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¡Bien acompañado!

El pueblo venezolano está esperando una reacción inteligente de nuestros líderes, parte de ese pueblo milita supuestamente en los partidos políticos que conducen y están esperando un gesto unitario, que nos convoque a todos a un acto final y definitorio, para provocar el cese de la usurpación 

“Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido”. Jorge Luis Borges

Escribía por estos días a un amigo venezolano, analista crítico y sensato de la apremiante situación del país, que las actitudes de algunos líderes políticos luce decepcionante. Que nuestra nación está exhausta, sobre todo a nivel de los productores que tienen que luchar contra muchos inconvenientes para hacer lo que saben hacer: Producir toda clase de bienes y productos para mantener la economía a flote. Ni se diga de los consumidores, que somos todos, que no consiguen qué consumir y lo que consiguen deben pagarlo a precios espaciales, astronómicos, enfrentados, como estamos todos, a una espiral descendente que tiene arruinado el país.

“No tenemos país, me decía, sólo un territorio de extracción en manos de unos delincuentes. Una mina que van saqueando diferentes bandas y repartiendo hasta el agotamiento total, hasta que no quede nada. Aquí lo único que ha venido venciendo son los egos y las ansias de poder de cada quien por llegar al poder”.

Mientras tanto, el tiempo juega a favor de los indolentes e insensatos, que han demostrado una gran habilidad y audacia, para mover los resortes del gran poder que han concentrado. En un artículo anterior, yo manifesté y lo sostengo todavía, que entre demócratas el diálogo es una necesidad, pero, con una dictadura, y más con una empresa criminal en el poder, el diálogo es una necedad. No digo ingenuidad, porque en el ejercicio de la política, y más aún en la política dominada por filibusteros, no hay ingenuos; mucho menos podemos esperar actos de nobleza. 

En momentos en que escribo este artículo, vienen a mi mente dos frases contundentes del autor de la cita: “Me asombro tanto cómo es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo”. No acabo de entender, a pesar de haber participado del juego político en la universidad, y aún después de haber logrado mi jubilación, cómo se puede tener una actitud tan egoísta con el país, en estos difíciles momentos de tribulación nacional y con los apoyos recibidos mal aprovechados.

John Dewey precisa que “el fundamento de la democracia es la fe, en la capacidad de la naturaleza e inteligencia humana, y en la experiencia asociada en forma de colaboración y solidaridad”. Yo quiero creer en esa afirmación e invocar de nuestros dirigentes un comportamiento más humano, porque nuestra situación es una verdadera calamidad humanitaria.

El pueblo venezolano está esperando una reacción inteligente de nuestros líderes, parte de ese pueblo milita supuestamente en los partidos políticos que conducen y están esperando un gesto unitario, que nos convoque a todos a un acto final y definitorio, para provocar el cese de la usurpación. No esperemos que la desesperanza nos lleve a la dolorosa conclusión de Borges: “Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía.” Yo quiero estar bien acompañado con otros millones de venezolanos y no sólo conmigo mismo.

 

 

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