Venezuela será siempre Venezuela

José Manuel Rodríguez / Consultor político / @ingjosemanuel / josemrbconsultor@gmail.com
Venezuela no es Cuba. Por mucho que han intentado convertir a esta patria, madre de libertadores en un remedo de la isla caribeña, no lo han logrado. No pudieron llegar de facto, no la han tenido fácil, no pudieron doblegar la voluntad democrática de un pueblo

"No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura”. George Orwell

"Venezuela no es Cuba". En estos últimos 20 años escuché muchas veces esa frase que era la respuesta airada de cualquier opositor que se preciara de serlo, ante el más mínimo asomo de que lo que se cernía sobre nuestra  patria era el modelo castro-comunista por todo el medio del cañón.

Con el paso de los años la dura realidad nos fue dando, de a poco a algunos y sorpresivamente a otros, la bofetada en la cara. La revolución avanzaba a decir de ellos, a paso de vencedores; blandiendo una espada de Bolívar que caminaba por América Latina hacia un socialismo del siglo XXI que es un pasticho ideológico que al parecer solamente ellos entendían y otro grupo importante de ciudadanos, seguían ciegamente bajo la promesa vacua de una igualdad social mentirosa, sustentada en un populismo que se convirtió en mecanismo de coacción, premio o castigo; maniqueísmo puro. ¡Carajo qué cerca llegó a estar el mar de la felicidad cubano, nos bañamos en el hasta la cintura!

De todo ha pasado en estos últimos 20 años. Los ricos de antes se convirtieron en villanos, para que los nuevos ricos de camisa roja (Luis Buitrón por favor) se convirtieran en los héroes de la patria y los nuevos próceres de una revolución de izquierda tan inútil y hambre adora como todas las del siglo XX, que fueron colapsando por insostenibles y cayendo por su propio peso, una por una.

Asistimos a la destrucción del país. Vimos como acabaron con el aparato productivo, como volvieron cenizas todas las industrias básicas y tiraron al basural de la corrupción a la que fue la tercera corporación petrolera del mundo: PDVSA.

Nuevas formas de totalitarismo como había vaticinado Hannah Argent. Autoritarismo disfrazado, bajo el caótico barniz de una "democracia" precariamente sustentada en 23 elecciones, regidas por un organismo electoral absolutamente subordinado al Ejecutivo. Control total del aparato institucional, represión masiva y también selectiva, prohibido pasarse los límites del disenso, y mal visto informar veraz y oportunamente. Es decir, mejor hegemonía comunicacional que periodistas y medios libres jurungando por aquí y esculcando por allá. ¡Y que la verdad sea una sola! la de ellos.

En fin, convirtieron al país con mayor potencial de desarrollo del continente, en un reducto de hambre, miseria, enfermedad y atraso para más de 30 millones de habitantes en pro de la buena vida, la ostentación del poder, los lujos y los privilegios de una pequeña elite que trató de demoler un país, minándolo desde sus bases morales, creando el caos y anarquizando la sociedad para erigir sobre esos escombros, una utopía revolucionaria llena de nombres rimbombantes y patrióticamente socialistas, de cara a un pueblo que cada día muere de mengua por falta de alimentos, medicinas así como víctima de la inseguridad y la realidad capitalista más rancia para ellos, vista desde sus camionetas blindadas y sus mansiones del este de Caracas.

Pero también es cierta una cosa, Venezuela no es Cuba. Por mucho que han intentado convertir a esta patria, madre de libertadores en un remedo de la isla caribeña, no lo han logrado. No pudieron llegar de facto, no la han tenido fácil, no pudieron doblegar la voluntad democrática de un pueblo, que orgullosamente 20 años después que comenzara este despropósito sigue saliendo a la calle; no sin miedo, pero sí con la valentía y la gallardía de nuestros padres de la patria, a reclamar su derecho de vivir dignamente y en libertad, porque como reza un dicho popular, "lo que se hereda no se pide" y definitivamente llevamos la libertad en nuestro"Venezuela no es Cuba". En estos últimos 20 años escuché muchas veces esa frase que era la respuesta airada de cualquier opositor que se preciara de serlo, ante el más mínimo asomo de que lo que se cernía sobre nuestra  patria era el modelo castro-comunista por todo el medio del cañón.

Con el paso de los años la dura realidad nos fue dando, de a poco a algunos y sorpresivamente a otros, la bofetada en la cara. La revolución avanzaba a decir de ellos, a paso de vencedores; blandiendo una espada de Bolívar que caminaba por América Latina hacia un socialismo del siglo XXI que es un pasticho ideológico que al parecer solamente ellos entendían y otro grupo importante de ciudadanos, seguían ciegamente bajo la promesa vacua de una igualdad social mentirosa, sustentada en un populismo que se convirtió en mecanismo de coacción, premio o castigo; maniqueísmo puro. ¡Carajo qué cerca llegó a estar el mar de la felicidad cubano, nos bañamos en el hasta la cintura!

De todo ha pasado en estos últimos 20 años. Los ricos de antes se convirtieron en villanos, para que los nuevos ricos de camisa roja (Luis Buitrón por favor) se convirtieran en los héroes de la patria y los nuevos próceres de una revolución de izquierda tan inútil y hambre adora como todas las del siglo XX, que fueron colapsando por insostenibles y cayendo por su propio peso, una por una.

Asistimos a la destrucción del país. Vimos como acabaron con el aparato productivo, como volvieron cenizas todas las industrias básicas y tiraron al basural de la corrupción a la que fue la tercera corporación petrolera del mundo: PDVSA.

Nuevas formas de totalitarismo como había vaticinado Hannah Argent. Autoritarismo disfrazado, bajo el caótico barniz de una "democracia" precariamente sustentada en 23 elecciones, regidas por un organismo electoral absolutamente subordinado al Ejecutivo. Control total del aparato institucional, represión masiva y también selectiva, prohibido pasarse los límites del disenso, y mal visto informar veraz y oportunamente. Es decir, mejor hegemonía comunicacional que periodistas y medios libres jurungando por aquí y esculcando por allá. ¡Y que la verdad sea una sola! la de ellos.

En fin, convirtieron al país con mayor potencial de desarrollo del continente, en un reducto de hambre, miseria, enfermedad y atraso para más de 30 millones de habitantes en pro de la buena vida, la ostentación del poder, los lujos y los privilegios de una pequeña elite que trató de demoler un país, minándolo desde sus bases morales, creando el caos y anarquizando la sociedad para erigir sobre esos escombros, una utopía revolucionaria llena de nombres rimbombantes y patrióticamente socialistas, de cara a un pueblo que cada día muere de mengua por falta de alimentos, medicinas así como víctima de la inseguridad y la realidad capitalista más rancia para ellos, vista desde sus camionetas blindadas y sus mansiones del este de Caracas.

Pero también es cierta una cosa, Venezuela no es Cuba. Por mucho que han intentado convertir a esta patria, madre de libertadores en un remedo de la isla caribeña, no lo han logrado. No pudieron llegar de facto, no la han tenido fácil, no pudieron doblegar la voluntad democrática de un pueblo, que orgullosamente 20 años después que comenzara este despropósito sigue saliendo a la calle; no sin miedo, pero sí con la valentía y la gallardía de nuestros padres de la patria, a reclamar su derecho de vivir dignamente y en libertad, porque como reza un dicho popular, "lo que se hereda no se pide" y definitivamente llevamos la libertad en nuestro

 

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