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El sol de la libertad

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
Apliquemos nuestro conocimiento para ayudar a transformarla e imponer el dominio de la verdad y la transparencia sobre lo incierto y lo turbio, con la seguridad de que nunca jamás volveremos a sucumbir ante el populismo, la demagogia y la delincuencia transnacional organizada

“Debemos educar al ciudadano para que aprenda a utilizar el poder en forma compartida”. Carlos Fuentes

Decía John Dewey que el conocimiento siempre pretende el dominio y la seguridad. En su caso, esa afirmación se refiere al dominio sobre la incertidumbre y la seguridad sobre la realidad que nos rodea. El conocimiento busca tener mayor certeza, despejar la oscuridad con que se presentan los fenómenos; intenta descubrir todo lo concerniente sobre ellos, tener la seguridad del porqué ocurren las cosas y sus verdaderas causas y consecuencias o acercarnos lo más posible a ellas, por eso, el análisis de los problemas sociales se torna difícil, la naturaleza del comportamiento humano obedece a múltiples factores, y el hombre, siempre busca explicaciones y soluciones sencillas a los asuntos complejos de la vida.

Los dictadores siempre pretenden idiotizar a sus pueblos, y generalmente lo logran por determinado tiempo. En esas circunstancias, el engaño, la mentira, la burla, se vuelven cotidianas y permanentes. Afortunadamente existen sectores de la población impermeables a ese ambiente de degradación colectiva y logran con mucho esfuerzo y riesgo que su discurso y sus acciones se impongan sobre la ignominia, sobre la injusticia, la mediocridad, y sobre todo lo que se oponga al progreso, al desarrollo económico y social, a la inteligencia, y más aún en esta época, al avance del conocimiento científico y tecnológico.

Evitemos la confusión, Venezuela es un ejemplo viviente de esa realidad que lacera. Por eso debemos valorar en su justa dimensión el esfuerzo y el sacrificio de un hombre joven y de quienes solidariamente enfrentan valientemente  a la dictadura que nos legó Chávez y que sigue con Maduro, la cual está próxima a desaparecer.  

Nuestra atención tiene que estar fija en salir del oprobio y la vergüenza del siglo XXI que ha significado este experimento de atraso y barbarie; simultáneamente,  todos debemos hacer esfuerzos para reconstruir la Patria. Porque, dicho en palabras de Toffler: “Pocos problemas supondrán mayor desafío que la creciente disfuncionalidad sistémica de tantas instituciones, en relación mutua pero desincronizadas.” Se observa un escenario cada vez más turbulento, con cambios drásticos que modifican la concepción del universo y de todos los que habitamos en él.

Tratemos de mantener el entusiasmo para la lucha ante esa realidad cambiante. Apliquemos nuestro conocimiento para ayudar a transformarla e imponer el dominio de la verdad y la transparencia sobre lo incierto y lo turbio, con la seguridad de que nunca jamás volveremos a sucumbir ante el populismo, la demagogia y la delincuencia transnacional organizada. Entendamos que la solidaridad no es automática, salvo la que se practica entre bandidos en obediencia a una jerarquía criminal.

La solidaridad entre los buenos es hacer causa común con lo que más conviene a la nación y para ello nuestra causa está al lado del Presidente Encargado Juan Guaidó y la Asamblea Nacional legítima, al lado de la legalidad y la justicia. Al lado del orden sin atropellos y sin intereses mezquinos. El sol de la libertad comienza a abrirse paso entre los oscuros nubarrones. 

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