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El comunismo no podrá doblegarnos

Emiro Albornoz León / Periodista / emiroalbornozl@gmail.com
No han podido censurar nuestras voces ni nuestros pensamientos. No pueden encarcelar el hambre de libertad del pueblo venezolano, ya que el tiempo mismo está contra ellos, y no pueden matar a todo un pueblo, y mucho menos al tiempo. Maduro está solo y acorralado

El comunismo internacional, con el sátrapa, asesino y dictador de Fidel Castro a la cabeza, logró uno de sus objetivos más importantes como era llegar al poder en un país rico en petróleo y todo tipo de materias primas con que la naturaleza prodigó a Venezuela, para expoliarnos y sostener su nefasto proyecto ideológico.

Lo lamentable de este hecho es que no llegó por la vía violenta como muy bien lo reza una de las principales premisas de estos bárbaros desalmados: “la violencia es la partera de la historia”, sino porque un demente, golpista y traidor a los intereses de su patria y del pueblo venezolano, el felón Hugo Chávez Frías, le tendió la alfombra roja.

Fueron 13 años de despotismo los de Chávez, quien hubiera querido estar en el poder hasta el final de los tiempos, porque era un hombre enfermo de mando, pero también era un enajenado mental a quien le fue solicitado en sus tempranos comienzos de absolutismo gubernamental, un examen psiquiátrico porque habían elementos de convicción de sobra, para presumir serios problemas de conducta en este ser. Lógicamente que la solicitud realizada por ante el Tribunal Supremo de Justicia no podía prosperar, porque ya se encontraba arrodillado ante el hombre que fraudulentamente había prometido una democracia participativa y protagónica.

Chávez, con un discurso manipulador, cual encantador de serpientes, y utilizando los recursos cuantiosos que una coyuntura mundial en el orden petrolero, hizo que Venezuela recibiera por la venta de su principal producto de exportación, una descomunal fortuna que sobrepasó el billón de dólares en apenas 10 años, con los cuales comenzó aquella malvada estrategia de regalar dádivas a los pobres para mantenerlos como clientes de su proyecto de destrucción de Venezuela, porque eso, y no otra cosa, significó su régimen, exacerbado en los últimos seis años por su sucesor, Nicolás Maduro.

Para tener una idea de lo que significa esta cifra vale recordar que con 13 mil millones de dólares que dispuso el Gobierno de los Estados Unidos, con el llamado Plan Marshall, se comenzó la reconstrucción de la Europa occidental destruida por los bombardeos de los alemanes durante la segunda guerra mundial. Este cronista no sabe muy bien cómo calcular esos guarismos, pero se trata de más de mil planes Marshall, y Venezuela se encuentra hoy en ruinas, con una crisis humanitaria o catástrofe que afecta a más del 80 por ciento de la nación y ha hecho que cerca de cinco millones de sus habitantes hayan salido del país en un éxodo que jamás se había presentado ni siquiera en países en guerras intestinas.

Nos han querido imponer el mismo régimen que durante 60 años ha soportado el sufrido pueblo cubano, donde solamente la camarilla que usurpa el poder es la única que tiene derecho a vivir la vida loca, a disfrutar del dinero que es de los cubanos, a beber los más finos licores franceses, degustar las más excéntricas delicatesses, y las grandes mayorías, con una carta de racionamiento a la que tienen que ajustarse y de la cual están ausentes las carnes de cualquier tipo y otros alimentos.

Pero aun cuando llevan dos décadas totalmente perdidas en el poder, no han podido reducir ni doblegar la voluntad democrática del pueblo venezolano, que en estos momentos rechaza a Nicolás Maduro en porcentajes que sobrepasan el 90 por ciento de la nación, y de allí su terco empeño en negarse a realizar unas elecciones presidenciales limpias, con un CNE imparcial que anime a los venezolanos a salir a votar, en la seguridad que su voluntad será respetada.

No han podido callarnos. Han cerrado medios impresos de manera física, secuestrando la posibilidad de adquirir papel periódico, pero éstos siguen en su posición crítica por Internet. Han cerrado estaciones de radio, pero no pueden cerrar las redes sociales y mucho menos la Radio Bemba. Han asesinado centenares de jóvenes en las protestas pacíficas, con sus fuerzas de choque ilegalmente armadas y con las fuerzas de seguridad del Estado, especialmente la Guardia Nacional, calificada de bolivariana para tristeza del Padre de la Patria. Han asesinado a presos políticos lanzándolos desde las alturas de los organismos donde se encuentran detenidos, como es el caso del Concejal Fernando Albán. Han matado a punta de brutales torturas a miembros de la FAN, detenidos bajo la acusación de sedición, como el Capitán Acosta, pero no han podido matar ni silenciar, ni sacar de las calles, al pueblo venezolano.

No han podido censurar nuestras voces ni nuestros pensamientos. No pueden encarcelar el hambre de libertad del pueblo venezolano, ya que el tiempo mismo está contra ellos y no pueden matar a todo un pueblo, y mucho menos al tiempo. Maduro está solo y acorralado. Todo es cuestión de tiempo. 

 

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