Lo electoral no es lo primero, ¡es lo último!

Leandro Rodríguez Linárez / Politólogo / leandrotango@gmail.com / @leandrotango
Lo que transciende no es lo electoral propiamente, es la desinstitucionalidad, el secuestro del poder público, de los recursos de la nación, de sus armas a favor del régimen castrista en Venezuela, que mantiene en situación de secuestro la República

Ante la inoportuna posibilidad de eventuales procesos electorales, presuntamente pautados para un lapso de nueve meses, lo primero que debemos abordar es que la extrema descomposición institucional y ambiental (en lo político y social) exige profundos cambios. En el marco actual, estos procesos electorales son faraónicamente absurdos porque:

1) Nueve meses serían suficientes para elegir un nuevo CNE, depurar REP, habilitar voto internacional (las estructuras diplomáticas internacionales aún están en manos del PSUV), entre otras exigencias más, nueve meses arrojaría un proceso electoral chucuto, forzado solo útil a intereses aislados.

2) No solo el CNE es grave problema, lo es la ANC, el TSJ y demás instituciones psuvizadas, atentatorias contra la legítima voluntad del pueblo, así lo han demostrado con creces, antes de cualquier proceso electoral se debe solucionar ese intervencionismo. 

3) Los elevados niveles de abstención no son una opinión de quien les escribe, tampoco es una hipótesis es un hecho político consagrado, demostrado fehacientemente en los últimos comicios desde 2017, es un fenómeno que debe ser comprendido que advierte flagrantemente el repudio del electorado a la crisis de desinstitucionalización, abstencionismo que se mantendrá mientras continúen ocupando esos cargos misma casta política.

Lo que transciende no es lo electoral propiamente, es la desinstitucionalidad, el secuestro del poder público, de los recursos de la nación, de sus armas a favor del régimen castrista en Venezuela, que mantiene en situación de secuestro la República. Absolutamente nada logran los venezolanos obteniendo un triunfo electoral si las instituciones psuvizadas inmediatamente neutralizan o anulan las plazas liberadas por voluntad del pueblo, así quedó demostrado cuando se le arrancó soberanamente la Asamblea Nacional al régimen y éste le implantó un desacato inconstitucional, cuando el PSUV pierde alguna Alcaldía o Gobernación, los electos por el pueblo son depuestos de sus cargos, apresados, inhabilitados y pare de contar. Así lo electoral es inútil.

Si no fuera así, tengan la plena certeza que el castrismo venezolano ni remotamente colocaría en el tapete el tema electoral, pues sabe en la actualidad, que aún siendo la clase política más repudiada en la historia del país, las ganaría todas porque tienen el control total de ese escenario, por ello clama a gritos el adelanto de las elecciones de la Asamblea Nacional, dicho sea de paso, si las lograse adelantar y ganarla solo agregaría una más a su larga lista de instituciones inconstitucionales, ilegítimas y desconocidas interna e internacionalmente.

Parece que a la dirigencia política opositora 20 años después, aún le cuesta un mundo comprender, que el castrismo venezolano es especialista en ganar tiempo dialogando infructuosamente, que jamás respetará algo pactado, que tampoco aceptaría elecciones justas, limpias, y transparentes, porque ello implicaría su casi aniquilación, dejándolos a la intemperie contra cientos de acusaciones en su contra, cualquier negociación debe pasar primero e indefectiblemente por el cese total de la usurpación antes de pretender lo electoral.

Comprendamos, por todo lo explicado arriba, lo electoral no es lo primero, antes se debe lograr el cese de la usurpación, crear condiciones institucionales no mínimas sino óptimas, para materializar procesos electorales cónsonos a la voluntad del pueblo. Lo electoral no es lo primero como quiere hacerse entender furtivamente, no, ¡es lo último! El premio final tras haber superado al castrismo venezolano y haber alcanzado nuestra segunda libertad, es nuestra segunda independencia. Un proceso electoral con el castrismo en posición institucional, es un acto de complicidad, de alta traición entre el régimen y quienes la promuevan y decidan participar.

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