El torero y la verónica

Crisanto Gregorio León / Escritor / crisantogleon@gmail.com
Le imploramos al Creador que cambie los corazones de nuestros angustiadores. La tauromaquia no es un arte, es un crimen, un espectáculo que satisface la necesidad enfermiza de sangre de un público inhumano y anticristiano; que da vítores por cada verónica y deposita su cuota en su banco de pecados

Hay quienes practican cruelmente el pecado de maldad y hacen la vida de sus semejantes, una crucifixión. Leemos en proverbios 22:10, que existen personas tóxicas que generan maldad. Cuando entre otros actos, te ocupas de fastidiarle la vida a tus semejantes con toda clase de infamias e injusticias, así lo destruyas en ese afán, no dejas quieta tu indómita lengua viperina, y violas las leyes de Dios y la de los hombres. Revísate y ocúpate de salvar tu alma, fíjate el daño que haces a tu hermano con tu actitud. Creas un Cristo, por envidia, por celos, por perversidad o gratuitamente porque tu naturaleza es dañina.

¿Has hecho alguna vez un recorrido por la historia de tu vida, y has analizado cómo lograste tus éxitos, si pisoteando y humillando a los demás o acaso por tus actos de bondad, u hostigando a tus semejantes como quienes flagelaron al Nazareno? Sientes complacencia en tus mentiras y te dejas usar, permitiendo al demonio ganarte el alma.

Nunca se hace la maldad de manera tan plena y alegre, que cuando se hace bajo un falso principio de conciencia. Haz las retrospecciones necesarias y analiza la maldad que con tanta ligereza les haces a los demás.

¿Por cuánto tiempo seguirás sembrando inquina en contra de tu semejante?, ¿acaso piensas que es algo encomiable destruir la reputación de quien ante los ojos de Dios es tu hermano y mayormente si es inocente?, ¿por qué le quitas o le disminuyes el trabajo a tu hermano para que tenga un salario de miseria?, ¿por qué tanta altivez y no reflexionas sobre el efecto bumerang?, ¿por qué te las ingenias para crear artificios que justifiquen tus argucias para hacer ver como verdad lo que es falso y al revés?

Tienes una habilidad nivel Satán para mentir, para justificar tus actos y olvidas lo que te enseñó tu madre al impartirte el octavo mandamiento de la ley de Dios. Fundamentas tus acciones en mentiras así te lleves por delante la vida de quien sea. Es una sociedad de falsedades y oprobios. Mírate, introspecciónate y percátate que para justificarte ante otros o ante tu propia persona, mientes con holgura en tanto puedas malograr la vida de tu hermano, conseguir lo que te propones así sea ilegal o injusto y/o permanecer donde estás. No te pones a pensar que morirás y que Dios te pedirá cuentas ante un tribunal Divino. Recuerda que has hecho cuantas maquinaciones te ha permitido lo que ostentas para quitarles el pan de la boca a un hijo de Dios y a su familia. O a muchos.

Si tan solo pensáramos, durante todo el tiempo que permaneceremos muertos, seríamos mejores personas el poco tiempo que permaneceremos vivos. Morirnos, eso sucederá en cualquier momento y no nos preparamos para cuando estemos frente al justo juez, sino que nos manejamos como si fuéramos eternos y llegará el momento que todo cuanto hemos hecho para dañar a otro, para impedir que otro obtenga un empleo o para lograr que lo despidan, todo lo que haces para impedir el éxito de otros, para fracturar el ascenso de otros, todo lo que hacemos para menguar el salario de otros; de toda esa maldad y por toda esa maldad, como la planeas y ejecutas, como te emperifollas al verla materializada y como te mofas y te tornas con pedantería y jactancia, por todo eso se te juzgará y tendrás un chirriar de dientes que ya no te servirá de nada; porque nunca soltaste el látigo de verdugo. Porque te enseñoreaste en contra de los que te servían y enalteciste la maldad por encima de la bondad y la humildad. Sumado a tu banco de pecados.

Y el quinto mandamiento, ah el quinto mandamiento. Tal vez dirás yo no he matado, pero cada día asesinas a tus semejantes con tus acciones que les disminuyen nivel y calidad de vida, que les haces la vida más y cada vez más difícil, dura y te desentiendes del sufrimiento de los demás. Planificas el modo y la forma como cansar a tu prójimo para que sea su voluntad y no la tuya -mientras impones la tuya con tus tácticas que ejecutan tus sirvientes- , por la que deserte resignado. Revísate y piensa quién maneja tu voluntad, si es una entidad divina o es el propio Satanás, que ya es el dueño de tu alma. 

Si el demonio es tu conciencia, seguro le cortarás la cabeza al Bautista, por haber osado decirte lo que ningún adulador te diría jamás. Pero si por el contrario enderezas los entuertos y procedes con justicia y pureza, tu conciencia mantiene la presencia de Dios. Ustedes, los otros y nosotros, también sentimos, sufrimos y lloramos. Por eso le imploramos al Creador que cambie los corazones de nuestros angustiadores. La tauromaquia no es un arte, es un crimen, un espectáculo que satisface la necesidad enfermiza de sangre de un público inhumano y anticristiano; que da vítores por cada verónica y deposita su cuota en su banco de pecados. 

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