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Hacia la destrucción total

Emiro Albornoz León / Periodista / emiroalbornozl@gmail.com
La pavorosa hiperinflación promovida por el régimen en estas dos décadas destructivas, ha llevado a una crisis humanitaria en materia de alimentación y de salud, que ha empujado a millones de venezolanos a abandonar su patria grande, para buscar en otras latitudes el bienestar para sus familias

Venezuela marcha aceleradamente hacia la destrucción total, producto del desastre económico en que ha devenido la mal llamada revolución bolivariana, proceso iniciado por el desaparecido expresidente Hugo Chávez Frías, y exacerbado por Nicolás Maduro en estos penosos seis años de su período constitucional que culminó el 10 de enero.

La crisis social y económica que vive la gran mayoría del pueblo venezolano, no tiene parangón ni siquiera en los países que se encuentran en guerras intestinas o en aquellos que no poseen riquezas suficientes que permitan el bienestar de sus pobladores.

La pavorosa hiperinflación promovida por el régimen en estas dos décadas destructivas, ha llevado a una crisis humanitaria en materia de alimentación y de salud, que ha empujado a millones de venezolanos a abandonar su patria grande, para buscar en otras latitudes el bienestar para sus familias. Se calcula que para finales de este año unos cinco millones de venezolanos se encuentren esparcidos por diversos países del continente y de Europa. 

Es una tragedia humanitaria que exporta graves consecuencias a los países receptores, de quienes huyen del infierno rojo en que esta malhadada revolución ha convertido a un país, que a pesar de tener todavía algunas deudas sociales, a lo largo de su joven democracia de apenas 40 años, cuando llegó la marabunta revolucionaria, había logrado el crecimiento social más grande de cualquier país del hemisferio.

En Venezuela había igualdad de oportunidades para todos. Los jóvenes de más baja extracción social, podían estudiar y alcanzar niveles profesionales, que les permitían mejorar sus condiciones económicas. Eso no tiene otro nombre que crecimiento social. Con la llegada de la marabunta revolucionaria, el iniciador de la catástrofe, el engendro infernal de Sabaneta de Barinas, propalaba a todo pulmón, que las llamadas cajas CLAP ser rico era malo, pero para los pendejos, porque su familia y la camarilla gobernante sí disfrutaban de las riquezas que le expoliaban al país. Pero esa igualdad era hacia abajo, todos pobres, para ponerlos a vivir de las miserias que de vez en cuando reparten, caso concreto las llamadas cajas CLAP.                                                                            

En Venezuela, cualquier trabajador de los más bajos niveles, podía obtener el sustento alimentario de su núcleo familiar con el producto de su salario mensual, aparte de atender las necesidades de otros órdenes del núcleo familiar, como lo son: la salud, vestidos, y hasta chance para la diversión. Hoy, con la revolución el sueldo de todo un mes alcanza medianamente para un desayuno, de allí la diáspora del pueblo venezolano.

Hoy vemos un cuadro desolador y desgarrador. La destrucción del país ha alcanzado a la gallina de los huevos de oro. PDVSA produce apenas la quinta parte del petróleo que sacaba del subsuelo a la llegada de estos vándalos al poder. No hay gasolina con las consecuencias de una parálisis parcial, de las pocas actividades que aún se realizan en la destruida nación. No hay transporte público. La salud está en cuidados intensivos, empresas quebradas y más trabajadores desempleados. Centros comerciales a punto de cerrar sus puertas por la contracción económica y el escaso poder adquisitivo de los venezolanos. Es la destrucción del país, si a este régimen corrupto y disoluto no lo hacemos salir del poder los venezolanos.

 

 

 

 

 

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