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La última bala

Diego Lombardi / Economista / diego.lombardi.boscan@gmail.com / @lombardidiego
El régimen verá su final, será una línea claramente divisoria la que marque el antes y el después, en cuestión de horas o minutos el monstruo dejará de existir. Pérez Jiménez tomó un avión y con él formalmente se fue la dictadura, Pinochet tuvo que ceder en una reunión y también ahí oficialmente terminó la dictadura

Henry Nicholas John Gunther, (1895 – 1918) fue el último soldado en fallecer en la Primera Guerra Mundial, murió a las 10:59 de la noche, un minuto antes que entrara en vigencia la amnistía y así tuviera lugar el final oficial de la Guerra. Con un acto administrativo se daba por terminado uno de los conflictos armados más sangrientos de la historia con alrededor de 40 millones de víctimas entre militares y civiles. Mientras algunos pocos lloraban la muerte del soldado miles de personas celebraban el fin de la guerra, cruzándose así las historias personales y sus secuelas con las celebraciones colectivas al final de una tragedia social.

Venezuela se aproxima al final de una grave crisis social y sus miles de historias personales marcadas por la tragedia. Habrá celebraciones, pero también quedarán muchas heridas abiertas. La recuperación será compleja, no solo en términos prácticos, lo será aún más en aspectos emocionales. En lo colectivo la ira y la venganza buscarán abrirse espacios, mientras que en lo personal muchos llevarán su carga en silencio. Asesinatos, torturas, humillaciones, seguirán presentes en la vida de demasiadas personas. Lo que se le hizo a la sociedad venezolana es profundo e irreversible, el bien o el mal que salga de ello está aún por definirse.

La historia está llena de circunstancias trágicas, en medio de las cuales abundan testimonios de reconciliación y perdón. Pero verlo en el cine o imaginarlo en la literatura es muy distinto a tener que vivirlo. El régimen verá su final, será una línea claramente divisoria la que marque el antes y el después, en cuestión de horas o minutos el monstruo dejará de existir. Pérez Jiménez tomó un avión y con él formalmente se fue la dictadura, Pinochet tuvo que ceder en una reunión y también ahí oficialmente terminó la dictadura. Una vez se cruce esa línea se entrará en un nuevo terreno, completamente desconocido, ese momento en el que el prisionero es libre y sale a la calle luego de dos décadas.

Será en esa nueva etapa cuando se pongan a prueba las lecciones aprendidas por los venezolanos, en ese momento después de mucho tiempo habrá la posibilidad de decidir. Las opciones son muchas, pero en esencia van entre el extremo de seguir dando vueltas en el círculo que llevó a la sociedad venezolana hasta la tragedia actual, o atreverse a romper con ese círculo, lo que requerirá un esfuerzo sin precedente y en especial mucho foco y paciencia como sociedad. A las cargas que ya existían como el personalismo, la corrupción, y otras más, ahora se suma el resentimiento y la necesidad de redención en una justicia que colinda con la venganza.

Para afrontar ese nuevo escenario hay muchas posibles lecciones aprendidas, de la misma manera como a nivel personal el individuo debe asumir su propio proceso de reflexión y aprendizajes, a nivel colectivo debe darse dicho proceso de reflexión y análisis. Ese reto parte de comprender que no hay una Venezuela, que no hubo solo una historia, que la realidad es compleja y hoy el país renace fracturado y con infinidad de realidades. Cada una de esas realidades se puede abordar desde distintas ópticas, económicas, sociales, políticas, incluso desde una perspectiva territorial. Entusiasma ver nacer una nueva etapa sin balas, aunque angustia la dura cuesta que se avecina. 

 

 

 

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