”, en el que si pudieran desaparecer al Estado lo harían. El nuevo salmo gira en torno al mercado y su infinita sabiduría, según esta nueva tendencia en el país.

Si bien quienes defienden esa tesis en primera instancia pudieran parecer voces aisladas, basta ver el espectro nacional con un poco más de distancia para percatarse que es un esfuerzo concertado. El eje político de ese movimiento es María Corina Machado, lo que no quiere decir que ella sea responsable de algunas afirmaciones extremistas que se escuchan por ahí. Sin embargo, todo parece indicar que esas voces radicales encuentran en ella un espacio de articulación natural, quizás por aquello del enfoque liberal que comparten. Machado los necesita porque de alguna manera esas voces radicales tienen cierto público, y estos a su vez la necesitan a ella para poder ser una alternativa política.

El riesgo de lo anterior es que María Corina Machado tendrá que aceptar desde los más moderados a los más radicales si quiere llegar a ser mayoría, y en ese contexto los radicales suelen prevalecer. Así como el estalinismo se impuso al trotskismo en la Revolución Rusa, y los jacobinos prevalecieron por encima de los más moderados girondinos en la Revolución Francesa, en un eventual ascenso al poder por parte de Machado, no sería descabellado pensar que los más radicales de su entorno se impongan a los más moderados. De hecho, hay quienes piensan que eso es lo que ha pasado en el período posterior a la muerte de Chávez, que los más radicales se impusieron a un ala moderada.

Frente a ese escenario una pregunta natural es acerca de las posibilidades que tiene una corriente de esta naturaleza para acceder al poder. Ahí es donde Machado, quizás sin saberlo, es una pieza para otros intereses. Ella es el canal a través del cual los radicales ven una opción de llegar al poder. En una encuesta reciente se señala que Guaidó es el líder más popular con casi 48 % de apoyo, seguido de López (32 %), Machado (29 %), y Capriles (23 %). Si bien la diferencia con Guaidó es alta, en pocos meses, ante la falta de resultados concretos, Machado pudiera posicionarse como la primera opción política. Esto pudiera explicar porqué los ataques constantes de ese sector radical que la acompaña hacia Guaidó.

La fórmula de Machado se parece a la de Keiko Fujimori, se basa en un discurso de confrontación, de llamado a orden, que para algunos pudiera lucir valiente y sincero. En Perú, Keiko se ha postulado en dos ocasiones como presidenta, en las elecciones de 2016 obtuvo el 40 % de los votos, siendo la que obtuvo mayor votación, duplicando a su contendiente más cercano. Eso obligó a todas las demás fuerzas unirse para derrotarla en la segunda vuelta. Las posiciones radicales como la de Machado, y como la de Keiko, difícilmente logren aglutinar una mayoría aplastante, pero sí pueden ser la minoría mejor organizada, y con eso imponer una agenda dominada por los extremistas que la rodean.   

 

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