La ayuda humanitaria 

Judith Aular de Durán / Vicerrectora Académica de LUZ / judith.aular@viceacademico.luz.edu.ve
  Una ayuda humanitaria no es mendigar. Hay que reconocer que hay una situación muy fuerte en el país y solo los que vivimos aquí la estamos padeciendo.  Esto ha ocasionado una situación sin precedentes en la historia contemporánea de Venezuela y hasta en la Universidad

Hablar de ayuda humanitaria es retroceder en la historia y recordar grandes momentos por los que han pasado varios países. En primer lugar este término proviene de la creación del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja, en octubre de 1863 en Ginebra, Suiza, cuyo fundador Henry Dunant, filántropo, formado y emprendedor concebía una organización de carácter humanitario, cuyas ideas principales eran la formulación de un tratado que obligase a los ejércitos a prestar asistencia a todos los soldados heridos, principalmente en la Batalla de Solferino y la fundación de Sociedades Nacionales que ayudasen a los servicios sanitarios de los ejércitos.

En 1864, luego de la creación de la Cruz Roja, se celebra el Convenio de Ginebra, que es el origen del Derecho Internacional Humanitario, cuyo fin es evitar y limitar el sufrimiento humano en tiempos de conflictos.

La ayuda humanitaria si bien está destinada a países en guerra o que han sufrido catástrofes naturales, también se aplica a países como el nuestro que tiene más de 10 años padeciendo una crisis social, política y económica, que ha ocasionado la muerte de cientos de niños y personas por desnutrición, enfermedades que ya habían sido erradicadas años atrás como la difteria u otras atípicas como el síndrome de Guillain-Barre.

A esto se le suma la grave crisis del sector económico, donde hay una hiperinflación que parece no detenerse y que aniquila en corto tiempo los salarios de todos los trabajadores del país, imposibilitándolos para la compra de los principales productos de la cesta básica.

Diversos sectores, como el eléctrico, están en colapso por la falta de mantenimiento adecuado. Constantemente vivimos sufriendo los embates de fluctuaciones de voltaje que han dañado los principales equipos (neveras, lavadoras, aires acondicionados) de las familias zulianas y venezolanas.

Una ayuda humanitaria no es mendigar. Hay que reconocer que hay una situación muy fuerte en el país y solo los que vivimos aquí la estamos padeciendo.  Esto ha ocasionado una situación sin precedentes en la historia contemporánea de Venezuela y hasta en la Universidad, porque ha ocurrido una fuga de talentos en la Universidad del Zulia (LUZ) y en las principales universidades del país.

La diáspora que se vive en esta casa de estudios, así como en las otras, es muy grande. El personal docente, de apoyo, administrativo, obrero y también los estudiantes, se han marchado del país en la búsqueda de una mejor condición de vida.

LUZ, como alma máter de este estado y miembro de la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios (Averu),  abre sus puertas para servir como centro de distribución de la ayuda humanitaria, una vez que entre en territorio nacional.

Más allá de una posición política, hay que reaccionar a la realidad y aceptar una mano amiga que gracias a la Providencia Divina, son muchos los países que están ayudando a Venezuela a superar este episodio para que pueda levantarse como siempre ha sido: la flor del universo. Venezuela necesita la ayuda humanitaria. 

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