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Para siempre

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
La ignorancia y la tentación totalitaria se vencen con más y mejor educación familiar y formal. Tenemos que educar para la democracia y la libertad; para formar ciudadanos que amen a su patria, a su familia y al prójimo como a sí mismos 

“El conflicto no es entre el bien y el mal solamente, sino también entre el conocimiento y la ignorancia”. Neuro J. Villalobos Rincón

La lucha desigual que se escenifica en Venezuela ha adquirido dimensiones mundiales, no solo por los intereses materiales y geoestratégicos en juego que han reavivado las pugnas entre las grandes potencias planetarias y la avidez de la chulería internacional, sino porque en el escenario de la lucha por el poder interno en nuestro país hay un enfrentamiento entre el bien y el mal; entre el conocimiento y la ignorancia; entre la verdad y el engaño.

La pelea por el cese de la usurpación, que es una de las expresiones del mal, involucra la presencia de la ambiciosa y milenaria China; al otrora poderoso Kremlin de la antigua Unión Soviética; al fanatismo religioso de Irán; a los chulos y mantenidos más hábiles de América Latina, el régimen castrocomunista; el malandraje del pillo de Nicaragua y al taimado indígena de Bolivia; el disimulo populista del mexicano y al Pilatos del Uruguay. 

Por otro lado, del lado de quienes pretenden encarnar el bien, nos topamos con la ayuda abierta y al mismo tiempo cautelosa de la gran potencia mundial, EEUU, que ha querido deslastrarse de la figura del “gendarme necesario” de años atrás; con la prudencia y paciencia secular de la Iglesia católica cristiana; con el esfuerzo y la obligada solidaridad, tanto por principios humanitarios como por la amenaza a su propia estabilidad política y económica de países circunvecinos ante la diáspora venezolana y la invasión, con complicidad interna, de fuerzas de ocupación “que contrarían los valores, principios y garantías democráticos y menoscaban los derechos humanos” del hemisferio occidental.

El grupo de las fuerzas del mal nos hace recordar al personaje de la serie de Superman, Lex Luthor. Están utilizando todo su conocimiento e inteligencia con maligna brutalidad en contra de un pueblo desarmado y agónico pero con coraje, que se resiste y lucha contra la delincuencia organizada transnacional (DOT) por lograr el cese de la usurpación y la instalación de un gobierno de transición, que nos conduzca por la ruta de un estado de bienestar y garantice la realización de unas elecciones libres, que nos permita elegir a los más capaces, a los más honestos y responsables, para que formen un gobierno decente y estable, donde la justicia, la paz, el orden y las oportunidades sean el pan nuestro de cada día.

La ignorancia y la tentación totalitaria se vencen con más y mejor educación familiar y formal. Tenemos que educar para la democracia y la libertad; para formar ciudadanos que amen a su patria, a su familia y al prójimo como a sí mismos; y si aman a Dios, que busquen alinearse en cada momento con las fuerzas del bien y nunca con las fuerzas del mal; es un mandamiento ético a cuya observación nos obliga nuestra condición humana si queremos ser verdaderamente libres, soberanos e independientes para siempre.

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