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El oscurantismo revolucionario

Emiro Albornoz León / Periodista / emiroalbornozl@gmail.com
Ninguna nación está en capacidad de soportar la pérdida continua y sostenida de sus cerebros más brillantes y productivos, sin sufrir las graves consecuencias que esto conlleva. Sabrán que los países que se atrasan en lo intelectual quedan metidos en una vorágine de pobreza crónica

Tendrán idea estos vendepatria revolucionarios del daño que le han hecho a nuestro país, al pervertir el sistema educativo de la manera como lo han hecho. Tendrán idea del desastre que han causado con su demencial aplicación de un sistema ideológico, como el castrocomunismo, a la economía del país, acabando con su base productiva y el crecimiento económico, sumiendo en el desempleo y la pobreza a millones de venezolanos que han entrado en una diáspora que no tiene parangón en la historia del mundo. Ni siquiera comparable con el éxodo del pueblo de Israel.

Tendrán idea de cómo esa diáspora nos ha ido dejando sin valiosos profesionales en todas las ramas del saber, de los cuales solamente médicos, en su mayor parte especialistas, ya suman 26 mil que se han marchado a otros países del continente, de Europa, Asia y África, según las cifras que maneja la Federación Médica Venezolana.

Sabrán que los países que se atrasan en lo intelectual quedan metidos en una vorágine de pobreza crónica y cada vez se afianza su condición de satélites o colonias de aquellas naciones adelantadas hacia donde se desplazan los profesionales que huyen del colapso económico. Ninguna nación está en capacidad de soportar la pérdida continua y sostenida de sus cerebros más brillantes y productivos, sin sufrir las graves consecuencias que esto conlleva.

Veamos el caso de nuestras Universidades nacionales, unas de las principales víctimas de la catástrofe causada por la revolución.

Voy a referirme al caso concreto de mi Alma Máter, la Universidad del Zulia, de cuyas aulas egresé. Se estima que más del 40 por ciento del personal docente de todas las facultades, se han marchado del país. En igual proporción van los estudiantes y los egresados. Buena parte de quienes se marchan, no esperan terminar sus estudios de pregrado porque la crisis económica los empuja a irse para poder ayudar a los familiares que dejan aquí, amenazados por la hambruna y la falta de atención en materia de salud, y el colapso de los servicios públicos en general.

Recientemente, en una oportunidad que llevé a mi hija que se encuentra culminando sus estudios de Idiomas Modernos en la Facultad de  Humanidades y Educación de LUZ, me bajé para caminar otra vez por los pasillos del lugar donde egresé como profesional 40 años atrás, ante las quejas de ella porque generalmente asisten los alumnos y no reciben clases por la ausencia de profesores que no pueden llegar a las aulas, porque el vehículo que tenían se les dañó y no tienen cómo repararlo, y el transporte público no existe prácticamente, porque la mayor parte de las unidades se encuentran en cuatro bancos.

Fue deprimente observar aquel espectáculo. Todo era desolación. El  alegre bullicio de centenares de alumnos acudiendo a las distintas aulas de las numerosas escuelas de la Facultad, no se sentía. Se podían contar fácilmente unos que otros caminando por los pasillos. El cafetín donde había que hacer colas en otros tiempos antes de llegar esta plaga revolucionaria, prácticamente está desierto y tuve información que estaban por cerrarlo, porque sencillamente los alumnos no tienen ni para pagar su traslado a la Universidad, menos para ir a tomar un refrigerio.

La biblioteca, atestada de estudiantes que acudían en sus horas libres a realizar sus investigaciones para la realización de las tareas que se nos encomendaban, se veía sola. Imagino que ese es el cuadro general, del resto de las Facultades que integran la Universidad del Zulia y el resto de las Universidades con pensamiento crítico, que el régimen no ha podido someter, y las ahoga con los presupuestos irrisorios que les asigna para que no puedan funcionar como es debido, sin tomar en cuenta el gran daño que le ocasionan al país. Es la práctica del oscurantismo revolucionario.

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