Personas, no modelos

Diego Lombardi / Economista / diego.lombardi.boscan@gmail.com / @lombardidiego
El reto no es sencillo, pero el primer paso es comprender que está presente, que sin empleos de calidad cualquier intento de progreso será en vano, y la región como un todo seguirá moviéndose entre el péndulo de las ideologías de izquierda y derecha

América Latina continúa siendo una región de contrastes sociales acentuados. Autopistas modernas se cruzan con carreteras abandonadas, grandes edificios tienen vista hacia barriadas marginales, las bellezas naturales conviven con infraestructura deficiente, excelentes profesionales se abren camino entre personas con empleos de baja calidad. Esa realidad es la gran tarea inconclusa de la región, es una gran mancha que afecta toda su belleza, y sin duda, frena su gran potencial de desarrollo. Es inviable que realidades tan antagónicas convivan sin hacerse daño, mucho menos sin que entre ella se vaya sembrando un resentimiento que más pronto que tarde termina en odio.

La respuesta ante dicha realidad no es otra que la del diseño e implementación de estrategias que disminuyan los desequilibrios sociales. Para algunos la respuesta está en dejar que el mercado regule las interacciones sociales y de ahí que cada uno logre abrirse camino, como si se tratara de la lucha de las especies por sobrevivir. En el otro extremo están los que abogan por un gran arquitecto social que regule todo, ese gran hermano que trata de imponer la igualdad a la fuerza; sin embargo, en este caso el resultado invariablemente siempre es el mismo, unos pocos terminan sometiendo a la mayoría. Entre estos dos extremos se mueven muchas otras tendencias intermedias.

La realidad ha mostrado que ninguno de los dos extremos funciona, el egoísmo del ser humano hace de las suyas en uno y otro. En el primer caso, ese egoísmo apela al “hombre lobo del hombre”, a la lucha por la sobrevivencia del individuo por encima del colectivo. En el segundo caso, quienes asumen el rol de dirigir a los demás también son egoístas, también usan su posición de poder para beneficio propio. Así, de lo que se trata en última instancia no es de modelos vacíos que en teoría son unos mejores que otros, la realidad es que esos modelos los ejecutan personas, y son las acciones de esas personas las que generan los resultados de un modelo u otro.

Esas personas como individuos tienen características similares a muchas otras, pero también rasgos distintivos. Lo mismo ocurre con el agregado de un conjunto de personas en un espacio geográfico determinado, el vínculo entre ellas termina dando forma a un conjunto de características sociales propias de ese lugar. Este hecho es fundamental para comprender por qué en algunos países o regiones unos modelos funcionan y en otros no. El sistema chino, con mucho de capitalismo, no podría funcionar en los países nórdicos, así como el modelo de estos no podría funcionar en México. Cada región, y las personas que las conforman, tienen características específicas que determinan la viabilidad de los modelos.

América Latina, a pesar de las características propias de cada país, enfrenta varios retos, uno de ellos es la capacidad de lograr mayor inclusión. Para algunos es a través de la igualdad de oportunidades, para otros es en base a políticas sociales fuertes. Un punto de encuentro entre estas dos visiones puede ser la creación de empleos de calidad. A través de la igualdad de oportunidades se contribuye a que las personas sean aptas para tener empleos de calidad, en tanto que esos empleos de calidad a su vez sirven para financiar sistemas sociales más sólidos. Se trata así, de un modelo en el que se vincula a la persona con el colectivo. Así las personas logran desarrollarse como individuo, pero también aporta al colectivo.

Una de las dificultades de las políticas de generación de empleos de calidad, es que las mismas son de largo plazo, requieren un impulso sostenido por muchos años. Es ahí precisamente donde América Latina ha fallado en general, más allá de ejemplos específicos, la realidad ha mostrado que la mayoría de la población cuenta con empleos de baja calidad, lo que se ha convertido en una traba importante para poder encaminar los países hacia una senda de progreso. El reto no es sencillo, pero el primer paso es comprender que está presente, que sin empleos de calidad cualquier intento de progreso será en vano, y la región como un todo seguirá moviéndose entre el péndulo de las ideologías de izquierda y derecha.

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