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Diálogo, negociación o mediación

José Manuel Rodríguez / Consultor político / @ingjosemanuel
Dos cosas quedaron claras en Oslo, una que el gobierno de Nicolás, no las tiene todas consigo y que no logró su objetivo de salir de allí, con la clásica sonrisa burlona del éxito macabro, y dos que los representantes de Guaidó no fueron a Noruega ni a vender, ni a entregar nada

“Negociemos libres de miedo. Pero no temamos negociar”. John Fitzgerald Kennedy

Diera la impresión que estamos siendo testigos de los últimos capítulos de una historia digna de ser ideada por Stephen King. De cuantos episodios más estamos hablando, pues es difícil saberlo, pero de lo que sí creo estar seguro, es que nos estamos acercando al final de esta triste narración que escriben día a día los personeros del Gobierno que encabeza Nicolás Maduro.

Estoy plenamente convencido que el logro más importante de la oposición venezolana, encabezada en estos momentos por Juan Guaidó, fue hacer, no que los ojos del mundo se posaran en Venezuela, sino que esa Comunidad Internacional que bien sabía lo que estaba sucediendo en Venezuela durante los últimos 20 años, dejara de mostrarse tibiamente preocupada y se ocupara del martirio que vive nuestra patria.

El gobierno de Maduro, atraviesa momentos muy duros, quizás los más difíciles que les ha tocado enfrentar en estos últimos 20 años. Ha perdido el control del país, no tener dominio sobre áreas estratégicas como el suministro de energía eléctrica, el agua potable y el combustible; como el haber tenido que admitir hace pocos días, por vía de sus voceros del Banco Central de Venezuela que la economía está destruida, y el silencio desconcertante acerca de la funesta crisis hospitalaria, habla claramente de los reveses que ha sufrido la revolución en estos últimos meses. 

Es un Gobierno al que el país se le ha convertido en una olla de presión con la válvula de seguridad bastante defectuosa, en que las protestas son incontabilizables y al que solo le está funcionando una institucionalidad de dudosa legitimidad, el aparato represivo y a medias un aparato comunicacional, que si bien fue muy exitoso, hoy solo llega con sus mensajes a aquellos que irracionalmente siguen el modelo y que a ojos vistas, cada día son menos.

Estas dificultades que atraviesa el gobierno madurista, los obligó a tener que asistir a la cita de Oslo y a aceptar una mediación no favorable para ellos, como hasta ahora han estado acostumbrados. Por allí no se vio la sonrisa sardónica de Zapatero, ni la presencia de Evo Morales, ni de ninguno de sus otros favorecidos “amigos” facilitadores de su ya conocida estrategia de dilación. Punto a favor de Venezuela.

Más de medio centenar de países están presionando al gobierno de Nicolás Maduro a negociar una salida por la vía pacífica, electoral, consensuada. Y es que para estas crisis donde las partes tienen posiciones irreconciliables, solo hay dos salidas posibles: la que se está tratando de agotar en Oslo o la solución final, en donde nos matamos todos para luego tener que sentarnos a conversar sobre una montaña de cadáveres.

Mucho se ha andado para llegar a Oslo. Creo que se está transitando sobre el camino correcto con pasos firmes y determinados, sin embargo la desesperación por la crisis que vivimos ha logrado que la estrategia del equipo de Maduro; de dividir las opiniones del venezolano de a pie, para frustrar las acciones de la oposición, sumada al juego de algunos sectores radicales e irracionales pero minoritarios de la oposición, que juegan a la antipolítica y a satanizar todo lo que suene a Asamblea Nacional, sin que sepamos qué aviesos intereses los mueven, cale en algunos sectores de la población y que cualquier esfuerzo desplegado por las fuerzas democráticas por buscar salidas a esta pesadilla sea objeto de inclementes ataques por las redes sociales, que parece ser el bastión de este grupete al que yo llamo los “No a Todo”.

Llegó la hora de dejarnos de pendejadas. ¿Será que alguien esperaba que el equipo de Maduro fuera a Oslo a entregar las llaves de Miraflores? Al que no le guste que la oposición busque una salida pacífica, la cual además está tratando de obligar la Comunidad Internacional, pues debe taparse la nariz y acompañar esta lucha que es de todos. ¿Cuál es el empeño ahora de esos sectores, que por minoritarios no dejan de hacer daños irreparables, por satanizar la palabra diálogo? ¿Será acaso que si se sientan a mediar se van a comunicar por señas? Que supina estupidez radicalizarse en estos momentos por formas y conceptos en vez de ir al fondo y comprender que a este Gobierno hay que enfrentarlo en todos los escenarios que plantee.

Dos cosas quedaron claras en Oslo, una que el gobierno de Nicolás, no las tiene todas consigo y que no logró su objetivo de salir de allí, con la clásica sonrisa burlona del éxito macabro, y dos que los representantes de Guaidó no fueron a Noruega ni a vender, ni a entregar nada. Acompañemos a nuestros líderes que no la han tenido fácil. 

Qué cosas no, los que gritan a voz en cuello ¡intervención!, ¡marines ya! y otras cositas más como esas, no son víctimas de persecución, cárcel ni hostigamiento, en diametral contraste a los que desde la Asamblea Nacional trabajan día a día por la liberación de Venezuela. Piénselo amigo lector, ¿no será entonces que los diputados y las acciones del equipo de Guaidó, son los que le han dado al Gobierno por debajo de la línea de flotación? No sé, vainas mías.

 

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