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El Metro de Caracas o lo que le pasa a Venezuela

José Manuel Rodríguez / Consultor político/ josemrbconsultor@gmail.com
El éxodo que sufre la nación también es cosa del Metro de Caracas, cada vez se ve menos personal que atienda a los usuarios, los empleados que alguna vez orgullosos portaban el uniforme de la institución, han venido siendo sustituidos gradualmente por milicianos

“Cuando se sincera la economía hay un precio que pagar, por eso es peligroso el populismo: es el sacrificio del futuro por un presente efímero”. Mario Vargas Llosa

Los que a diario usamos el metro de Caracas, nos encontramos a diario con la triste realidad que vivimos los venezolanos a diario. El Metro de Caracas, sistema de transporte público masivo, que en otrora fue el orgullo de todos los caraqueños, cayó víctima del populismo voraz de un sistema político que en 20 años devoró a nuestra nación. Vagones sucios, mal olientes y sin aire acondicionado, infraestructura deteriorada, escaleras mecánicas dañadas son el día a día con el que tienen que lidiar los usuarios de este transporte que con el correr del tiempo se ha convertido en la aorta de la ciudad, que mueve el flujo vital de personas de un extremo a otro de la maltratada Caracas.

Así como vivir en cualquier ciudad o pueblo de nuestro país se ha convertido en un verdadero desafío; usar el Metro de Caracas se constituye en un reto épico que pone a prueba los nervios y la capacidad de aguante del más pintado. En el metro conviven la indigencia, la venta ambulante y la delincuencia como en cualquier calle de Venezuela y también allí es evidente la falta de autoridades que hagan cumplir las normas y velen por la seguridad personal de quienes en él se mueven.

Si movilizarse en las estaciones es ya complicado, una vez en los trenes, la situación empeora notablemente. Se hace patente la escasez y los altos costos de los artículos de higiene personal. Se agudizan los sentidos menos el olfato; hay que estar alertas a las manos furtivas que escudriñan con maestría en los bolsillos de los pasajeros para hacerse de un celular, de una cartera o de unos billetes en efectivo. 

El salvajismo y la violencia se hacen evidentes, todos empujan a la vez; unos para entrar, otros para salir. No importa si en este frenesí son atropellados niños, ancianos o discapacitados, el objetivo primordial es llegar no importa a quién nos llevemos por delante. Gente que se queja del Gobierno, otros, los menos toman partido por las “bondades de la revolución”. Nadie cede de buena gana un puesto, ni porque sea para una abuelita con bastón o para una mujer con ocho meses y medio de embarazo. Crisis de valores total en medio del más atroz de los hacinamientos.

El éxodo que sufre la nación también es cosa del Metro de Caracas, cada vez se ve menos personal que atienda a los usuarios, los empleados que alguna vez orgullosos portaban el uniforme de la institución, han venido siendo sustituidos gradualmente por milicianos, de los que presumo, no tienen la formación ni la preparación suficiente ni necesaria para realizar las labores de atención, guía y orientación al público. En el Metro también se privilegió la mediocridad por encima de la excelencia.

Hago hoy esta analogía, porque para quien quiera saber lo que se vive en Venezuela, una buena manera de explorar la realidad es hacer un viaje en el Metro de Caracas, desde Catia hasta Petare y en poco más de una hora sufrirá en carne propia, los daños que el populismo sin límites le hizo a Venezuela. Lo regalado terminó saliendo caro. 

En el caso que nos ocupa, cambiamos uno de los mejores sistemas de transporte del mundo por un pasaje gratis. Así, de la misma forma, nos han ido robando la calidad de vida, la idiosincrasia y los valores fundamentales, día tras día durante los últimos 20 años, con la truculenta promesa de la Venezuela potencia.

 

 

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