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¡Con más fuerza!

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
Estamos en favor de la democracia, la libertad y la defensa de los derechos humanos, o del lado de quienes los mancillan y violan descaradamente. La neutralidad en nuestro caso pone a quien la asuma del lado del opresor, y recordemos que en política, llegar tarde es no llegar

“Estamos condenados a ser libres. La libertad pertenece a la estructura misma de la conciencia”. Jean P. Sartre

Creo que “todas las opciones sobre la mesa” se han venido poniendo en práctica. Sin embargo, como espectadores de esta película que no termina por definir su final, observamos una serie de hechos que nos mantienen en vilo, pero, si los vemos con detenimiento, pareciera que nos aproximamos a su momento definitivo, si los protagonistas actúan de manera oportuna. El horror y el sufrimiento no deja de sorprendernos, mientras se cumplen protocolarmente los pasos estratégicos que el Presidente encargado y sus aliados han concebido.

El despiadado trato al Capitán de Corbeta y sus familiares por los necrófilos personajes del régimen; la indiferencia ante la actitud de los pantanosos pajarracos que dejaron sin vista a un jóven de 16 años; las ofensas y el descrédito lanzados contra la representante de la Organización de Naciones Unidas para los Derechos Humanos por presentar un informe que no les satisface, porque no les favorece; y la bienvenida al Sr. Ravi Shankar, otro vivo después de Sai Baba, que viven del negocio de una supuesta religión que gusta y anima a los dictadores, son señales de que estamos en la etapa culminante, pero cada vez más peligrosa, de los estertores de una neodictadura que amerita acabar con ella, darle la estocada final antes de que cometa más atrocidades.

He venido sosteniendo que entre los demócratas el diálogo es una necesidad, pero, con los tiranos, es una necedad. Como muestra tenemos los fracasados intentos de la República Dominicana, Noruega y Barbados que han servido para darle  oxígeno a los usurpadores y ataques desmedidos a los representantes de la oposición. Es comprensible si lo consideramos como una “opción” sobre la mesa. El diálogo de buena fe con los asaltantes del Estado, que lo tienen secuestrado y sometido a sus maléficos propósitos, ha llegado a su fin. Así debe considerarse.

Es necesario convencer a nuestros aliados de la necesidad del uso de otra “opción”, con más fuerza, porque a las buenas no será. Hay que hacerles entender que hay que actuar con conciencia porque la mala conciencia, como dice Sartre, “consiste en no hacerse cargo de las propias elecciones y actuar como si no estuviese eligiendo nada”.

Estamos en favor de la democracia, la libertad y la defensa de los derechos humanos, o del lado de quienes los mancillan y violan descaradamente. La neutralidad en nuestro caso pone a quien la asuma del lado del opresor, y recordemos que en política, llegar tarde es no llegar. Venezuela no sólo se ha convertido en un problema político, social y económico para la región, es un serio problema humanitario, que pone a prueba nuestra condición de seres humanos y la conciencia de que lo somos.

 

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